Viernes, 22 de febrero de 2008
Enviado por Carlos Peinó Agrelo Peregrino, cursillista, colaborador en la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici.



MANUEL APARICI. RECORDANDO LA HISTORIA

«DECIR MANUEL APARICI

 ERA DECIR JUVENTUD DE ACCIÓN CATÓLICA»

 

Si quisiéramos hacer un resumen de toda su labor al frente de la Juventud de Acción Católica tendríamos que decir que es la historia de esa Juventud en la que puso su alma y su vida [1]. Fue su artífice y sostén; porque «decir Manuel Aparici era decir Juventud de Acción Católica» [2] . En él está encerrada casi toda la historia y el espíritu de esa Juventud, «¡que él quería unida en torno al Papa y a los Obispos!» [3].

            Su figura, su vida, su obra y espiritualidad, que impresionó a quienes le conocieron, llenan una página de la historia religiosa de España en el siglo XX y le convierten en testimonio vivo y modelo ejemplar de apóstoles seglares y de sacerdotes [4].

Su vida fue muy sencilla pero intensamente vivida al servicio de Dios, de la Iglesia y del Papa, en los hermanos. «Quienes convivimos con él aquellos dramáticos años podemos testimoniar que, siguiendo a Nuestro Señor, él tenía sed de almas, viva sed de almas [...]» [5].

Comenzó desde joven a recorrer el camino de la perfección y avanzó en él con paso firme, constante y decidido, afrontando las dificultades que lleva consigo la marcha hacia la santidad. Así, un martes 3 de noviembre de 1931, anota en su Diario Espiritual: «Únicamente siendo yo santo podré santificar a los demás».


            «Treinta años al servicio de la Iglesia y del Papa, de los jóvenes y de los sacerdotes de España –escribe en SIGNO de fecha 5 de enero de 1965 el Rvdo. D. José Manuel de Córdoba [6]–. Puede que alguien dedique largas columnas a enumerar las empresas apostólicas de la Juventud de Acción Católica Española que Manuel Aparici dirigió, durante tantos años como Presidente seglar y, después de su ordenación sacerdotal, como Consiliario Nacional. Se reconocerá, yo creo, al menos después de muerto, que fue el gran constructor de los cimientos de la Acción Católica Española. Y luego, en una línea, se añadirá una coletilla: “Tras nueve años de enfermedad, murió el día 28 de agosto de 1964”.

            »Treinta años de acción pasan en un vuelo, tanto más vertiginosamente cuanto más dinámica haya sido. Pero nueve años de sufrimiento, hora tras hora, ¿se tiene bien la idea de la eternidad interminable de minutos y de cruces que supone? Esta prodigiosa actividad apostólica de una larga pasión de enfermo “porque quiso”, es tan valiosa y eficaz que, comparada con sus treinta años de acción, reducen éstos a un simple prólogo de la verdadera obra de Manuel Aparici en la Iglesia.

            »Digo “porque quiso” y me ha concedido la gracia, que ahora creo el deber participar a los demás, principalmente a los jóvenes y a los sacerdotes consiliarios, de conocer algo de lo que ha sido esta etapa decisiva de su vocación de apóstol. No quiero guardar para mí sólo este testimonio de oro de ley que he recibido. Fue un Apóstol con vocación de crucificado que él mismo pidió a Cristo como culminación de todo su apostolado en la Acción Católica, porque vivió la Acción Católica como un “brazo” de la Cruz».


            «Una vida de cruz ofrecida día a día a Dios, como víctima [7]. Hizo inmolación de sí mismo por este ideal. El P. Llanos, S.J. escribe en SIGNO: «Así como en la estampa bendita. Nos dijeron: “Hemos encontrado al Mesías”. Era como una consigna que se transmitía. Acudíamos como Natanael, como Felipe y le encontramos bajo formas diversas. Allí junto al lago. Yo, en forma de vocación y abandonando las redes; Antonio Rivera y mis hermanos en forma de martirio; Herrera, Romero de Lema y Mauro Rubio, en forma de mitra; Artajo, Ruiz Jiménez y Mariano Rubio, como camino político; Manuel Aparici, tras un sillón de enfermo y la cruz ... Todos fuimos encontrando al Mesías en aquella hora romántica, juvenil [...]» [8]. «Amarrado a un sillón y con permanentes dolores, dando consejos y testimonio» [9].


