Mi?rcoles, 13 de febrero de 2008
(ZENIT.org)
Como es tradicional a inicios de Cuaresma, Benedicto XVI se reuni? con los p?rrocos y el clero de la di?cesis de Roma el jueves, 7 de Febrero de 2008. El encuentro se desarroll? en forma de di?logo, entre el Santo Padre y los participantes. Proseguimos con la publicaci?n de las preguntas y de las respuestas que brind? espont?neamente el Papa.


[Padre Graziano Bonfitto, vicario parroquial de la parroquia de Ognissanti:]

Santo Padre: soy originario de un pueblo de la provincia de Foggia, San Marco in Lamis. Soy un religioso de Don Orione y sacerdote desde hace a?o y medio, actualmente vice-p?rroco en la parroquia de Ognissanti, en el barrio Appio. No le oculto mi emoci?n, y tambi?n la incre?ble alegr?a que tengo en este momento, para m? tan privilegiado. Usted es el obispo y el pastor de nuestra Iglesia diocesana, pero es siempre el Papa y por lo tanto el pastor de la Iglesia universal. Por ello la emoci?n se multiplica irremediablemente. Desear?a en primer lugar expresarle mi agradecimiento por todo lo que, d?a tras d?a, hace no s?lo por nuestra di?cesis de Roma, sino por la Iglesia entera. Sus palabras y sus gestos, sus atenciones hacia nosotros, pueblo de Dios, son signo del amor y de la cercan?a que usted alimenta por todos y cada uno. Mi apostolado sacerdotal se ejerce en particular entre los j?venes. Es precisamente en nombre de ellos que desear?a darle hoy las gracias. Mi santo fundador, san Luigi Orione, dec?a que los j?venes son el sol o la tempestad del ma?ana. Creo que en este momento hist?rico en que nos encontramos los j?venes son tanto el sol como la tempestad, no del ma?ana, sino de ahora. Los j?venes sentimos actualmente, m?s que nunca, la fuerte necesidad de tener certezas. Deseamos sinceridad, libertad, justicia, paz. Deseamos contar con personas que caminen con nosotros, que nos escuchen. Exactamente como Jes?s con los disc?pulos de Ema?s. La juventud desea personas capaces de indicar el camino de la libertad, de la responsabilidad, del amor, de la verdad. O sea, los j?venes hoy tienen una inagotable se de Cristo. Una sed de testigos gozosos que hayan encontrado a Jes?s y hayan apostado por ?l toda su existencia. Los j?venes quieren una Iglesia siempre en el terreno y cada vez m?s pr?xima a sus exigencias. La quieren presente en sus opciones de vida, aunque persista en ellos cierta sensaci?n de indiferencia respecto a la Iglesia misma. El joven busca una esperanza fidedigna -como usted escribi? en la ?ltima carta que nos dirigi? a los fieles de Roma-- para evitar vivir sin Dios. Santo Padre -perm?tame llamarle ?pap?--, qu? dif?cil es vivir en Dios, con Dios y por Dios. La juventud se siente insidiada por muchos frentes. Son tantos los falsos profetas, los vendedores de ilusiones. Demasiados los insinuadores de falsas verdades e ideales innobles. Con todo, la juventud que cree hoy, a?n sinti?ndose acorralada, est? convencida de que Dios es la esperanza que resiste a todas las desilusiones, que s?lo su amor no puede ser destruido por la muerte, aunque la mayor parte de las veces no es f?cil encontrar espacio y valor para ser testigos. ?Qu? hacer entonces? ?C?mo comportarse? ?Vale efectivamente la pena seguir apostando la propia vida por Cristo? La vida, la familia, el amor, el gozo, la justicia, el respeto de las opiniones ajenas, la libertad, la oraci?n y la caridad, ?son todav?a valores que hay que defender? La vida de los santos, que se mide por las bienaventuranzas, ?es una vida id?nea para el hombre, el joven del tercer milenio? Mil gracias por su atenci?n, por su afecto y su premura por los j?venes. La juventud est? con usted: le estima, le quiere y le escucha. Siga siempre cerca, ind?quenos cada vez con m?s fuerza la v?a que lleva a Cristo, camino, verdad y vida. Ay?denos a volar alto. Cada vez m?s alto. Y ruegue siempre por nosotros. Gracias.

