Mi?rcoles, 13 de febrero de 2008
Homil?a que pronunci? Benedicto XVI el 25 de febrero de 2008, en las v?speras de la fiesta de la Conversi?n de San Pablo, en la Bas?lica de San Pablo Extramuros, como conclusi?n de la Semana de Oraci?n para la Unidad de los Cristianos.


Queridos hermanos y hermanas:

La fiesta de la Conversi?n de San Pablo nos pone nuevamente en la presencia de este gran Ap?stol, escogido por Dios para ser su "testigo ante todos los hombres" (Hch 22, 15). Para Saulo de Tarso el momento del encuentro con Cristo resucitado en el camino de Damasco marc? el cambio decisivo de su vida. Se realiz? entonces su completa transformaci?n, una aut?ntica conversi?n espiritual. En un instante, por intervenci?n divina, el encarnizado perseguidor de la Iglesia de Dios se encontr? a s? mismo ciego, inmerso en la oscuridad, pero con el coraz?n invadido por una gran luz, que lo llevar?a en poco tiempo a ser un ardiente ap?stol del Evangelio.

San Pablo siempre tuvo la certeza de que s?lo la gracia divina hab?a podido realizar una conversi?n semejante. Cuando hab?a dado ya lo mejor de s?, dedic?ndose incansablemente a la predicaci?n del Evangelio, escribi? con renovado fervor: "He trabajado m?s que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia de Dios que est? conmigo" (1 Co 15, 10). Sin embargo, incansable como si la obra de la misi?n dependiera enteramente de sus esfuerzos, san Pablo estuvo siempre animado por la profunda convicci?n de que toda su fuerza proced?a de la gracia de Dios que actuaba en ?l.

Esta tarde, las palabras del Ap?stol sobre la relaci?n entre esfuerzo humano y gracia divina resuenan llenas de un significado muy particular. Al concluir la Semana de oraci?n por la unidad de los cristianos, somos a?n m?s conscientes de que la obra del restablecimiento de la unidad, que requiere nuestra energ?a y nuestro esfuerzo, es en cualquier caso infinitamente superior a nuestras posibilidades. La unidad con Dios y con nuestros hermanos y hermanas es un don que viene de lo alto, que brota de la comuni?n de amor entre el Padre, el Hijo y el Esp?ritu Santo, y que en ella se incrementa y se perfecciona.

No est? en nuestro poder decidir cu?ndo o c?mo se realizar? plenamente esta unidad. S?lo Dios podr? hacerlo. Como san Pablo, tambi?n nosotros ponemos nuestra esperanza y nuestra confianza "en la gracia de Dios que est? con nosotros". Queridos hermanos y hermanas, esto es lo que quiere implorar la oraci?n que elevamos juntos al Se?or, para que sea ?l quien nos ilumine y sostenga en nuestra b?squeda constante de la unidad.

As?, asume su valor m?s pleno la exhortaci?n de san Pablo a los cristianos de Tesal?nica: "Orad sin cesar" (1 Ts 5, 17), que se ha escogido como tema de la Semana de oraci?n de este a?o. El Ap?stol conoce bien a esa comunidad, nacida de su actividad misionera, y alberga grandes esperanzas respecto de ella. Conoce tanto sus m?ritos como sus debilidades. En efecto, entre sus miembros no faltan comportamientos, actitudes y debates que pueden crear tensiones y conflictos, y san Pablo interviene para ayudar a la comunidad a caminar en la unidad y en la paz.

En la conclusi?n de la carta, con una bondad casi paterna, a?ade una serie de exhortaciones muy concretas, invitando a los cristianos a fomentar la participaci?n de todos, a sostener a los d?biles, a ser pacientes, a no devolver a nadie mal por mal, a buscar siempre el bien, a estar siempre alegres y a dar gracias a Dios en toda circunstancia (cf. 1 Ts 5, 12-22). En el centro de estas exhortaciones pone el imperativo "orad sin cesar". En efecto, las dem?s recomendaciones perder?an fuerza y coherencia si no estuvieran sostenidas por la oraci?n. La unidad con Dios y con los dem?s se construye ante todo mediante una vida de oraci?n, en la b?squeda constante de la "voluntad de Dios en Cristo Jes?s con respecto a nosotros" (cf. 1 Ts 5, 18).

La invitaci?n de san Pablo a los Tesalonicenses sigue siendo siempre actual. Frente a las debilidades y los pecados que impiden a?n la comuni?n plena de los cristianos, cada una de esas exhortaciones ha mantenido su pertinencia, pero eso es verdad de modo especial para el imperativo: "orad sin cesar". ?Qu? ser?a el movimiento ecum?nico sin la oraci?n personal o com?n, para que "todos sean uno, como t?, Padre, en m? y yo en ti"? (Jn 17, 21). ?D?nde podremos encontrar el "impulso suplementario" de fe, caridad y esperanza que hoy necesita de modo particular nuestra b?squeda de la unidad?

Nuestro anhelo de unidad no deber?a limitarse a ocasiones espor?dicas, sino que ha de formar parte integrante de toda nuestra vida de oraci?n. Los art?fices de la reconciliaci?n y de la unidad en todas las ?pocas de la historia han sido hombres y mujeres formados en la palabra de Dios y en la oraci?n. Ha sido la oraci?n la que abri? el camino al movimiento ecum?nico tal como lo conocemos hoy. De hecho, desde mediados del siglo XVIII, surgieron varios movimientos de renovaci?n espiritual, deseosos de contribuir por medio de la oraci?n a la promoci?n de la unidad de los cristianos. Desde el inicio, grupos de cat?licos, animados por destacadas personalidades religiosas, participaron activamente en esas iniciativas.