            «[...] Murió crucificado con Cristo, como el quería y pedía, apurando hasta el final las heces del cáliz amargo por sus grandes dolores físicos y morales, así como por sus tremendas pruebas y tentaciones [10], superando todo con valentía cristiana, con amor inmenso, con dignidad singular y ofreciéndolo a Dios por Cristo, lleno del Espíritu Santo, con María y los Santos, llevando consigo a todos sus hermanos los hombres, con gozo impresionante y admirable» [11].

            Falleció santamente el 28 de agosto de 1964, viernes, hacia las dos de la tarde, un día de San Agustín, que tanto citaba, justo dieciséis años después de la peregrinación a Santiago de Compostela de 1948, Año Santo Jacobeo, ideal de santidad por él propuesto a la juventud española y del mundo, cuyo recuerdo sigue vivo en la memoria de muchos.

            Una crisis cardiaca de las muchas que sufrió. No la soportó. Le administran los últimos sacramentos. Tratan de reanimarlo. Es inútil. Falló el corazón. En esos momentos estaban a su lado sus hermanos Rafael y Matilde y su primo Alfredo.


            «[...] Entregó su espíritu en las manos del Padre como un hijo chiquitín. No le ha dado tiempo a hablarnos del amor del Padre. Sus cartas hablarán por él [...]. La vida de Cristo ha matado ya su muerte y ahora vive. Y también matará nuestras muertes y viviremos con Él y con él. Hasta pronto ... en cualquier momento. Cuando hayamos cumplido “las cosas que faltan a la pasión de Cristo en nuestra carne en pro de su Cuerpo que es la Iglesia”» [12].

            «A pesar de tratarse de una muerte ya anunciada, produjo entre todos los que le conocíamos una gran consternación, de una manera unánime [...]» [13]. «Su fallecimiento fue una conmoción nacional en los ambientes de la Acción Católica [....]» [14]. «Todos sintieron su muerte y revivieron su admiración por la figura sacerdotal ejemplar que se reflejaba al exterior [...]» [15].


            «Tallado, diría yo, –dice Rvdo. D. Mariano Barriocanal– para el sacerdocio, vino a ser lo que esperaba y fuertemente anhelaba, siendo el sacerdote santo, probado en el crisol de una larga y dolorosa enfermedad, que le sirvió para inmolarse y ofrecerse a Dios como víctima de propiciación a ejemplo del Sumo Sacerdote Jesucristo, inmolado en la Cruz.

            »[...] Informes bien verídicos me aseguran  que su última enfermedad, sobre todo, fue una auténtica y verdadera inmolación sacerdotal» [16].

 

Pero ¿cuál ha sido la verdadera vida de Manual Aparici? ¿Cuál su apostolado más fecundo? ¿El de sus años de “líder” juvenil? [17]. ¿El de su callada época de seminarista? ¿El de sus difíciles tiempos de Consiliario? ¿O el de sus ocho años de agonizante?

«La  verdadera  vida  de  Manuel Aparici ha sido su muerte –escribe en ECCLESIA el Rvdo. D. Miguel Benzo, Consiliario de la Junta Nacional [18]–. Una muerte de ocho años. El incansable viajero  atado a un sillón. El apóstol impaciente, en la impotencia completa de actuar. El orador de Zaragoza y Santiago capaz apenas de una conversación, con la ayuda muchas veces de oxígeno. El enamorado de su sacerdocio, imposibilitado con frecuencia para decir Misa en su pequeño oratorio. Una muerte gustada cada vez más profunda, hora a hora en la soledad. Con él se fue uno de los hombres que más honda huella han dejado en la Acción Católica y en la Iglesia de España durante esos treinta años [de los 30 a los 60]. Nos brindó el ejemplo casi heroico, casi inimitable– de un apóstol vigoroso.


»Diariamente la muerte hacía su obra en Manuel Aparici y la vida en cuantos se acercaban a él. Porque sólo cuando ninguna fuerza humana y ninguna ilusión mantiene al hombre podemos estar seguros de que si, a pesar de todo, permanece en pie, es que el poder de Dios le sostiene.

»Todos los que seguimos trabajando, más o menos acertadamente, en esa Acción Católica a la que Manuel Aparici dio su vida, esperamos que su intercesión invisible cerca de Dios, sea aun más eficaz para el apostolado seglar español de lo que fue su presencia entusiasta entre nosotros».