[Benedicto XVI:]

Gracias por este bello testimonio de un joven sacerdote que est? con los j?venes, les acompa?a y, como ha dicho, les ayuda a caminar con Cristo, con Jes?s. ?Qu? decir? Todos sabemos lo dif?cil que es para un joven de hoy vivir como cristiano. El contexto cultural, el contexto medi?tico, aporta todo lo contrario del camino hacia Cristo. Parece precisamente que hace imposible ver a Cristo como centro de la vida y vivir la vida como Jes?s la muestra. Sin embargo, me parece tambi?n que muchos sienten cada vez m?s la insuficiencia de todas estas ofertas, de este estilo de vida que al final deja vac?o.

En este sentido me parece que justamente las lecturas de la liturgia de hoy, la del Deuteronomio (30, 15-20) y el pasaje evang?lico de Lucas (9, 22-25), responden a cuanto, en sustancia, deber?amos decir a los j?venes y siempre a nosotros mismos. Como usted ha mencionado, la sinceridad es fundamental. Los j?venes deben percibir que no decimos palabras que no vivamos nosotros mismos, sino que hablamos porque hemos encontrado y buscamos encontrar cada d?a la verdad como verdad para mi vida. S?lo si estamos en este camino, si procuramos asimilar nosotros mismos esta vida y asociar nuestra vida a la del Se?or, entonces tambi?n las palabras pueden ser cre?bles y tener una l?gica visible y convincente. Insisto: hoy ?sta es la gran regla fundamental no s?lo para la Cuaresma, sino para toda la vida cristiana: elige la vida. Ante ti tienes muerte y vida: elige la vida. Y me parece que la respuesta es natural. Son s?lo pocos los que alimentan en lo profundo una voluntad de destrucci?n, de muerte, de no querer ya la existencia, la vida, porque todo es contradictorio para ellos. Lamentablemente, en cambio, se trata de un fen?meno que se ampl?a. Con todas las contradicciones, las falsas promesas, al final la vida parece contradictoria, ya no es un don, sino una condena y as? hay quien desea m?s la muerte que la vida. Pero normalmente el hombre responde: s?, quiero la vida.

La cuesti?n sigue siendo c?mo encontrar la vida, qu? elegir, c?mo elegir la vida. Y las ofertas que normalmente se hacen las conocemos: ir a la discoteca, conseguir todo lo posible, considerar la libertad como hacer todo lo que se quiera, todo lo que se ocurra en un momento determinado. Pero sabemos en cambio -y podemos mostrarlo-- que ?ste es un camino de falsedad, porque al final no se encuentra la vida, sino realmente el abismo de la nada. Elige la vida. La misma lectura dice: Dios es tu vida, has elegido la vida y has hecho la elecci?n: Dios. Esto me parece fundamental. S?lo as? nuestro horizonte es lo suficientemente amplio y s?lo as? permanecemos en la fuente de la vida, que es m?s fuerte que la muerte, que todas las amenazas de la muerte. As? que la elecci?n fundamental es ?sta que se indica: elige a Dios. Es necesario entender que quien emprende el camino sin Dios al final se encuentra en la oscuridad, aunque pueda haber momentos en los que parezca que se ha hallado la vida.

Un paso m?s es c?mo encontrar a Dios, como elegir a Dios. Aqu? llegamos al Evangelio: Dios no es un desconocido, una hip?tesis del primer inicio del cosmos. Dios tiene carne y hueso. Es uno de nosotros. Le conocemos con su rostro, con su nombre. Es Jesucristo, quien nos habla en el Evangelio. Es hombre y es Dios. Y siendo Dios, eligi? al hombre para hacernos posible la elecci?n de Dios. As? que es necesario entrar en el conocimiento y despu?s en la amistad de Jes?s para caminar con ?l.

Considero que ?ste es el punto fundamental de nuestra atenci?n pastoral de los j?venes, para todos, pero sobre todo para los j?venes: atraer la atenci?n sobre la elecci?n de Dios, que es la vida. Sobre el hecho de que Dios existe. Y existe de modo muy concreto. Y ense?ar la amistad con Jesucristo.

