Mi?rcoles, 20 de febrero de 2008

La oficina de Prensa del Obispado nos ha remitido el siguiente artículo del obispo de Tenerife Don Bernardo Álvarez Afonso.

De parte del Obispo
(Ver segunda parte)

“Séptima peregrinación a Candelaria por la paz”(I)

 

El próximo sábado 23 de febrero tendrá lugar la “Séptima peregrinación a Candelaria en oración por la paz”. Un  acto que, como siempre, lo hacemos con el fin de despertar la conciencia de todos sobre el valor de la paz (y de los peligros que la amenazan) y, al mismo tiempo, pedir a Dios que todas las personas, familias, pueblos y naciones de la Tierra disfruten de una paz estable y duradera.

Han pasado ya seis años desde que, en enero de 2002, el entonces Papa Juan Pablo II, enormemente preocupado ante un posible conflicto bélico en Irak, pidió a todos los católicos que hiciéramos encuentros de reflexión y oración a favor de la paz. Ya ese año, el último sábado de enero, organizamos en nuestra Diócesis una “peregrinación a Candelaria en oración por la paz”  uniéndonos al profundo deseo del Papa de impedir la guerra en Irak. Lamentablemente, al año siguiente, en marzo de 2003, se inició la guerra de Irak: un terrible conflicto —aún sin resolver— que está dejando tras de sí una pérdida continua de vidas humanas y una degradación cada vez mayor de las condiciones de vida para el conjunto de la población, situación que, a su vez, genera nuevos enfrentamientos —incluso entre los propios irakíes— en una espiral de violencia que no parece tener fin.

A esta —ya crónica— situación de Irak hay que unir todos los demás conflictos bélicos y acciones terroristas que perviven en diversos países de los cinco continentes (se habla de 30 conflictos armados y más de 40 grupos terroristas en activo en todo el mundo), sin olvidar, además, el peligro de nuevos conflictos por intereses de poder (ideológicos, estratégicos y económicos) y la amenaza que siempre supone para la paz la miseria y las injusticias en las que viven millones de personas. Cuando falta la justicia y el respeto a los derechos humanos es imposible la paz, pues como dice la Biblia, “la justicia y la paz se besan”  y “la paz es el fruto de la justicia”.

Este año, en consonancia con el Mensaje del Papa Benedicto XVI para la Jornada Mundial de la Paz, nuestro lema es “Familia humana, comunidad de paz”. Haciendo un parangón con la familia natural, el Papa nos recuerda que para la construcción de una  humanidad pacificada es necesario partir del hecho de que los seres humanos no formamos sólo una agrupación de ciudadanos, sino una comunidad de hermanos y hermanas, llamados a formar una gran familia sobre la base del reconocimiento de “Dios como fuente de la propia existencia y la de los demás”. Todos tenemos un “Padre común”, por eso, “los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana”. Para la consecución del ideal de la paz, el Papa considera fundamental la protección de la familia, ya que “la negación o restricción de los derechos de la familia, al oscurecer la verdad sobre el hombre, amenaza los fundamentos mismos de la paz”. La familia “es la principal «agencia» de paz”, por tanto, el debilitamiento de la institución familiar es una amenaza para la paz.

Resulta muy iluminador el Mensaje del Papa, por cuanto nos pone ante los ojos la defensa de la familia como una tarea de primer orden para construir la paz de la comunidad en todas sus dimensiones (local, nacional, internacional). La familia es una realidad que nos toca a todos muy de cerca, y en la que todos estamos insertos, por tanto, trabajando por el bien de la familia estamos trabajando por la paz. El mismo Benedicto XVI nos dice en su Mensaje algunos aspectos a tener en cuenta: “Todo lo que contribuye a debilitar la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, lo que directa o indirectamente dificulta su disponibilidad para la acogida responsable de una nueva vida, lo que se opone a su derecho de ser la primera responsable de la educación de los hijos, es un impedimento objetivo para el camino de la paz. La familia tiene necesidad de una casa, del trabajo y del debido reconocimiento de la actividad doméstica de los padres; de escuela para los hijos, de asistencia sanitaria básica para todos. Cuando la sociedad y la política no se esfuerzan en ayudar a la familia en estos campos, se privan de un recurso esencial para el servicio de la paz” (n. 5).

 

† Bernardo Álvarez Afonso

                                                                                  Obispo Nivariense


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