Martes, 19 de febrero de 2008
Carlos Peinó Agrelo Peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici nos envía la siguiente información.


MANUEL APARICI: RECORDANDO LA HISTORIA

VOCALÍA DE RECONSTRUCCIÓN ESPIRITUAL

 

«Repetía mucho la frase del Señor, cuando manifestaba su pena por la muchedumbre que le seguía sin comer y que andaba como ovejas sin pastor, en un momento en que, con motivo de la guerra, una parte considerable de la juventud se encontraba en los cuarteles y en las cárceles [1]; para atenderlos tuvo especialísimo interés en organizar y desarrollar el Apostolado Castrense y el trabajo en las prisiones, aspecto éste en el que tuve experiencia en mi demarcación de La Coruña, como fueron bautizos de adultos, apadrinados por los Coroneles de los Regimientos; y casos similares en las cárceles» [2].

            El Secretariado continuó durante el Curso 1940/1941 la labor iniciada en el anterior, despertando entre los dirigentes y socios en general el entusiasmo e interés hacia este apostolado tan necesario en las circunstancias de entonces y ahora.

            Varios Consejeros Diocesanos –entre ellos el de Palma de Mallorca– organizaron unos grupos de visitadores de cárceles y ayuda a sus familiares, que actuaron en las principales prisiones de España bajo la dirección de los capellanes.

            «[...] El nuevo presidente, José Font [...], –escribe Forteza– propuso la designación del recién llegado –repetimos– para una de las vocalías del Consejo Diocesano, la de “reconstrucción espiritual” –curioso nombre, con evidente sabor de posguerra, que casualmente expresa de forma muy gráfica la labor que a Bonnín le esperaba–» [3].

 

            Ferragut –según Bibiloni– deja la Presidencia Diocesana en julio de 1943 y entra José Font [4], año en que éste  propone a Bonnín para la Vocalía de Reconstrucción Espiritual. Sin embargo, Bibiloni escribe en otro momento que Bonnín fue designado Vocal de Reconstrucción Espiritual en noviembre de 1942, es decir meses antes de que el nuevo Presidente le propusiese para esta Vocalía [5]. ¿Cuál de las dos afirmaciones es la correcta?

 

            «Ese fue –le dice Bonnín a Eduardo Suárez– el nombre que le dieron [...]» [6].

 

            Ante todo reconocer públicamente la gran labor que ha realizado Bonnín con los presos y sus familiares como expresarle nuestro agradecimiento y gratitud.

            Seguidamente aclarar el origen de ese curioso nombre del que habla Forteza y decir quien le dio ese nombre que Bonnín desconoce: Quien se lo dio tiene nombre y apellidos: Manuel Aparici, Vocalía que creó a nivel nacional al final de la guerra [7].

 

            «Una de las preocupaciones más grandes que tuvo D. Manuel –afirma José Ángel Ayala Galán– fue la  reconstrucción espiritual de la España de la posguerra. A mí me tocó colaborar en la Vocalía que creó el Siervo de Dios con el nombre de «Reconstrucción Espiritual», dedicándose principalmente a las cárceles, presos y familiares pues, en su opinión, era el problema más grave en esos momentos para la juventud. Fue una labor enorme que no ha sido suficientemente apreciada  pues abarcó todas las cárceles de España y tuvo una proyección extraordinaria en todas las familias» [8].

            «[...] Una de las obras que animó y apoyó al final de la Guerra –declara Mons. Mauro Rubio Repullés [9]– fue la visita a las cárceles y el trabajo apostólico con los encarcelados, la cercanía a las personas que pensaban de manera diferente, la tolerancia con personas con ideas distintas [la obra de la reconciliación y del perdón, y, como expresión de todo ello, de la Caridad para con el prójimo [...]».

            «[...] Con ellos y sus familiares –dice José Díaz Rincón– hizo una impresionante labor humana, caritativa, social y apostólica [...]» [10].

            «[...] Se entregó apasionadamente a esta tarea –asegura Miguel García de Madariaga–, pues se consideraba responsable de toda la juventud española y quería hacerlo a través de la Juventud de Acción Católica [...]» [11].  «[...] Fue una tarea ardua, difícil –afirma Manuel Gómez del Río–, que requirió de D. Manuel una fortaleza, un gran esfuerzo y una continuidad que exigía grandes sacrificios. Se dedicó en cuerpo y alma a la Juventud. Y  en  esta  situación  yo  siempre  le vi  tranquilo,  optimista,  dispuesto, alegre [...]» [12].