Hay tambi?n un tercer paso. Esta amistad con Jes?s no es una amistad con una persona irreal, con alguien que pertenece al pasado o que est? lejos de los hombres, a la diestra de Dios. ?l est? presente en su cuerpo, que sigue siendo un cuerpo de carne y hueso: es la Iglesia, la comuni?n de la Iglesia. Debemos construir y hacer comunidades m?s accesibles que reflejen la gran comunidad de la Iglesia vital. Es un todo: la experiencia vital de la comunidad, con todas las debilidades humanas, pero sin embargo real, con un camino claro y una vida sacramental s?lida en la que podemos tocar tambi?n lo que puede parecernos tan lejano, la presencia del Se?or. De esta manera podemos igualmente aprender los mandamientos -por volver al Deuteronomio, del que part?. Porque la lectura dice: elegir a Dios quiere decir elegir seg?n su Palabra, vivir seg?n la Palabra. Por un momento esto parece casi positivista: son imperativos. Pero lo primero es el don: su amistad. Despu?s podemos entender que los indicadores del camino son explicaciones de la realidad de esta amistad nuestra.

Podemos decir que ?sta es una visi?n general, que brota del contacto con la Sagrada Escritura y la vida de la Iglesia de cada d?a. Despu?s se traduce paso a paso en los encuentros concretos con los j?venes: guiarles al di?logo con Jes?s en la oraci?n, en la lectura de la Sagrada Escritura -la lectura com?n, sobre todo, pero tambi?n personal-- y en la vida sacramental. Son todos pasos para hacer presentes estas experiencias en la vida profesional, aunque el contexto est? marcado frecuentemente por la plena ausencia de Dios y por la aparente imposibilidad de verle presente. Pero justamente entonces, a trav?s de nuestra vida y de nuestra experiencia de Dios, debemos intentar que entre en este mundo lejano de Dios la presencia de Cristo.

La sed de Dios existe. Hace poco recibi? la visita ad limina de obispos de un pa?s en el que m?s del cincuenta por ciento se declara ateo o agn?stico. Pero me dijeron: en realidad todos tienen sed de Dios. Escondidamente existe esta sed. Por ello empecemos antes nosotros, con los j?venes que podamos encontrar. Formemos comunidades en las que se refleje la Iglesia, aprendamos la amistad con Jes?s. Y as?, llenos de esta alegr?a y de esta experiencia, podemos tambi?n hoy hacer presente a Dios en este mundo nuestro.

* * *

[Don Paolo Tammi, p?rroco de San P?o X; profesor de religi?n:]

Deseo expresarle s?lo uno de los muchos agradecimientos por el esfuerzo y la pasi?n con que ha escrito su libro sobre Jes?s de Nazaret, un texto que, como usted mismo ha dicho, no es un acto de magisterio, sino fruto de su b?squeda personal del rostro de Dios. Ha contribuido a poner en el centro del cristianismo la persona de Jesucristo y con seguridad est? contribuyendo y seguir? haci?ndolo en una paciente justicia de las visiones parciales del acontecimiento cristiano, como la visi?n pol?tica en la que se desarroll? la mayor parte de mi adolescencia y la de mis coet?neos, o la moralista, demasiado insistente -en mi opini?n-- en la predicaci?n cat?lica, o finalmente la que ama definirse desmitificadora de la figura de Jesucristo, como la ciertos maestros del pensamiento laico que, con poca sorpresa, la verdad, de golpe se ocupan hoy del Fundador del cristianismo y de su aventura humana para negar su historicidad o para atribuir su divinidad a una fantas?a de la Iglesia apost?lica. Usted en cambio no deja de ense?arnos, Santidad, que Jes?s es verdaderamente todo; que de ?l, hombre y Dios, s?lo es posible enamorarse, que no es precisamente lo mismo que tener carn? de partido, suponiendo que existiera, o llenarse de ?l la boca s?lo para salvar una identidad cultural. Me limito a a?adir que en un ambiente laico como la escuela, donde las motivaciones hist?ricas y filos?ficas a favor o en contra de la religi?n obviamente tienen su leg?timo espacio, veo cada d?a a los chavales mantener una gran distancia emotiva, mientras que he visto a otros conmoverse en As?s, donde les llev? hace algunos d?as, al escuchar un apasionado testimonio de un joven fraile menor. Le pregunto: ?c?mo puede la vida de un sacerdote apasionarse cada vez m?s en lo esencial, que es el esposo Jes?s? Y tambi?n: ?en qu? se ve que un sacerdote est? enamorado de Jes?s? S? que ha respondido varias veces, pero es cierto que la respuesta puede ayudarnos a corregirnos, a retomar esperanza. Le ruego que lo haga otra vez con sus sacerdotes.