 

            Al día siguiente de su muerte, Antonio García-Pablos y González Quijano, su sucesor en la Presidencia Nacional [19], escribe en el Diario YA lo siguiente bajo el título GUÍA Y EJEMPLO DE UNA GENERACIÓN:


            «Manuel Aparici ha muerto. Con él se nos va uno de los hombres que más profunda huella ha dejado en la Acción Católica y en la Iglesia de España durante los últimos treinta años.


            »Siete años de Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, vividos con una plena dedicación apostólica, le ponen en el candelero como ejemplo y guía de una promoción juvenil de más de seis mil muchachos que convencidos de haber participado en una Cruzada [20], entran en Seminarios y Noviciados dispuestos a entregarse al Señor por la renovación de la vida cristiana en España. Y muchos millares más, procedentes de ambas zonas, formados en el Ideal que Aparici y sus colaboradores habían propuesto y defendido en el periodo del 33 al 40, se asoman a las nuevas responsabilidades familiares, profesionales, sociales y políticas con el firme propósito de dar en todos los ambientes un vivo testimonio apostólico. El trabajo incansable, las dotes de organización, pero, sobre todo, la fidelidad al pensamiento pontificio y a las directrices de la Jerarquía y la profundidad de su vida sobrenatural hacen de Aparici el hermano mayor, el “Capitán de Peregrinos”, el jefe indiscutible de una generación de jóvenes que han dado a España Obispos, ministros, profesionales destacados, militantes obreros y rurales, sacerdotes y religiosos, dirigentes apostólicos que hoy actúan en primera fila en todos los sectores de la vida nacional.


            »Luego, Consiliario Nacional de la Juventud. A veces no era difícil descubrir al antiguo Presidente. Como en los últimos tiempos del jefe seglar, fácilmente se adivinaba al próximo pastor de almas. La forja de dirigentes, los cursillos, las peregrinaciones.

            »Por último, la etapa del dolor. Ocho años de penosa -de veras- enfermedad. Que ata a una butaca al apóstol incansable. Pero que desde ella ha irradiado a antiguos y nuevos sacerdotes y dirigentes seglares la doctrina y el ejemplo de una vida por completo entregada al Cristo total, Cabeza y miembros.

            »Manuel Aparici ha muerto. En un día de San Agustín, que tanto citaba. En un aniversario de la Peregrinación a Santiago, ideal de santidad por él propuesto a la juventud española y del mundo. Pero para cuantos le conocimos y tratamos, para los que trabajamos a su lado y de él tanto recibimos, será para siempre, en el sacerdocio o en el mundo, donde quiera que estemos, el acicate y el estímulo, el punto de referencia. Con el recuerdo de que en el primer lugar de la jerarquía de valores para el apóstol está la vida interior sobrenatural y el testimonio de la propia conducta. Que es lo que de verdad acerca a los alejados, convence a los que vacilan, enciende a los tibios.

            »Mientras nosotros bendecimos tu memoria, que el Señor te premie y nos alcance ser imitadores tuyos».

 

«Vivió ejemplarmente toda su vida y ésta es hoy su heroicidad en la vida –dice Mons. Maximino Romero de Lema, uno de los grandes amigos de Manuel Aparici–. Y éste es hoy su mensaje: Como seglar, un joven que se convierte a Cristo en plena juventud y que valientemente, sin temores humanos, a velas desplegadas, se empeña en vivir el Evangelio, para llevarlo a todos los jóvenes, como luz de Cristo.

»Como sacerdote un ejemplo de fe, de obediencia, de humildad, de trabajo, de transparencia, de dar su vida al prójimo y de oración que alimentaba su vida interior» [21].

 

Una vida ejemplar y luminosa, digna de imitarse. ¡Cuánto bien podría hacer, en la Iglesia de hoy, su ejemplo!

 

                Él, cursillista que va camino de los altares, si Dios quiere, Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica de España y, una vez ordenado sacerdote, Consiliario Nacional de los mismos. «Capitán de Peregrinos», título que le dieron sus amados jóvenes. Es una de las figuras más importantes de la Iglesia española en el siglo XX, humilde converso, apóstol infatigable y apóstol con vocación de crucificado, que él mismo pidió al Señor y éste le concedió; él, con su tesón, hizo revivir, y de qué modo, el Camino de Santiago; él anticipándose en muchísimas cosas al Concilio Vaticano II, dio el matiz peregrinante a esa Juventud; él fue el artífice y el alma de la magna peregrinación mundial juvenil a Santiago de Compostela el 28 de agosto de 1948; él fue el creador en 1940 de los Cursillos de Adelantados, Jefes y Guías de Peregrinos para dar base espiritual honda a los jóvenes «adelantados» camino de Santiago, y después antecedente de los Cursillos de Cristiandad, los cuales recogen entre otros muchos elementos el espíritu peregrinante de Manuel Aparici.; él fue ...


