Martes, 12 de febrero de 2008
ZENIT publica el discurso que dirigi? Benedicto XVI el s?bado, 9 de Febrero de 2008, a los participantes en el congreso internacional ?Mujer y var?n, la totalidad del humanum?, celebrado en Roma del 7 al 9 de febrero para recordar los veinte a?os de la publicaci?n de la carta apost?lica de Juan Pablo II ?Mulieris dignitatem?.


Queridos hermanos y hermanas:

Con mucho gusto os doy la bienvenida y os saludo a todos vosotros, que particip?is en el Congreso internacional sobre el tema ?Mujer y var?n, la totalidad del humanum?, organizado en el XX aniversario de la publicaci?n de la carta apost?lica ?Mulieris dignitatem?.


Saludo al se?or cardenal Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, y le doy las gracias por haber manifestado los sentimientos comunes de los presentes. Saludo al secretario el obispo Josef Clemens, a los miembros y colaboradores del dicasterio. En particular, saludo a las mujeres, que son la gran mayor?a de los presentes, y que han enriquecido con su experiencia y competencia las sesiones de trabajo del congreso.

El argumento sobre el que est?is reflexionando es de gran actualidad: desde la segunda mitad del siglo XX hasta hoy, el movimiento de valorizaci?n de la mujer en las diferentes instancias de la vida social ha suscitado innumerables reflexione y debates, y ha multiplicado muchas iniciativas que la Iglesia cat?lica ha seguido y con frecuencia acompa?ado con inter?s.

La relaci?n hombre-mujer en su respectiva especificidad, reciprocidad y complementariedad constituye, sin duda, un punto central de la ?cuesti?n antropol?gica?, tan decisiva en la cultura contempor?nea. Numerosas intervenciones y documentos pontificios han tocado la realidad emergente de la cuesti?n femenina. Me limito a recordar los publicados por mi querido predecesor, Juan Pablo II, quien en junio de 1995 quiso escribir una Carta a las mujeres, mientras que el 15 de agosto de 1988, exactamente hace veinte a?os, public? la carta apost?lica ?Mulieris dignitatem?. Este texto sobre la vocaci?n y la dignidad de la mujer, de gran riqueza teol?gica, espiritual y cultural, inspir? a su vez la Carta a los obispos de la Iglesia cat?lica sobre la colaboraci?n del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe.

En la ?Mulieris dignitatem?, Juan Pablo II quiso profundizar en las verdades antropol?gicas fundamentales del hombre y de la mujer, en la igualdad de dignidad y en la unidad de los dos, en la arraigada y profunda diversidad entre lo masculino y lo femenino, y en su vocaci?n a la reciprocidad y a la complementariedad, a la colaboraci?n y a la comuni?n (Cf. n. 6). Esta unidad dual del hombre y de la mujer se basa en el fundamento de la dignidad de toda persona, creada a imagen y semejanza de Dios, quien ?les cre? var?n y mujer? (G?nesis 1, 27), evitando tanto una uniformidad indistinta y una igualdad est?tica y empobrecedora, como una diferencia abismal y conflictiva (Cf. Juan Pablo II, Carta a las mujeres, 8).

Esta unidad de los dos lleva en s?, inscrita en los cuerpos y en las almas, la relaci?n con el otro, el amor por el otro, la comuni?n interpersonal que indica que ?en la creaci?n del hombre se da tambi?n una cierta semejanza con la comuni?n divina? (?Mulieris dignitatem?, n. 7). Por tanto, cuando el hombre o la mujer pretenden ser aut?nomos y totalmente autosuficientes, corren el riesgo de encerrarse en una autorrealizaci?n que considera como una conquista de la libertad la superaci?n de todo v?nculo natural, social o religioso, pero que en realidad les reduce a una soledad opresora. Para favorecer y apoyar la aut?ntica promoci?n de la mujer y del hombre no es posible descuidar esta realidad.

Ciertamente se necesita una renovada investigaci?n antropol?gica que, bas?ndose en la gran tradici?n cristiana, incorpore los nuevos progresos de la ciencia y las actuales sensibilidades culturales, contribuyendo de este modo a profundizar no s?lo en la identidad femenina, sino tambi?n en la masculina, que con frecuencia tambi?n es objeto de reflexiones parciales e ideol?gicas.

Ante corrientes culturales y pol?ticas que tratan de eliminar, o al menos de ofuscar y confundir, las diferencias sexuales inscritas en la naturaleza humana consider?ndolas como una construcci?n cultural, es necesario recordar el designio de Dios que ha creado al ser humano var?n y mujer, con una unidad y al mismo tiempo una diferencia originaria y complementaria. La naturaleza humana y la dimensi?n cultural se integran en un proceso amplio y complejo que constituye la formaci?n de la propia identidad, en la que ambas dimensiones, la femenina y la masculina, se corresponden y complementan.

Al inaugurar las sesiones de trabajo de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en mayo pasado en Brasil, quise recordar que todav?a hoy persiste una mentalidad machista, que ignora la novedad del cristianismo, que reconoce y proclama la igual dignidad y responsabilidad de la mujer con respecto al hombre. Hay lugares y culturas en los que la mujer es discriminada y minusvalorada s?lo por el hecho de ser mujer, en los que se recurre incluso a argumentos religiosos y a presiones familiares, sociales y culturales para defender la disparidad de los sexos, en los que se perpetran actos de violencia contra la mujer, haciendo de ella objeto de malos tratos o de abusos en la publicidad y en la industria del consumo y de la diversi?n.

Ante fen?menos tan graves y persistentes parece m?s urgente todav?a el compromiso de los cristianos para que se conviertan por doquier en promotores de una cultura que reconozca a la mujer la dignidad que le compete, en el derecho y en la realidad concreta.

Dios encomienda al hombre y a la mujer, seg?n sus peculiaridades, una vocaci?n espec?fica y una misi?n en la Iglesia y en el mundo. Pienso en estos momentos en la familia, comunidad de amor abierto a la vida, c?lula fundamental de la sociedad. En ella, la mujer y el hombre, gracias al don de la maternidad y de la paternidad, desempe?an juntos un papel insustituible en relaci?n con la vida.

Desde su concepci?n, los hijos tienen el derecho de poder contar con un padre y una madre para que les cuiden y les acompa?en en su crecimiento. El Estado, por su parte, tiene que apoyar con pol?ticas sociales adecuadas todo lo que promueve la estabilidad y la unidad del matrimonio, la dignidad y la responsabilidad de los c?nyuges, su derecho y tarea insustituible como educadores de lo hijos. Adem?s, es necesario que se le permita a la mujer colaborar en la construcci?n de la sociedad, valorando su t?pico ?genio femenino?.

Queridos hermanos y hermanas: os doy las gracias una vez m?s por vuestra visita y, deseando pleno ?xito para vuestro congreso, os aseguro un recuerdo en la oraci?n, invocando la materna intercesi?n de Mar?a para que ayude a las mujeres de nuestro tiempo a realizar su vocaci?n y su misi?n en la comunidad eclesial y civil. Con estos deseos, os imparto a cuantos est?is aqu? presentes y a vuestros seres queridos una especial bendici?n apost?lica.

[Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina

? Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 21:49  | Habla el Papa
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