Jueves, 21 de febrero de 2008

La Oficina de Prensa del Obispado de Tenerife nos remite el siguiente artículo del obispo diocesano Don Bernardo Álvarez Afonso, en su segunda parte.
De parte del Obispo


(Ver primera parte)

 

 

Séptima peregrinación a Candelaria por la paz (II)

 

BERNARDO ÁLVAREZ AFONSO

 

Tal y como les anunciaba ayer, el próximo sábado 23 de febrero tendrá lugar la "Séptima peregrinación a Candelaria en oración por la paz". Este es un moti­vo suficiente para profundizar un poco más sobre esta importante cuestión. Los cristianos, como seguidores de Jesucristo, estamos llamados a "trabajar por la paz" de todas la formas posibles. Primero, siendo nosotros mismos personas pacíficas de tal modo que, en todas nuestras relaciones familiares y sociales, nunca recurramos a ninguna forma de violencia (física, verbal o moral) con­tra las personas. Para ser "constructores de la paz", ante todo, debemos ser nosotros mismos justos y honrados con los demás (sin aprovecharse ni abusar de nadie), ser responsables en nuestro trabajo, ser solidarios con los más débiles, no extorsionar ni amenazar a nadie,... Además, los cristianos debemos ser siempre "constructo­res de la paz" -orando y trabajando- para que en una hu­manidad dividida por las guerras, las enemistades y las discordias, los enemigos vuelvan a la amistad, los adver­sarios se den la mano y los pueblos busquen el común en­tendimiento. Cada vez que celebramos la Misa le pedi­mos a Dios que "nos conceda la paz y la unidad", por me-dio del sacerdote recibimos "la paz del Señor" y, tam­bién, "nos damos fraternalmente la paz" como expresión de nuestra voluntad de reconciliación y de comunión con todas las personas en la vida diaria y, al mismo tiempo, como compromiso de ser "instrumentos de paz" donde quiera que nos encontremos.

 

Sin duda, la paz entre los individuos y los pueblos, la capacidad de vivir unos con otros -aunque seamos dife­rentes- estableciendo relaciones de justicia y solidaridad, supone un esfuerzo permanente, un esfuerzo que debe comenzar por desterrar de uno mismo cualquier senti-miento de discordia y división. Y aquí es donde todos ex­perimentamos una enorme fragilidad, pues instintiva-mente somos propensos al rencor, el odio y la venganza cuando sentimos que los demás nos hacen daño. Por eso, la paz que todos deseamos, la paz del corazón que hace posible una verdadera convivencia -sin ver en los demás un rival o un peligro para mi vida- es una paz que va más allá de la ausencia de guerras o conflictos. Es una paz que los cristianos creemos que "sólo Dios nos puede dar", porque sólo El puede sanar los corazones heridos por el odio y los deseos de venganza, como rezamos en la liturgia, "con tu acción eficaz consigues, Señor, que el amor venza al odio, la venganza deje paso a la indulgen­cia, y la discordia se convierta en amor mutuo". En un mundo herido por los conflictos, la divisiones y los inte­reses egoístas, sólo Dios pues iluminar las mentes y mover las voluntades para buscar y realizar el camino que conduce a la paz.

 

Nuestra "peregrinación a Candelaria en oración por la paz" se apoya en la certeza de que la paz es posible por-que "es Dios quien nos da la paz". Como decía Juan Pa­blo II: "Con la fuerza vivificante de su gracia, Dios pue­de abrir caminos a la paz allí donde parece que sólo hay obstáculos y obstrucciones; puede reforzar y ampliar la solidaridad de la familia humana, a pesar de prolongadas historias de divisiones y de luchas" (Juan Pablo II).

 

Peregrinamos a Candelaria, en oración por la paz, el próximo 23 de febrero. Pueden unirse a nosotros todos los que quieran. Salimos a las 6 de la mañana de la igle­sia de Santo Domingo de La Laguna; a las 10'30 nos concentramos al inicio de la "avenida de las Caletillas"; a las 11.30 celebramos la Misa en la Basílica de Candelaria. Orar por la paz significa orar por el pleno desarrollo de la familia. Orar por la paz significa orar por la justicia, por un adecuado ordenamiento en la vida interna de las naciones y en las relaciones entre ellas. Quiere decir también rogar por la libertad, especialmente por la libertad religiosa, que es un derecho fundamental -humano y civil- de todo individuo y cuyo sano ejercicio contribuye enormemente a la causa de la paz en el mundo. Orar por la paz significa abrir el corazón a la acción renovadora de Dios para que haga de nosotros "instrumentos de su paz".


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