[Benedicto XVI:]

?C?mo puedo corregir a los p?rrocos, que trabajan tan bien! Podemos s?lo ayudarnos rec?procamente. As? que usted conoce este ambiente laico con distancia no s?lo intelectual, sino sobre todo emotiva de la fe. Y debemos, seg?n las circunstancias, buscar la forma de crear puentes. Me parece que las situaciones son dif?ciles, pero usted tiene raz?n. Debemos pensar siempre: qu? es lo esencial, si bien despu?s puede ser distinto el punto en el que es posible enlazar el kerigma, el contexto, el modo de actuar. Pero la cuesti?n debe ser siempre: ?qu? es esencial? ?Qu? es necesario descubrir? ?Qu? desear?a dar? Y aqu? repito siempre: lo esencial es Dios. Si no hablamos de Dios, si no se descubre a Dios, nos quedamos siempre en las cosas secundarias. Por lo tanto me parecer?a fundamental que al menos naciera la pregunta: ?existe Dios? Y ?c?mo podr?a vivir sin Dios? ?Es Dios verdaderamente una realidad importante para m??

Me sigue pareciendo impresionante que el [Concilio] Vaticano I quisiera precisamente entablar este di?logo, entender con la raz?n a Dios -si bien en la situaci?n hist?rica en la que nos encontramos necesitamos que Dios nos ayude y purifique nuestra raz?n. Me parece que ya se est? buscando responder a este desaf?o del ambiente laico respecto a Dios como la cuesti?n fundamental, y despu?s respecto a Jesucristo como la respuesta de Dios. Naturalmente dir?a que existen los preambula fidei, que tal vez constituyen el primer paso para dejar abierto el coraz?n y la mente hacia Dios: las virtudes naturales. Estos d?as he recibido la visita de un jefe de Estado, quien me dijo: no soy religioso, el fundamento de mi vida es la ?tica aristot?lica. Es ya algo muy bueno, y nos sit?a junto a santo Tom?s, en camino hacia la s?ntesis de Tom?s. Y por lo tanto puede ser ?ste un punto de contacto: aprender y hacer compresible la importancia para la convivencia humana de esta ?tica racional, que despu?s se abre interiormente -si se vive consecuentemente-- a la cuesti?n de Dios, a la responsabilidad ante Dios.

As? que me parece que, por un lado, debemos tener claro ante nosotros qu? es lo esencial que queremos y debemos transmitir a los dem?s y cu?les son los preambula en las situaciones en las que podemos dar los primeros pasos: en verdad precisamente hoy una primera educaci?n ?tica es un paso fundamental. Es lo que hizo tambi?n el cristianismo antiguo. Cipriano, por ejemplo, nos dice que antes su vida era totalmente disoluta; despu?s, viviendo en la comunidad catecumenal, aprendi? una ?tica fundamental y de tal modo se abri? el camino hacia Dios. Tambi?n san Ambrosio en la vigilia pascual dice: hasta ahora hemos hablado de la moral, ahora vayamos a los misterios. Hab?an hecho el camino de los preambula fidei con una educaci?n ?tica fundamental, que creaba la disponibilidad para comprender el misterio de Dios. Por lo tanto dir?a que tal vez debemos realizar una interacci?n entre educaci?n ?tica -hoy tan importante-- por un lado, tambi?n con su evidencia pragm?tica, y al mismo tiempo no omitir la cuesti?n de Dios. Y en este entrelazamiento de dos caminos me parece que tal vez un poco conseguimos abrirnos a ese Dios que s?lo puede dar la luz.

* * *

[Don Daniele Salera, vicario parroquial en Santa Mar?a Madre del Redentor en Tor Bella Monaca; profesor de religi?n:]