            «Existía una gran colonia de presos que trabajaban en la reconstrucción del Alcázar y en la nueva construcción de la Academia de Infantería, con ellos y sus familiares –dice José Díaz Rincón– hizo una impresionante labor humana, caritativa, social y apostólica que encomendó a la Acción Católica diocesana» .

            «La influencia de Manuel Aparici en la reconstrucción espiritual de España en la posguerra –dice el Rvdo. D. Antonio Garrigós Meseguer– me parece muy importante. Sobre todo porque supo crear un estilo de vida cristiana en la juventud [...]. Creo que es muy reveladora una anécdota que escuché en aquellos tiempos: un hombre que estaba en la cárcel [...] escribía a su mujer: “si veis a una persona que lleva en la solapa una crucecita verde, confiad en él: lo encontraréis dispuesto a ayudaros”. Aunque esa actitud de curar heridas [...] fue adoptada por muchos católicos en aquella época [...] fue una característica muy acentuada en Manolo y en la Juventud de Acción Católica que él inspiró tanto siendo seglar, como en el puesto de Consiliario [...]. Sólo Dios sabe hasta donde esa semilla fecundó el porvenir de nuestra Patria» [13].

            «A Manolo Aparici, ciertamente, su profundidad en la asidua meditación del Evangelio –afirma Mons. Maximino Romero de Lema, Arzobispo– le daba como fruto el amor a todos realizado prácticamente en la obra de reconciliación y de perdón. ¿Actividades concretas? Era ocupación de todos los días (por los mismos años Ángel Herrera era Capellán de Cárceles)» [14].

«Recuerdo claramente -declara Alejandro Fernández Pombo- las exhortaciones que me hacía a mí y a otros jóvenes del Consejo, para practicar y vivir también sencilla y austeramente, y preocuparnos de la pobreza de los demás y tratar de remediarla. En este sentido, hacía referencias directas al mundo de los suburbios, uno de los mayores problemas de Madrid en aquella época, aconsejándonos al menos nuestra presencia allí» [15].

            Y «ponía de manifiesto la responsabilidad y riesgos que comportaba la riqueza, siguiendo plenamente el espíritu evangélico, y los ejemplos que Cristo exponía en sus parábolas», declara Miguel García de Madariaga [16].

            «Por otro lado, algunas Diócesis y más concretamente la de Madrid–Alcalá, inició durante el curso el apostolado de los suburbios, consiguiendo atraer la atención de los jóvenes de centros constituidos en Parroquias de barrios ricos, hacia las gentes de los míseros barrios que rodeaban a las grandes poblaciones» [17].

            «Los jóvenes fueron enrolados en los grupos de vanguardia y retaguardia, actuando los primeros en ayuda de los necesitados y los segundos proporcionando a la vanguardia aquellos víveres, medicinas, resolución de asuntos, etc. necesarios para realizar su apostolado» [18].

Cerca de 10.000 muchachos se consagran especialmente al apostolado en cárceles, hospitales y suburbios.



[1]  De todas las actividades desplegadas por Manuel Aparici sólo nos referimos a cárceles y a suburbios.

[2]  José Luis López Mosteiro (C.P. 406/420)

[3]  HYMC p. 21.

[4]  HCC p. 230.

[5]  HCC p. 230.

[6]  EBAC p. 37.

[7]  «Julio Masip, Presidente de la Unión Diocesana de Asturias, fue llamado por el Consejo Superior para encargarle la Vocalía de Reconstrucción Espiritual, noticia que recoge SIGNO en su número 92, de 18 de octubre de 1941» (Rvdo. D. Francisco Escobar García-Cabezo, Consiliario Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica de Asturias, «Juventudes Católicas de Asturias. Treinta Años de Historia, Oviedo». Año Santo Compostelano. 1976).

[8]  C.P. pp. 95-116.

[9]  C.P. pp. 462-482.

[10]  C.P. pp. 220-254.

[11]  C.P. pp. 183-200.

[12]  C.P. pp. 377-392.

[13]  C.P. pp. 340-351.

[14]  C.P. pp. 9814-9832.

[15]  C.P. 340-351.

[16]  C.P. 183-200.

[17]  Manuel Vigil y González. SIGNO de fecha 4 de marzo de 1950 y Memoria General del Curso 1940/1941 de la Asociación de Jóvenes de Acción Católica. Consejo Superior.

[18]  Rvdo. D. Antonio Garrigós Meseguer (C.P. 340-351)


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