Viernes, 22 de febrero de 2008
Enviado por Carlos Peinó Agrelo Peregrino, cursillista, colaborador en la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici.



MANUEL APARICI. RECORDANDO LA HISTORIA

GÉNESIS DE LA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO

 

            «Todo empezó en diciembre de 1932, en Santander, al celebrarse el II Congreso Nacional de la Juventud de Acción Católica. En este Congreso se adoptó el acuerdo  de celebrar el III Congreso Nacional, cinco años después, en Santiago de Compostela, porque 1937 sería Año Santo Jacobeo.


»En 1934  se celebra el Año Jubilar de la Redención. En el mes de marzo, 1.000 jóvenes, presididos por el Arzobispo de Toledo Primado de España y con Manuel Aparici como Vicepresidente del Consejo en funciones de Presidente, acuden en peregrinación a Roma. Su presencia en el Coliseo es –en frase de Mons. Gomá– “algo excepcional, una manifestación de espíritu cristiano verdadero”. Se ratifica la vocación peregrinante  de  la  Juventud  de  Acción  Católica  Española. Además –según afirma en su testimonio Manuel Martínez Pereiro, íntimo colaborador de Aparici y presente en aquella peregrinación–: “Los frutos obtenidos en la peregrinación a Roma movieron al Consejo Central a considerar las ventajas de la idea peregrinante e insistir en ella. El III Congreso, que, conforme a lo acordado en el II de Santander, había de celebrarse en Santiago de Compostela en 1937, Año Santo Jacobeo, era la gran oportunidad para poner en práctica aquella decisión del Consejo”. Se quería prepararlo con tiempo suficiente sobre todo en el orden espiritual porque –añade– “se aspiraba a que ante todo y sobre todo la marcha hacia Santiago significara un cambio profundo en los corazones, las almas y las conductas de los jóvenes”. Se habían descubierto dos cosas: que la práctica de la peregrinación, bien preparada y realizada, era un medio adecuado para el perfeccionamiento espiritual, y que a Santiago había que ir en verdadera peregrinación. Aparici piensa –y lo dice en su Diario– que la peregrinación a Roma había sido la primera etapa de un peregrinar espiritual a Compostela.


            »Pero la mente y el corazón de Manuel Aparici iban aún más lejos. Y arrastraba al Consejo» [1].


            En la IV Asamblea Nacional, celebrada en Cofrentes (Valencia) en 1935 [...] Manuel Aparici concibe una idea grandiosa: realizar para el verano de 1937 una gran Peregrinación a Santiago: –¡100.000 jóvenes!– [2].


            «Manuel Martínez Pereiro nos dice: “Por otra parte, iba ganando terreno la idea de avanzar tanto en intensidad como en extensión: y así se pensó primero en ampliar nuestro esfuerzo a la juventud hispanoamericana, a la que sin duda había apuntado el Apóstol al querer que sus restos mortales fuesen desde el Oriente al Finisterre del mundo entonces conocido, y después a los jóvenes europeos para que no olvidasen los viejos caminos jacobeos y preparasen la nueva Europa que no acaba de encontrar su brújula”.


            »El solo hecho –se piensa– de proponer a los Jóvenes de Acción Católica de la Hispanidad un gran ideal sería capaz de vincular en caridad a España con sus veinte hijas. Pues este Ideal era superior a las fuerzas de todos y cada uno de los pueblos por separado, pero lo que resultaba dificilísimo para cada uno de los miembros de la familia hispánica, resultaba hacedero para la Hispanidad en su conjunto. Por eso, la amplia proyección de este plan movió al Presidente a someterlo al Cardenal Arzobispo de Toledo, Primado de España, Mons. Goma, como Presidente de la Junta Suprema de la Acción Católica Española.


            »Expuesto el proyecto, en enero de 1936, a la Jerarquía española en la persona del Sr. Cardenal, éste lo recibió con entusiasmo y lo bendijo, pero les hizo ver que empresa de tal envergadura, que transcendía a las facultades de la Jerarquía de la Iglesia española, requería la aprobación y bendición del Santo Padre y les aconsejó ponerse al habla con Mons. Tedeschini, Nuncio de Su Santidad en España, quien, a su vez, aconsejó exponerlo al Santo Padre.


            »Con tal fin, el 28 de enero de 1936 Manuel Aparici, Presidente Nacional, salió para Roma acompañado de Javier Aznar, Vocal de Peregrinación del Consejo. Los recibió, el día 31, el Cardenal Pacelli, que aprueba y bendice el proyecto y les alienta en su labor en España y en la misión de la Juventud de Acción Católica Española en la tarea de la Hispanidad. Es más, les hizo ver que España tenía olvidados sus deberes de madre con los pueblos de América y Filipinas que había engendrado a la fe de Cristo, diciéndoles que las madres nunca tienen cumplida su misión; que no basta engendrar a los hijos y educarlos, sino que siempre tienen que preocuparse de que lleguen a la máxima perfección. Les prometió la más calurosa ayuda de la Santa Sede y que al día siguiente serían recibidos en audiencia por Su Santidad el Papa, que les mostraría la profunda complacencia con que veía los proyectos de la Juventud de Acción Católica de España.