Han pasado los años. Y en quienes le conocieron y trataron, o recibieron el influjo de su apostolado, se afianza su fama de santidad, al que el cardenal D. Ángel Herrera Oria, uno de sus grandes amigos, calificó de «Coloso de Cristo, de la Iglesia y del Papa» [22].Con estas palabras del Cardenal podríamos resumir la figura de este gran apóstol de nuestro tiempo.

         
   Es, pues, un deber de justicia y de gratitud en nuestra doble  condición de peregrino y cursillista, dedicarle estas líneas, a su recuerdo y memoria.

 



[1]  A lo largo de todo el texto empleo indistintamente el yo como el plural mayestático.

Conocióa Manuel Aparici en 1935 siendo éste Presidente del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica. Él era miembro del Consejo Diocesano de Madrid-Alcalá. En julio de 1936 Manuel Aparici le nombró Delegado del Consejo Superior en los Cursos de verano que se celebraran en el Colegio Cántabro de Santander. Director de SIGNO, testigo en su Causa de Canonización, etc. (C.P. pp. 9886-9893).

[2]  SIGNO de fecha 17 de noviembre de 1948.

[3]  Mons. Maximino Romero de Lema (C.P. pp. 9814-9832).

Entrañable amigo. Estrecho colaborador de Manuel Aparici y testigo en su Causa de Canonización, a quien conoció siendo él Presidente de la Junta Diocesana de la Juventud de Acción Católica de Santiago de Compostela, y más directamente en 1933. Este año es llamado al Consejo Nacional de la Juventud de Acción Católica como Vocal de Piedad, siendo Vicepresidente Manuel Aparici. Su trato fue de amistad y de mutua confianza. Duró toda la vida. El día de su muerte, D. Maximino rezó el rosario en casa del finado y presidió su funeral de «corpore in sepulto»; era el primer funeral que celebrada como Obispo., etc. Participó en el Cursillo de Adelantado de Peregrinos celebrado en 1940 en La Coruña dirigido por Manuel Aparici. Memorable Cursillo ... Algo inolvidable (José Luis López Mosteiro, testigo. C.P. pp. 406-420).

José Luis López Mosteiro conoció a Manuel Aparici en 1937. Perteneció a la Acción Católica desde muy joven (tenía 15 años) llegando a ocupar altos cargos en la misma y otros muchos fuera de ella. Cursillista de Adelantado de Peregrinos en 1940, en memorable cursillo dirigido por Manuel Aparici en La Coruña ... Algo inolvidable. Ha sido testigo en su Causa de Canonización, etc. (C.P. pp. 406-420).

[4]  Dado que en la página web de la Asociación de Peregrinos de la Iglesia está la voz de Manuel Aparici, Ese joven es ..., su Biografía, Testamento Espiritual y otras muchas publicaciones tales como Manuel Aparici: La Acción Católica y el Apostolado Seglar, Manuel Aparici: Periodista y Orador, Manuel Aparici y la Eucaristía, Manuel Aparici y los Cursillos de Cristiandad, El Ideal Peregrinante, Juventud Obrera, Causa de Canonización, Centenario, etc., que recomendamos al lector, nos vamos a limitar a ofrecer unas pinceladas sobre su figura, su vida y su obra tomadas de la misma no siempre referenciadas explícitamente.

[5]  Manuel Vigil y Vázquez

Conoció a Manuel Aparici en 1935 siendo éste Presidente del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica. Él era miembro del Consejo Diocesano de Madrid-Alcalá. En julio de 1936 Manuel Aparici le nombró Delegado del Consejo Superior en los Cursos de verano que se celebraran en el Colegio Cántabro de Santander. Director de SIGNO, testigo en su Causa de Canonización, etc. (C.P. pp. 9886-9893).

