Lunes, 18 de febrero de 2008

Carta semanal del Arzobispo de Valencia Don Agustín García-Gasco Vicente para el domingo 20 de Enero de 2008.

La familia, educadora de la paz
 

En la sana vida familiar se experimentan algunos de los elementos más esenciales de la paz. La familia es la primera e insustituible educadora de la paz. En su seno, los hermanos aprenden a relacionarse con justicia y amor; los padres, a ejercer la autoridad para el bien de todos y cada uno de los miembros de la familia, para el bien común familiar; los niños pequeños, los ancianos y los enfermos a recibir un servicio afectuoso que les expresa un amor de predilección; todos a ayudarse mutuamente en las necesidades y a estar dispuestos a acogerse y a perdonarse.

La familia es la célula primera y vital de la sociedad, su verdadero fundamento, ya que permite tener experiencias determinantes de paz. Así lo sentencia Benedicto XVI en su Mensaje de Paz para el año 2008. Dada la misión esencial de paz, resulta particularmente intolerable la violencia cometida dentro de la familia, contra la mujer o los hijos, sanos o enfermos, nacidos o por nacer, o contra los progenitores.

Benedicto XVI insiste en que ninguna comunidad humana puede prescindir del servicio que presta la familia.

El Santo Padre propone el lenguaje familiar como un lenguaje de paz. Se trata de la gramática que todos los niños y niñas aprenden de los gestos y de las miradas de mamá y de papá, incluso antes que de sus palabras. El don de los hijos amorosamente aceptado suscita en el ser humano un lenguaje de paz al que es necesario acudir para mantener vivo el vocabulario de la paz.

La familia tiene el deber de educar a sus miembros en la paz, en la justicia, en la libertad, en la solidaridad, en el amor. Para cumplir con este deber, la familia tiene unos derechos específicos. Los ordenamientos jurídicos han de acogerlos, respetarlos y promoverlos. La gran conquista de civilización jurídica de valor universal, la Declaración Universal de los Derechos humanos, sentencia que «la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y por el Estado».

Para que se reconozca mejor la especial dignidad jurídica de la familia, la Santa Sede ha querido publicar la Carta de los Derechos de la familia. El preámbulo señala que «los derechos de la persona, aunque expresados como derechos del individuo, tienen una dimensión fundamentalmente social que halla su expresión innata y vital en la familia». Los derechos de la familia manifiestan y explicitan la ley natural, inscrita en el corazón del ser humano y que la razón le manifiesta.

El Santo Padre advierte que la negación o restricción de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz. «Quien obstaculiza la institución familiar, aunque sea inconscientemente, hace que la paz de toda la comunidad, nacional e internacional, sea frágil porque debilita lo que, de hecho, es la primera agencia de paz».

Tenemos que ser conscientes de que «todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de la nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz».

La misión de la familia es tan esencial para el servicio de la paz que merece ser ayudada en sus necesidades: casa; trabajo de los padres y madres; reconocimiento de la actividad doméstica de los mismos; escuela para los hijos y asistencia sanitaria para todos.

El Santo Padre nos recuerda que los medios de comunicación tienen un gran potencial educativo, y por ello pueden ejercer su especial responsabilidad en la promoción del respeto por la familia, ilustrar sus esperanzas y derechos, resaltar su belleza. En cada familia hay diariamente pequeños y grandes momentos de generosidad, de entrega, de amor, de esfuerzo e incluso de heroísmo que no puede ni debe de ocultarse.

Cuando se apuesta por la familia, se robustece la paz y se hace más sólida la democracia. La libertad más alta del ser humano es la libertad para amar, que se aprende y se ejercita en la familia.

Con mi bendición y afecto,


Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios