Mi?rcoles, 13 de febrero de 2008
(ZENIT.org) Como es tradicional a inicios de Cuaresma, Benedicto XVI se reuni? con los p?rrocos y el clero de la di?cesis de Roma el 7 de febrero de 2008. El encuentro se desarroll? en forma de di?logo, entre el Santo Padre y los participantes. Publicamos la primera de las preguntas y respuestas que dio el Papa espont?neamente.


[Giuseppe Corona, di?cono:]

Santo Padre: desear?a expresar ante todo mi gratitud y la de mis hermanos di?conos por el ministerio que tan providencialmente la Iglesia ha retomado con el Concilio (*), ministerio que nos permite dar plena expresi?n a nuestra vocaci?n. Estamos comprometidos en una gran variedad de tareas que desarrollamos en ?mbitos muy diferentes: la familia, el trabajo, la parroquia, la sociedad, tambi?n en las misiones en ?frica y Am?rica Latina, entornos que usted ya indic? en la audiencia que nos concedi? con ocasi?n del veinticinco aniversario del diaconado romano. Ahora nuestro n?mero ha aumentado: somos 108. Y nos gustar?a que nos indicara una iniciativa pastoral que pueda convertirse en signo de una presencia m?s incisiva del diaconado permanente en la ciudad de Roma, como sucedi? en los primeros siglos de la Iglesia romana. De hecho, compartir un objetivo significativo, com?n, por un lado incrementar?a la cohesi?n de la fraternidad diaconal, por otro dar?a mayor visibilidad a nuestro servicio en esta ciudad. Le presentamos, Santo Padre, el deseo de que nos indique una iniciativa que podamos compartir en los modos y en las formas que desee se?alar. En nombre de todos los di?conos le saludo, Santo Padre, con filial afecto.

[Benedicto XVI:]

Gracias por este testimonio de uno de los m?s de cien di?conos de Roma. Desear?a tambi?n yo expresar mi alegr?a y mi gratitud al Concilio, porque repuso este importante ministerio en la Iglesia universal. Debo decir que cuando era arzobispo de Munich no encontr? tal vez m?s que a tres o cuatro di?conos y favorec? mucho este ministerio porque me parece que pertenece a la riqueza del ministerio sacramental en la Iglesia. Al mismo tiempo, puede ser igualmente un v?nculo entre el mundo laico, el mundo profesional y el mundo del ministerio sacerdotal --dado que muchos di?conos contin?an desenvolviendo sus profesiones y mantiene sus posiciones, importantes o tambi?n de vida sencilla, mientras que s?bado y domingo trabajan en la Iglesia--. De esta forma testimonian en el mundo de hoy, asimismo en el mundo laboral, la presencia de la fe, el ministerio sacramental y la dimensi?n diaconal del sacramento del Orden. Esto me parece muy importante: la visibilidad de la dimensi?n diaconal.

Naturalmente asimismo todo sacerdote sigue siendo di?cono y debe siempre pensar en esta dimensi?n, porque el Se?or mismo se hizo nuestro ministro, nuestro di?cono. Pensamos en el gesto del lavatorio de los pies, con el que expl?citamente se muestra que el Maestro, el Se?or, act?a como di?cono y quiere que cuantos le siguen sean di?conos, que desempe?en este ministerio para la humanidad, hasta el punto de ayudar tambi?n a lavar los pies ensuciados de los hombres confiados a nosotros. Esta dimensi?n me parece de gran importancia.

En esta ocasi?n traigo a la memoria --aunque a lo mejor no es inmediatamente inherente al tema-- una peque?a experiencia que apunt? Pablo VI. Cada d?a del Concilio se entroniz? el Evangelio. Y el Pont?fice dijo a los ceremonieros que una vez habr?a deseado realizar ?l mismo esta entronizaci?n del Evangelio. Le dijeron: no, ?sta es tarea de los di?conos, no del Papa. ?l escribi? en su diario: pero tambi?n yo soy di?cono, sigo siendo di?cono y desear?a tambi?n ejercer este ministerio del diaconado poniendo en el trono la Palabra de Dios. Por lo tanto esto nos concierne a todos. Los sacerdotes siguen siendo di?conos y los di?conos explicitan en la Iglesia y en el mundo esta dimensi?n diaconal de nuestro ministerio. Esta entronizaci?n lit?rgica de la Palabra de Dios cada d?a durante el Concilio era siempre para nosotros un gesto de gran importancia: nos dec?a qui?n era el verdadero Se?or de aquella asamblea, nos dec?a que sobre el trono est? la Palabra de Dios y que nosotros ejercemos el ministerio para escuchar y para interpretar, para ofrecer a los dem?s esta Palabra. Es ampliamente significativo para todo cuanto hacemos: entronizar en el mundo la Palabra de Dios, la Palabra viva, Cristo. Que realmente sea ?l quien gobierne nuestra vida personal y nuestra vida en las parroquias.

