Martes, 19 de febrero de 2008
Carlos Peinó Agrelo Peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici nos envía la siguiente información.



MANUEL APARICI

LA OBRA DE RECONCILIACIÓN Y DEL PERDÓN

 

«Repetía mucho la frase del Señor, cuando manifestaba su pena por la muchedumbre que le seguía sin comer y que andaba como ovejas sin pastor, en un momento en que, con motivo de la guerra, una parte considerable de la juventud se encontraba en los cuarteles y en las cárceles; para atenderlos tuvo especialísimo interés en organizar y desarrollar el Apostolado Castrense y el trabajo en las prisiones».

 

            Una de sus preocupaciones más grandes fue la reconstrucción espiritual de España de la postguerra. Para ello creó el Secretariado de Reconstrucción Espiritual. Su influencia fue muy importante sobre todo porque supo crear un estilo de vida cristiana en la juventud.

 

            «Su profundidad en la asidua meditación del Evangelio le daba como fruto el amor a todos realizado prácticamente en la obra de reconciliación y del perdón. Era ocupación de todos los días».

 

            «Una de las obras que animó y apoyó fue la visita a las cárceles y el trabajo apostólico con los encarcelados y familiares, la cercanía a las personas que pensaban de manera diferente, la tolerancia con personas con ideas distintas, y, como expresión de todo ello, de la caridad para con el prójimo» «pues, en su opinión, era el problema más grave en esos momentos para la juventud. Fue una labor enorme que no ha sido suficientemente apreciada, pues abarcó todas las cárceles de España y tuvo una proyección extraordinaria en todas las familias».

 

            ¿Actividades concretas?

 

            «Existía una gran colonia de presos que trabajaban en la reconstrucción del Alcázar y en la nueva construcción de la Academia de Infantería, con ellos y sus familiares hizo una impresionante labor humana, caritativa, social y apostólica que encomendó a la Acción Católica diocesana».

 

            «Es muy reveladora una anécdota que escuché en aquellos tiempos: un hombre que estaba en la cárcel escribía a su mujer: “si veis a una persona que lleva en la solapa una crucecita verde, confiad en él: lo encontraréis dispuesto a ayudaros».

            El Secretariado continuó durante el Curso 1940/1941 la labor iniciada en el anterior, despertando entre los dirigentes y socios en general el entusiasmo e interés hacia este apostolado tan necesario en las circunstancias de entonces y ahora. De todas las actividades desplegadas por él sólo nos referimos a cárceles y a suburbios.

 

            Varios Consejeros Diocesanos organizaron unos grupos de visitadores de cárceles y ayuda a sus familiares, que actuaron en las principales prisiones de España bajo la dirección de los capellanes.

 

            Por otro lado, algunas Diócesis y más concretamente la de Madrid–Alcalá, inició durante el curso el apostolado de los suburbios, consiguiendo atraer la atención de los jóvenes de centros constituidos en Parroquias de barrios ricos, hacia las gentes de los míseros barrios que rodeaban a las grandes poblaciones.

 

            Los jóvenes fueron enrolados en los grupos de vanguardia y retaguardia, actuando los primeros en ayuda de los necesitados y los segundos proporcionando a la vanguardia aquellos víveres, medicinas, resolución de asuntos, etc. necesarios para realizar su apostolado

 

            «Aunque esa actitud de curar heridas ... fue adoptada por muchos católicos en aquella época ... fue una característica muy acentuada en él, tanto de seglar como de sacerdote, y en la Juventud de Acción Católica que él inspiró ... Creo que fue uno de los elementos que configuró un modo de ser español de la posguerra, Sólo Dios sabe hasta donde esa semilla fecundó el porvenir de nuestra Patria».

 

Cerca de 10.000 muchachos se consagran especialmente al apostolado en cárceles, hospitales y suburbios (Bordón Marzo 3).

 

 


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