La oraci?n por la unidad fue apoyada tambi?n por mis venerados predecesores, como el Papa Le?n XIII, el cual, ya en el a?o 1895, recomend? la introducci?n de una novena de oraci?n por la unidad de los cristianos. Estos esfuerzos, realizados seg?n las posibilidades de la Iglesia de ese tiempo, pretend?an hacer realidad la oraci?n pronunciada por Jes?s mismo en el Cen?culo: "Que todos sean uno" (Jn 17, 21). Por tanto, no existe un ecumenismo aut?ntico que no hunda sus ra?ces en la oraci?n.

Este a?o celebramos el centenario del "Octavario por la unidad de la Iglesia", que m?s tarde se convirti? en la "Semana de oraci?n por la unidad de los cristianos". Hace cien a?os, el padre Paul Wattson, entonces a?n ministro episcopaliano, ide? un octavario de oraci?n por la unidad, que se celebr? por primera vez en Graymoor (Nueva York) del 18 al 25 de enero de 1908. Esta tarde dirijo con gran alegr?a mi saludo al ministro general y a la delegaci?n internacional de los Hermanos y las Hermanas franciscanos del Atonement, congregaci?n fundada por el padre Paul Wattson y promotora de su herencia espiritual.

En la d?cada de 1930, el octavario de oraci?n experiment? importantes adaptaciones sobre todo por obra del abad Paul Couturier, de Lyon, tambi?n ?l gran promotor del ecumenismo espiritual. Su invitaci?n a "orar por la unidad de la Iglesia tal como Cristo la quiere y con los medios que ?l quiere", permiti? a cristianos de todas las tradiciones unirse en una sola plegaria por la unidad. Demos gracias a Dios por el gran movimiento de oraci?n que, desde hace cien a?os, acompa?a y sostiene a los creyentes en Cristo en su b?squeda de unidad. La barca del ecumenismo nunca habr?a zarpado del puerto si no hubiera sido movida por esta amplia corriente de oraci?n e impulsada por el soplo del Esp?ritu Santo.

Conjuntamente con la Semana de oraci?n, muchas comunidades religiosas y mon?sticas han invitado y ayudado a sus miembros a "orar sin cesar" por la unidad de los cristianos. En esta ocasi?n, aqu? reunidos, recordamos en particular la vida y el testimonio de sor Mar?a Gabriela de la Unidad (1914-1936), religiosa trapense del monasterio de Grottaferrata (actualmente en Vitorchiano). Cuando su superiora, animada por el abad Paul Couturier, invit? a las hermanas a orar y a entregarse por la unidad de los cristianos, sor Mar?a Gabriela se sinti? inmediatamente comprometida y no dud? en dedicar su joven existencia a esta gran causa.

Hoy mismo se cumple el vig?simo quinto aniversario de su beatificaci?n, llevada a cabo por mi predecesor el Papa Juan Pablo II. Ese acontecimiento tuvo lugar en esta bas?lica precisamente el 25 de enero de 1983, durante la celebraci?n de clausura de la Semana de oraci?n por la unidad. En su homil?a, el siervo de Dios subray? los tres elementos sobre los cuales se construye la b?squeda de la unidad: la conversi?n, la cruz y la oraci?n. Sobre estos tres elementos se apoyaron la vida y el testimonio de sor Mar?a Gabriela. Hoy como ayer, el ecumenismo tiene gran necesidad del inmenso "monasterio invisible" del que hablaba el abad Paul Couturier, es decir, de la amplia comunidad de cristianos de todas las tradiciones que, sin hacer ruido, oran y ofrecen su vida para que se realice la unidad.

Adem?s, desde hace exactamente cuarenta a?os, las comunidades cristianas de todo el mundo reciben para la Semana meditaciones y plegarias preparadas conjuntamente por la comisi?n "Fe y constituci?n" del Consejo mundial de Iglesias y por el Consejo pontificio para la promoci?n de la unidad de los cristianos. Esta feliz colaboraci?n ha permitido ampliar el vasto c?rculo de oraci?n y preparar sus contenidos de un modo m?s adecuado.

Esta tarde, saludo cordialmente al reverendo doctor Samuel Kobia, secretario general del Consejo mundial de Iglesias, que ha venido a Roma para unirse a nosotros en el centenario de la Semana de oraci?n. Me alegra la presencia de los miembros del "grupo mixto de trabajo", a quienes saludo con afecto. El grupo mixto es el instrumento de cooperaci?n entre la Iglesia cat?lica y el Consejo mundial de Iglesias en la b?squeda com?n de unidad.

Y, como cada a?o, tambi?n dirijo mi saludo fraterno a los obispos, a los sacerdotes, a los pastores de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales que tienen aqu? en Roma sus representantes. Vuestra participaci?n en esta oraci?n es manifestaci?n palpable de los v?nculos que nos unen en Cristo Jes?s: "Porque donde est?n dos o tres reunidos en mi nombre, all? estoy yo en medio de ellos" (Mt 18, 20).

En esta hist?rica bas?lica, el pr?ximo d?a 28 de junio, se inaugurar? el a?o consagrado al testimonio y a la ense?anza del ap?stol san Pablo. Que su incansable celo por construir el Cuerpo de Cristo en la unidad nos ayude a orar sin cesar por la unidad plena de todos los cristianos. Am?n.

Traducci?n del original italiano distribuida por la Santa Sede

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Publicado por verdenaranja @ 22:23  | Habla el Papa
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