S?bado, 01 de marzo de 2008

 

 

Queridos Hermanos y amigos: paz y bien.

 

Normalmente en estas cartas voy abordando los temas que al hilo de la vida se me ocurre subrayar cristianamente. No son cartas de sacristía sobre trastiendas devotas, sino que trato de hablar de la vida acercándome lo más que puedo y sé a Jesús que observando las cosas decía una palabra de esperanza y verdad.

 

Un tema de la vida son las elecciones generales del domingo 9 de marzo. Si los obispos hablamos al respecto, no se trata de una intromisión en el campo político, sino ofrecer una perspectiva moral de las cuestiones que los políticos tratan en sus propuestas y sus gestiones: la vida, la libertad, la familia, la educación, la paz, etc. No es indiferente votar eligiendo a quienes a nuestro juicio mejor defienden estos valores, o botar echando (o impidiendo que lleguen) a quienes más los conculcan.

 

Nos ha sorprendido la interesada virulencia hacia nuestra nota episcopal. Extraña que quienes más nos han negado la libertad de expresión se presenten como paladines de una falsa tolerancia que termina siendo liberticida exclusión. Y que quienes no han pedido perdón jamás, exijan nefandamente que pidamos perdón –cosa que hacemos cada día-, que salgamos del todo de una plaza pública en la que sólo ellos dicen tener legitimidad. Y que si somos buenos nos dejarán estar en nuestra reserva apache, sólo en los lugares señalados y en sus fiestas de guardar.

 

Son tiempos extraños los nuestros, pero apasionantes. No tenemos nostalgia de ningún tiempo pretérito, ni prisa de otro tiempo por llegar. Es en el aquí y ahora de nuestra época donde con Dios y ayuda queremos escribir nuestra página. No soy amigo de zulos ni de catacumbas, tampoco de trincheras ni de barricadas. Con gente que de veras sabe y quiere dialogar, dialogaremos. Con aquellos que quieren y saben discrepar, discreparemos. Pero el diálogo y la discrepancia son un arte que requieren talento y apertura, para que no terminen en censura y crispación sin más. No, no somos anti-ellos. Por más que sea patética su jerga, manifiesta su vaciedad y terribles sus pretensiones, nosotros no vamos por ahí haciendo política episcopal. Los únicos que han pedido el voto para una formación política concreta no hemos sido los obispos. Que le pregunten al musulmán.

 

Por eso, con el debido respeto y con indómita libertad, recordamos a los cristianos y a cuantos nos quieran escuchar, que la vida –sea cual sea su amenaza– no es negociable en ninguno de sus tramos, que la familia la deseamos y la entendemos como Dios la pensó y nos la propuso en nuestra naturaleza, que la educación de los hijos es responsabilidad primaria de los padres sin injerencias domesticadoras, que la convivencia entre los pueblos de España es un bien común si se favorece la igualdad y la justicia entre ellos, que la paz no es moneda de cambio para otros intereses, que la negociación política con el terrorismo no cabe en ningún Estado de derecho, que la violencia de todo tipo (desde la callejera a la doméstica), al igual que cualquier demagogia con inmigrantes o con pobres está de más, y que la mentira y la corrupción incapacitan para una propuesta honesta al minar su credibilidad.

 

De esto hemos hablado los obispos. No estamos apoyando o rechazando unas siglas, sino expresando lo irrenunciable de una posición moral que es la que nos mueve a la hora de ejercer el derecho y deber ciudadano de votar o botar a nuestros representantes. Pido a Dios que encontremos un camino sereno, para construir juntos una sociedad en la que todos seamos ayudados a convivir en la justicia, la belleza, la bondad, la libertad, la paz y la verdad.

Recibid mi afecto y mi bendición.

 

+ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca

02.03.2008


Publicado por verdenaranja @ 23:25  | Hablan los obispos
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