[6]  Gran amigo de Manuel Aparici y dirigido suyo. Siendo seglar fue miembro del I Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica constituido en 1940. Manuel Aparici, a pesar de contar ya con 37 años, continuaba de Presidente Nacional por decisión expresa de la Jerarquía. «En esta Mesa del Consejo nos sentábamos –afirma– ... los miembros del Consejo ...  y sus colaboradores. Que yo sepa, dos o tres han llegado a ministros, varios a Directores Generales, etc. ... Yo estaba allí inmerecidamente, entre aquellos muchachos de extraordinaria valía, gracias al afecto personal del Presidente Manuel Aparici» (SIGNO de fecha 28 de marzo de 1959).

[7]  Mons. Ricardo Blanco, Obispo Auxiliar de Madrid-Alcalá, al glosar la personalidad de Manuel Aparici la evocó en tres facetas: «humilde converso», «apóstol infatigable» y «gran víctima». Conoció y trató íntimamente al Siervo de Dios. Testigo muy cualificado según el Rvdo. D. José Manuel de Lapuerta y Quintero, también testigo, Párroco de Santa María Magdalena, de Madrid, Consiliario de la Unión Española de Hermandades Profesionales y de la Asociación de Peregrinos de la Iglesia, etc. (C.P. pp. 45-47).

Siendo sacerdote, el Sr. Obispo participó en el Cursillo de Adelantado de Peregrinos celebrado en 1940 en La Coruña dirigido por Manuel Aparici. Memorable Cursillo ... Algo inolvidable (José Luis López Mosteiro, testigo. C.P. pp. 406-420).

[8]  SIGNO de fecha 5 de enero de 1965.

[9]  Alejandro Fernández Pombo (C.P. p. 9458).

Ha pertenecido a la Acción Católica desde su adolescencia formando parte de los Consejos Parroquiales, Diocesano y Nacional. Conoció a Manuel Aparici desde entonces, indirectamente a través de SIGNO. Lo trató personalmente por vez primera en los años 50 siendo ya Consiliario Nacional de los Jóvenes de Acción Católica. En 1955 y a partir de esta fecha, como colaborador del Consejo Superior y Director del Diario YA y de SIGNO. Visitaba con frecuencia a Manuel Aparici cuando éste ya no podía salir de casa y muchas noches las pasaba con él, noches que tenía que pasarlas en vela por prescripción facultativa. Su amistad fue frecuente, espiritualmente íntima hasta su muerte. Además ha sido testigo en su Causa de Canonización, etc. (C.P. pp. 166-182).

[10]  «Cristo, en la tentación –decía Manuel Aparici–, no dobló su rodilla ante Satanás; pero, en el Cenáculo, ante Judas (que tenía a Satanás en el corazón) la dobló para ganar aquella alma» (Mons. Jesús Espinosa Rodríguez. C.P. pp. 9839-9843)-

[11]  José Díaz Rincón

Pertenece a la Acción Católica desde que cumplió los dieciséis años: Presidente Parroquial. Fundador y Presidente del Centro de Tropa, para soldados de Acción Católica, de 1951 a 1953 en la Academia de Infantería de Toledo, donde hizo el servicio militar; Presidente Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica de Toledo de 1954 a 1957. En esos años colaboró mucho con el Consejo Superior especialmente en los Cursillos de Cristiandad siendo Consiliario el Siervo de Dios. Presidente Diocesano del reciente Movimiento Rural de Adultos de Acción Católica de 1958 a 1969. Presidente Nacional del Movimiento Rural de Adultos de 1969 a 1977; Vicepresidente de la Federación Internacional de Movimientos de Adultos Rurales Católicos de 1972 a 1978. Miembro del Pontificio Consejo para los Laicos en Roma de 1984 a 1990. En la actualidad colabora con la Comisión Diocesana en el Movimiento de Acción Católica General y en diversas estructuras pastorales de su propia Diócesis. Conoció al Siervo de Dios cuando tenía 19 años y era Presidente de Centro. Le trató hasta su muerte, o sea, 15 años y 6 meses muy intensos en la vida del Siervo de Dios y en la suya. El trato puede calificarse de muy asiduo, intenso, espiritual y apostólica, sobre todo a partir de las vísperas de Navidad de 1953. Fue su director espiritual desde mayo de 1954 hasta el día de su muerte. Al final, el Siervo de Dios le pidió  que se dirigiese con D. José Rivera Ramírez, hermano de «El Ángel del Alcázar», diciéndole: «Pepe está criado a mis pechos, aunque tú casi no le conoces ten confianza absoluta en él, es un sacerdote muy joven y muy santo». Cada día este singular sacerdote ejercía una fuerza y atracción más poderosa en él. Ha sido testigo en su Causa de Canonización, etc. (C.P. pp. 220-254).

