Domingo, 24 de febrero de 2008

Comentario a las lecturas del domingo tercero de Cuaresma  - A publicado en Diario de Avisos el domingo 24 de Febrero de 2008 bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

 

Beber es un

gran placer

 

DANIEL PADILLA

 

M e cautivan las historias de conversos, su itinerario hacia Dios. Por lo que tienen de aventura humana. Y por lo que tienen, sobre todo, de misterioso actuar de la gra­cia. Pablo de Tarso, Agustín de Hipona, Francisco de Asís. Son ejemplos espléndidos. Tienen mucho que decir desde su acti­tud de "búsqueda".

 

¿Y la samaritana? Una lectura somera del evangelio podría dejarnos la imagen de una mujer ligera: "¡Había tenido cinco maridos! ¡Ahora vivía con uno que no era el suyo! ¡Vaya, va-ya, una mujer frívola!" Pero si analizamos los pasos que va dando en este mediodía caluroso, si escuchamos su diálogo junto al pozo, cambiaremos de opinión. Son pasos que quedan señalados en los sucesivos calificativos que aplica a Jesús, a medida que le conoce. Todo un itinerario religioso. Veámoslo.

 

Judío. Es el primer paso: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí?" Eso es lo que ella vio de entrada: un judío, un enemigo de raza. Ningún judío pronunciaba nunca la palabra "sa­maritano". ¡Tanto se odiaban! ¡Poco prometía, por tanto, este encuentro!

Señor. Así le llamaba después. Al decir Jesús: "si tú supie­ras quién es el que te pide..., yo podría darte un agua de vida eterna...", ella da un nuevo paso: "Dadme, Señor, de esa agua". Empieza a conocer a Jesús. Se da cuenta de que El no es el necesitado, sino ella. Jesús no pide, Jesús da. Aunque pa­rezca otra cosa, amigos, en toda conversión el primer paso lo da Dios: "Nadie puede venir a mí, si no es atraído por mi Pa­dre". Por eso ella, ya con gran respeto, le llama "Señor".

 

Profeta. Pero sigamos. Hay un tercer paso. En él aunque la mujer sedienta todavía no entiende quién es el que le pide ni de qué misteriosa agua le habla, llama a Jesús "profeta". Intuye que aquel hombre no es como los demás. Ve que le está adivi­nando su vida: "Cinco maridos has tenido..." Se da cuenta de que todos sus devaneos, toda su trayectoria humana, hasta su conciencia, están ahora bajo la mirada limpia y amorosa de aquel judío. Comprende que El no viene a beber. Y confiesa: "Veo que eres un profeta".

El Cristo. Pero hay más. Ella entonces se revuelve. Lucha, intenta desviar el tema. Y plantea una cuestión antigua: "Uste­des adoran en Jerusalén y nosotros en el Garizín". Quiere despistar a Jesús. Los discípulos que vuelven de la ciudad con ali­mentos, vienen además en su ayuda. Pero Jesús tiene "otro ali­mento". La siembra que ha hecho comienza a dar frutos. En efecto, la mujer se va. Pero ya es una mujer "marcada", un apóstol en ciernes. Dará testimonio de Jesús a los samaritanos y le llamará "Mesías": "Vengan. Verán a un hombre que me ha dicho cuanto he hecho. ¿Será acaso el Mesías?" Era ya hora de romper, por inútil, su cántaro.

 

Salvador del mundo: Y, punto final. No sólo ella, sino todos los samaritanos que, por iniciativa de ella, fueron al lugar, vieron a Jesús y oyeron su palabra. Y, en una bella profesión de fe comunitaria, dijeron: "Ya no creemos por tu palabra, sino por-que nosotros mismos lo hemos visto. Y sabemos que éste es el Mesías, el Salvador del Mundo".

 

No era la samaritana una mujer frívola, no. Supo recorrer un brioso itinerario desde las tinieblas hasta la luz. Dejó las "aguas que vuelven a dar sed" por las que "manan vida eter­na". ¡Ojalá yo, cristiano sediento de todas las corrientes, su­piera como ella hacer un camino. Un camino escalonado y progresivo. Un camino que pasara por Jesús-Judío Universal, por Jesús-Señor, por Jesús-Profeta, por Jesús-Mesías hasta lle­gar a Jesús-Salvador del mundo.

 

¡Beber es un gran placer! Pero, claro, ¡hay pozos... y pozos!


Publicado por verdenaranja @ 18:19  | Espiritualidad
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