Adem?s usted me hace una pregunta que, debo decir, excede un poco mis fuerzas: cu?les ser?an las tareas propias de los di?conos en Roma. S? que el cardenal vicario conoce mucho mejor que yo las situaciones reales de la ciudad, de la comunidad diocesana de Roma. Pienso que una caracter?stica del ministerio de los di?conos es precisamente la multiplicidad de las aplicaciones del diaconado. En la Comisi?n Teol?gica Internacional, hace algunos a?os, estudiamos largamente el diaconado en la historia y tambi?n en el presente de la Iglesia. Y descubrimos justamente esto: no existe un perfil ?nico. Cu?nto se debe hacer, var?a seg?n la preparaci?n de las personas, de las situaciones en las que se encuentran. Puede haber aplicaciones y concreciones muy diferentes, siempre en comuni?n con el obispo y con la parroquia, naturalmente. En las distintas situaciones se muestran varias posibilidades, tambi?n dependiendo de la preparaci?n profesional que eventualmente tengan estos di?conos: podr?an estar comprometidos en el sector cultural, tan importante hoy, o podr?an tener una voz y un puesto significativo en el sector educativo. Pensamos este a?o precisamente en el problema de la educaci?n como central para nuestro futuro, para el futuro de la humanidad.

Ciertamente el sector de la caridad era en Roma el sector originario, porque los t?tulos presbiterales y las diacon?as eran centros de la caridad cristiana. ?ste era desde el inicio en la ciudad de Roma un sector fundamental. En mi Enc?clica Deus caritas est mostr? que no s?lo la predicaci?n y la liturgia son esenciales para la Iglesia y para el ministerio de la Iglesia, sino que lo es igualmente el servicio de la caritas --en sus m?ltiples dimensiones-- por los pobres, por los necesitados. As? que espero que en todo tiempo, en toda di?cesis, si bien con situaciones distintas, ?sta siga siendo una dimensi?n fundamental y tambi?n prioritaria para el compromiso de los di?conos, si bien no la ?nica, como nos muestra tambi?n la Iglesia primitiva, donde los siete di?conos fueron elegidos precisamente para permitir a los ap?stoles dedicarse a la oraci?n, a la liturgia, a la predicaci?n. Tambi?n despu?s Esteban se encuentra en la situaci?n de tener que predicar a los hel?nicos, a los jud?os de lengua griega, y as? se ampl?a el campo de la predicaci?n. ?l est? condicionado, digamos, por las situaciones culturales, donde tiene voz para hacer presente en dicho sector la Palabra de Dios y as? hace m?s posible la universalidad del testimonio cristiano, abriendo las puertas a san Pablo, que fue testigo de su lapidaci?n y posteriormente, en cierto sentido, su sucesor en la universalizaci?n de la Palabra de Dios. No s? si el cardenal vicario desea a?adir una palabra; yo no estoy tan pr?ximo a las situaciones concretas.

[Cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa para la di?cesis de Roma:]

Santo Padre: s?lo puedo confirmar, como usted dec?a, que tambi?n en Roma en concreto los di?conos trabajan en muchos ?mbitos, en su mayor parte en las parroquias, donde se ocupan de la pastoral de la caridad, pero por ejemplo muchos tambi?n est?n en la pastoral de la familia. Al estar casados casi todos los di?conos, preparan al matrimonio, siguen a los j?venes parejas, y labores por el estilo. Adem?s brindan una contribuci?n significativa a la pastoral sanitaria, ayudan tambi?n en el Vicariato --donde algunos trabajan-- y, como escuch? antes, en las misiones. Existe alguna presencia misionera de di?conos. Creo que, naturalmente, en el plano num?rico el compromiso de amplitud m?s relevante es en las parroquias, pero existen igualmente otros ?mbitos que se est?n abriendo y precisamente por esto tenemos ya m?s de un centenar de di?conos permanentes.


[*Ndt: de los documentos del Concilio Vaticano II, la Constituci?n Dogm?tica Lumen gentium sobre la Iglesia, firmada por Pablo VI el 21 de noviembre de 1964, establece, sobre los di?conos: ?En el grado inferior de la jerarqu?a est?n los di?conos, que reciben la imposici?n de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio. As? confortados con la gracia sacramental en comuni?n con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del di?cono, seg?n la autoridad competente se lo indicare, la administraci?n solemne del bautismo, el conservar y distribuir la Eucarist?a, el asistir en nombre de la Iglesia y bendecir los matrimonios, llevar el vi?tico a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oraci?n de los fieles, administrar los sacramentales, presidir los ritos de funerales y sepelios. Dedicados a los oficios de caridad y administraci?n, recuerden los di?conos el aviso de San Policarpo: "Misericordiosos, diligentes, procedan en su conducta conforme a la verdad del Se?or, que se hizo servidor de todos". Teniendo en cuenta que, seg?n la disciplina actualmente vigente en la Iglesia latina, en muchas regiones no hay quien f?cilmente desempe?e estas funciones tan necesarias para la vida de la Iglesia, se podr? restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente en la jerarqu?a. Tocar? a las distintas conferencias episcopales el decidir, oportuno para la atenci?n de los fieles, y en d?nde, el establecer estos di?conos. Con el consentimiento del Romano Pont?fice, este diaconado se podr? conferir a hombres de edad madura, aunque est?n casados, o tambi?n a j?venes id?neos; pero para ?stos debe mantenerse firme la ley del celibato (n.29).]

Traducci?n del original italiano por Marta Lago
Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Habla el Papa
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