            »Y el 1 de febrero de 1936 eran recibidos, en audiencia especial, por Su Santidad el Papa Pío XI –era la segunda vez que recibía a Manuel Aparici en audiencia especial–, y le expusieron el proyecto de la gran peregrinación juvenil de 100.000 jóvenes a Santiago de Compostela para 1937.

»Manuel Aparici le dice:

 

»“Las almas huyen del Señor; por todas partes la apostasía y el materialismo aumentan; allí en España tenemos un sepulcro casi olvidado entre sombras de paganía; pero él guarda los restos de un Apóstol. ¡Padre! Déjanos que convoquemos junto a sus cenizas a las Juventudes de Acción Católica de las Españas. Allí aprenderemos su lección. Y la Juventud de Acción Católica de la Hispanidad será un solo apóstol. Se llenará de tu angustia por las almas y se aplicará del todo a tu servicio”.

 

            »El Santo Padre acogió el proyecto con gran satisfacción, dándoles su bendición más paternal, amplia y generosa para la Peregrinación y el Congreso». Y la peregrinación comenzó-

»Llega el año 1937 . Es Año Santo en Compostela. La peregrinación no puede realizarse a causa de la guerra que sufre nuestra Patria. Pero se peregrina en espíritu en una y otra zona en que está dividida España. En ellos hay un solo deseo: forjar la Vanguardia de Cristiandad. Excepcionalmente, por concesión especial de la Santa Sede, el Año Santo se extiende a 1938; pero la paz sigue sin llegar.

»Entretanto, el 14 de marzo de 1937, Pío XI publica su encíclica Mit brennender Sorge. En ella pide “Una Cristiandad ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo” Estas son sus palabras: “Una Cristiandad en que todos los miembros vigilen sobre sí mismos, que deseche toda tendencia a lo puramente exterior y mundano, que se atenga seriamente a los preceptos de Dios y de la Iglesia, y se mantenga, por consiguiente, en el amor de Dios y en la solícita caridad para el prójimo, podrá y deberá ser ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo, que busca sostén y dirección, si es que no se quiere que sobrevenga una enorme catástrofe o una decadencia indescriptible”.


»La Juventud católica española, capitaneada por Manuel Aparici y peregrina en espíritu hacia Santiago, encuentra en esta llamada una aceptación de su ofrecimiento. Y responde, a su vez: La Hispanidad debe ser la Vanguardia de Cristiandad, de esa Cristiandad ejemplar que el Papa pide. Porque sólo España, junto a sus hijas, puede poner tantas almas al servicio de la Iglesia, para salvar al mundo.

»Años de guerra: años de heroísmo y de martirio. “El Ángel del Alcázar”, Antonio Rivera, se había dado a sí mismo la consigna: “¡Para Santiago, santo!”. Bajo este lema, y tras su ejemplo, miles de “Peregrinos de Santiago en los campos de batalla” (como se denominan los jóvenes encuadrados en los “Centros de Vanguardia”) y los que viven años de catacumba en los “Centros clandestinos”, caminan en espíritu a Compostela. En ellos hay un solo deseo: forjar la Vanguardia de la Cristiandad ejemplar, y una sola ilusión: la de que a España le espera un Continente “para marchar tras ella por el Camino Real de la Santa Cruz”» [3].


            «[...] A partir de entonces, al conjuro del nombre jacobeo, el ritmo de la marcha se hizo más vivo por momentos, mientras se iba perfilando el proyecto con pasión y minuciosidad. Santiago es la impaciencia y la osadía apostólica [...]. Y el Señor Santiago había quedado para siempre en tierra española hasta la resurrección de la carne [...]» [4].

 

 

 

 



[1]  De la ponencia impartida por el Rvdo. D. José Manuel de Lapuerta y Quintero: «Ideal Peregrinante y Vanguardia de Cristiandad: Unidad en la fe de los Pueblos Hispanos» en el Congreso Nacional celebrado con motivo del Centenario del Nacimiento del Siervo de Dios Manuel Aparici Navarro. Madrid, Noviembre 2003 (Libro de Actas).

[2]  Boletín de Dirigentes, julio-agosto de 1946.

[3]  De la ponencia impartida por el Rvdo. D. José Manuel de Lapuerta y Quintero: «Ideal Peregrinante y Vanguardia de Cristiandad: Unidad en la fe de los Pueblos Hispanos» en el Congreso Nacional celebrado con motivo del Centenario del Nacimiento del Siervo de Dios Manuel Aparici Navarro. Madrid, Noviembre 2003 (Libro de Actas).

[4]  Manuel Vigil y Vázquez (SIGNO de fecha 4 de mayo de 1950).


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