Viernes, 22 de febrero de 2008
Enviado por Carlos Peinó Agrelo Peregrino, cursillista, colaborador en la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici.



MANUEL APARICI: RECORDANDO LA HISTORIA

CONVOCATORIA DE LA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO

 

            «En aquel tiempo –le dice Bonnín a Mons. Cordes–, el Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica había sido invitado por su Presidente Nacional Manuel Aparici [...] a convocar en Santiago de Compostela a 100.000 jóvenes dispuestos a vivir en gracia de Dios en respuesta a las afirmaciones que el Papa Pío XI había hecho en la Encíclica «Con viva ansia», de 1937 [...]» [1].

 

            La convocatoria no se hizo –como afirma Bonnín– en respuesta a las afirmaciones que había hecho el Papa Pío XI en su Encíclica Mit Brennender Sorge (Con viva ansiedad) publicada el 17 de marzo de 1937 en plena guerra civil española,

            Un año antes de su publicación, el 1 de febrero de 1936 –como acabamos de ver–, el Santo Padre había dado a Manuel Aparici su bendición más paternal, amplia y generosa para la Peregrinación y el Congreso.

 

            Asimismo, le dice Bonnín a Mons. Cordes que «una delegación de jóvenes de Acción Católica fue a Roma para prometer al Santo Padre que sería España la que ofreciera aquella cristian-dad que el Papa deseaba» [2].

            La Encíclica –repetimos– fue promulgada por Pío XI en plena guerra civil española. Por tanto, de haber ido a Roma la Delegación de jóvenes de que habla Bonnín tuvo que ser en plena contienda. De ella nada sabemos y Bonnín tampoco dice en que fecha fue ni quien la formaba. ¿No se referirá a la visita que el 1 de febrero de 1936 hizo Manuel Aparici a Roma acompañado del Vocal de Peregrinaciones, Javier Aznar, para exponer al Santo Padre el proyecto de la gran peregrinación juvenil de 100.000 jóvenes a Santiago de Compostela para 1937?

            Manuel Aparici responde al llamamiento pontificio proponiendo que la peregrinación prevista a Santiago sea una llamada, una incitación para que España fuese principio de esa «Cristiandad ejemplo» para proclamarla en Santiago y convocar a los pueblos de Hispanoamérica a sumarse a tan excelsa misión.

            Puede pensarse que ¿acaso el ofrecimiento de Manuel Aparici al Papa, de hacer de las Juventudes Católicas del Mundo Hispánico un sólo apóstol, sugirió en la mente del Santo Padre la idea de una «Cristiandad ejemplar»?



[1]  SDE p. 56.

[2] SDE pp. 56 y 57.


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