[12]  Rvdo. D. José Manuel de Córdoba (SIGNO de fecha 5 de enero de 1965).

[13]  Alejandro Fernández Pombo (C.P. pp 166-182).

[14]  José María Máiz Bermejo

Formó parte de la Acción Católica desde su juventud. Conoció a Manuel Aparici a principios del año 1938 y lo trató hasta su muerte. Dirigente del Consejo Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica de Santiago de Compostela, siendo Presidente Nacional Manuel Aparici. Colaboró con él en el Consejo Superior. Como médico cirujano operó al Siervo de Dios y como tal le trató en más de una ocasión incluso estando ya gravemente enfermo. Ha sido testigo en su Causa de Canonización. Manuel Aparici le impuso el crucifijo de Propagandistas del Consejo Superior, etc. (C.P. pp. 82-94).

[15]  Mons. José Cerviño y Cerviño

Conoció al Siervo de Dios cuando ambos estudiaban en la Universidad Pontificia de Salamanca. Tenía el testigo 27 años. Le trató durante tres años aproximadamente: los dos primeros personalmente, en el Colegio Mayor Sacerdotal «Jaime Balmes». El último, por carta. El trato era bastante íntimo, la coincidencia en querer vivir a fondo el espíritu sacerdotal. La interrupción de estos contactos se debió a la distancia geográfica y a los compromisos pastorales respectivos. Durante su estancia en el citado Colegio Mayor procuraron dar vida a la Academia «Juan de Ávila» para su formación espiritual y pastoral, incluso utilizaron como lema el «pro eis» evangélico, para expresar su preocupación por los sacerdotes. Este lema pasó más tarde a ser el de su escudo episcopal. Se debió, en gran parte, al influjo que ejerció sobre él aquella experiencia de vida sacerdotal orientada por el Siervo de Dios. Ha confiado en su valimiento por su santificación y su labor apostólica. Lo ha tenido en su vida como modelo de entrega al Señor y a los hermanos (C.P. pp 449-461).

[16]  Conoció personalmente al Siervo de Dios en los días de la guerra con motivo de su estancia en Burgos; antes sólo por referencia. Le trató frecuentemente y conversó con él sobre temas de apostolado. Consiliario de la Federación de Estudiantes Católicos, cuya finalidad y misión apostólica coincidía con los fines y objetivos de los Jóvenes de Acción Católica. Hospedado el Siervo de Dios en uno de los pisos donde vivía él, el subía a comer en la misma mesa en que lo hacía el testigo. Estas circunstancias le dieron ocasión para tratar al Siervo de Dios con alguna intimidad y conocer su fondo espiritual y sus afanes apostólicos (C.P. 9844-9845).

[17]  Bonnín le reconoce a Eduardo Suárez del Real en «Eduardo Bonnín un aprendiz de cristiano», p. 23, segunda edición revisada: marzo de 2002 (en adelante EBAC) que hacen faltan líderes cristianos «que se tomen en serio y se empleen a fondo para posibilitar lo cristiano en la vida» (EBAC p. 53). Sin embargo, cuando aquél le califica de líder de un movimiento, le contesta: «[...] yo no me considero un líder. Eso de subyugar, de mandar, de electrizar o de fanatizar no va conmigo [...]» (EBAC p. 110). No obstante, Bibiloni dice de él que «[...] era mirado como líder del grupo [...] (EBAC p. 176).

Este libro, como el de Francisco Forteza, «Historia y memoria de Cursillos», primera edición, febrero del 1992, edición digital, agosto 2000 puesta en Internet, y desde 2202 forma parte, como aquél, de la Colección: CURSILLOS DE CRISTIANDAD. Dirección: Jesús R. Valls. FUNDACIÓN DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD. LIBROS LIBRES. Son publicaciones de la Fundación Bonnín Aguilar. «Tal como yo lo veo –nos decía Ismael Sahún, administrador de la página web Cursillos y Cursillistas y de la Fundación, libros, por su E-Mail de fecha 3 de enero de 2207–, estos libros están supervisados cuando no escritos, por Eduardo Bonnín [...]».