Santidad: soy don Daniele Salera, sacerdote desde hace 6 a?os, vicario parroquial en Tor Bella Monaca; all? ense?o religi?n. Al leer su carta sobre la tarea urgente de la educaci?n he tomado nota de algunos aspectos para m? significativos y de los que me gustar?a dialogar con usted. Ante todo encuentro importante su orientaci?n para la di?cesis y la ciudad. Esta distinci?n da raz?n de las distintas identidades que la componen e interpela, en la libertad a la que usted, Santidad, alude, tambi?n a los no creyentes. Desear?a transmitirle es estos pocos instantes la belleza de trabajar en la escuela con colegas que por diversos motivos ya no tienen una fe viva o no se reconocen en la Iglesia; sin embargo, me dan ejemplo en la pasi?n educativa y en la recuperaci?n de adolescentes que tienen una vida marcada por el crimen y la degradaci?n. Percibo en muchas personas con las que trabajo en Tor Bella Monaca una aut?ntica ansia misionera. Por caminos distintos, pero convergentes, luchamos contra esa crisis de esperanza que siempre se agazapa cuando, a diario, se tiene relaci?n con chavales que parecen interiormente muertos, sin deseos de futuro o tan profundamente envueltos por el mal que no logran percibir el bien que se les desea o las ocasiones de libertad y de redenci?n que en cualquier caso existen en su camino. Frente a tal emergencia humana no hay espacio para las divisiones; me repito frecuentemente una frase del Papa Roncalli, quien dec?a: ?Buscar? siempre lo que une, m?s que lo que separa?. Santidad, esta experiencia me permite vivir cotidianamente con j?venes y adultos que jam?s habr?a encontrado si me hubiera concentrado s?lo en las actividades internas de la parroquia, y observo que es cierto: muchos educadores est?n renunciando a la ?tica en nombre de una afectividad que no da certezas y crea dependencia. Otros temen defender las reglas de la convivencia civil porque piensan que aquellas no dan raz?n de las necesidades, de las dificultades y de la identidad de los j?venes. Con un eslogan, dir?a que, a nivel educativo, vivimos en una cultura del ?s?, siempre? y del ?no, jam?s?. Pero es el ?no? pronunciado con amorosa pasi?n por el hombre y su futuro el que a menudo traza la l?nea entre el bien y el mal; l?mite que en la edad evolutiva es fundamental para la construcci?n de una identidad personal s?lida. Por una parte estoy convencido de que, ante la emergencia las diversidades se aten?an, y por lo tanto en el plano educativo podemos verdaderamente encontrar una mesa com?n con quien libremente no se declara creyente en sentido propio; por otra, me pregunto, ?por qu? nosotros, Iglesia, que tanto hemos escrito, pensado y vivido acerca de la educaci?n como formaci?n en el recto uso de la libertad -como usted dice--, no logramos transmitir este objetivo educativo? ?Por qu? parecemos, en t?rmino medio, tan poco liberados y liberadores?
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[Benedicto XVI:]

Gracias por este reflejo de sus experiencias en la escuela actual, de los j?venes de hoy, tambi?n por estas preguntas de autocr?tica para nosotros. En este momento s?lo puedo confirmar que me parece muy importante que la Iglesia est? presente tambi?n en la escuela, porque una educaci?n que no es a la vez educaci?n con Dios y presencia de Dios, una educaci?n que no transmite los grandes valores ?ticos que han aparecido en la luz de Cristo, no es educaci?n. Jam?s basta una formaci?n profesional sin formaci?n del coraz?n. Y el coraz?n no puede formarse sin, al menos, el desaf?o de la presencia de Dios. Sabemos que muchos j?venes viven en ambientes, en situaciones que les hacen inaccesibles la luz y la Palabra de Dios; est?n en situaciones de vida que representan una verdadera esclavitud, no s?lo exterior, sino que provoca una esclavitud intelectual que oscurece en verdad el coraz?n y la mente. Intentemos con cuanto est? al alcance de la Iglesia ofrecerles tambi?n a ellos una posibilidad de salida. Pero, en cualquier caso, hagamos que en este variado ambiente de la escuela -donde se va desde los creyentes hasta las situaciones m?s tristes-- est? presente la Palabra de Dios. Es lo que hemos dicho de san Pablo, que quer?a hacer llegar el Evangelio a todos. Este imperativo del Se?or -el Evangelio debe ser anunciado a todos-- no es un imperativo diacr?nico, no es un imperativo continental, de que en todas las culturas se anuncie en primera l?nea; sino un imperativo interior, en el sentido de entrar en los distintos matices y dimensiones de una sociedad para hacer m?s accesible, al menos un poco, la luz del Evangelio; que se anuncie realmente a todos el Evangelio.

Y me parece tambi?n un aspecto de la formaci?n cultural hoy. Conocer qu? es la fe cristiana que ha formado este continente y que es una luz para todos los continentes. Los modos en que se puede hacer presente y accesible al m?ximo esta luz son diversos y soy consciente de que no tengo una receta para esto; pero la necesidad de ofrecerse a esta aventura, bella y dif?cil, es realmente un elemento del imperativo del Evangelio mismo. Roguemos para que el Se?or nos ayude a responder a este imperativo de hacer que llegue a todas las dimensiones de nuestra sociedad su conocimiento, el conocimiento de su rostro.

Traducci?n del original italiano por Marta Lago
Publicado por verdenaranja @ 22:20  | Habla el Papa
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