También forma parte de la misma Colección el libro de Guillermo Bibiloni «Historia de los Cursillos de Cristiandad. Mallorca 1944-2001» (en adelante HCC), primera edición abril 2002.

[18]  De fecha 5 de septiembre de 1964 (C.P. p. 9190).

Tenía una relación muy estrecha con Manuel Aparici (declara el Obispo de Salamanca Mons. Mauro Rubio Repullés, testigo: C.P. pp. 462-482). Muy buen amigo. Maestro de ceremonia en la primera Misa del Siervo de Dios. Asistió a su funeral. Siendo seglar como Manuel Aparici intervino con él en el Cursillo de Adelantados de Peregrinos celebrado en La Coruña en 1.940, año de su creación por el Siervo de Dios. Memorable Cursillo ... Algo inolvidable (declara José Luis López Mosteiro, testigo. C.P. pp. 406-420). Fueron compañeros en el Seminario (declara José María Máiz Bermejo, testigo: C.P. pp. 82-94). Manuel Aparici promovió su nombramiento para Consiliario Nacional de las Juventudes Universitarias, etc. (declara Salvador Sánchez Terán, testigo: C.P. pp. 269-282).

Mons. Mauro Rubio conoció a Manuel Aparici en 1939. Le trató desde este momento hasta su muerte en 1964. El trato fue asiduo, amigable e incluso, espiritual; trato que nunca se debilitó. Estudiaron los dos en el Seminario de Madrid. Fueron condiscípulos durante seis años, pero Manuel Aparici se ordenó un año antes. Fue subdiácono en la primera Misa del Siervo de Dios. Éste promovió su nombramiento para las Juventudes Obreras, sustituyendo más tarde a Manuel Aparici en la Consilaría Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, por grave enfermedad. Era el año 1960. Tan pronto conoció su muerte vino corriendo de Salamanca a casa del finado y asistió a su funeral oficiado por D. Maximino. Fue testigo en su Causa de Canonización, etc. (C. P. 462-482).

Salvador Sánchez Terán ingresó en la Acción Católica en 1950. Conoció a Manuel Aparici en 1955, y unos meses después, en 1956, se incorporó al Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica primero como colaborador y luego como Director del Secretariado de Cursillos de Cristiandad llegando a Presidente Nacional en 1959 siendo Consiliario Manuel Aparici. Su trato con él fue asiduo, visitándole incluso con frecuencia cuando cayó enfermo. Ha sido testigo en su Causa de Canonización, etc. (C.P. pp. 269-282).

[19]  Íntimo amigo a quien Manuel Aparici hizo entrega de su Testamento Espiritual, que el testigo calificó de «documento capital, que para él es una reliquia. Se trata de un cuaderno manuscrito en el que el Siervo de Dios le dio sus consejos al sucederle en la Presidencia Nacional de la Juventud de Acción Católica. Quizá sea uno de los documentos más reveladores de la grandeza de su alma», dice el testigo (C.P. p. 362). «El contenido de este Testamento -afirman por su parte los Peritos Teólogos en su Informe (C.P. pp. 9639-9784)- es un verdadero privilegio para quien fue dirigido; demuestra la sabiduría, experiencia, y exquisita fundamentación teológica y moral del pensamiento de Manuel Aparici con una proyección de futuro, digna de tenerse en cuenta para todos quienes en el peregrinar de la vida tenemos que guiarnos por los sabios y sensatos consejos de vida y amor aplicados a la Nueva Evangelización (C.P. p. 362). Participó en el Cursillo de Adelantado de Peregrinos celebrado en 1940 en La Coruña dirigido por Manuel Aparici ... ... Algo inolvidable (José Luis López Mosteiro, testigo C.P. pp. 406-420).

[20]  «El sentido de Cruzada era el de Manuel Aparici, de sed de almas para Cristo» (Manuel Vigil y Vázquez. C.P. pp. 9886-9893).

[21]  C.P. 9814-9832.

«[...] El primero de una generación de sacerdotes, la generación de Aparici, que pasó de la Juventud de Acción Católica al seminario, como Benzo, Rubio, Córdoba, Llanos, Campmany y tantas otros» (Alejandro Fernández Pombo. Su escrito del 15 de marzo de 2004).

[22]  Mons. Mauro Rubio Repullés (C.P. 462-482).


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