Domingo, 02 de marzo de 2008
Enviado por Carlos Peinó Agrelo Peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici.



MANUEL APARICI: RECORDANDO LA HISTORIA

¡Y, AL FIN, LLEGÓ EL GRAN DÍA!

 

«Han transcurrido doce años desde la bendición del proyecto por el Papa en febrero de 1936. Durante ellos, la Juventud de Acción Católica Española ha peregrinado en espíritu hacia Santiago. Un alto ideal de santidad y apostolado ha guiado sus pasos; ideal al que respondió con un solemne compromiso: el “Compromiso de Peregrino”: “Trabajaré sin descanso para hacer de mí mismo, de mi Centro, de mi Patria y de todos los Pueblos hispanos una Cristiandad ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo”. Toda la vida se hizo peregrinación: “Siempre hacia Santiago. Cuando rezamos. Cuando sufrimos. Mientras trabajamos. Mientras nuestro corazón esparce la Semilla Divina”, proclamaba la Vigilia de Santiago en su ritual, y así lo vivía aquella juventud. Pero se sabía  que la peregrinación a Compostela era sólo la expresión y símbolo de la gran Peregrinación –toda la vida es una peregrinación–,  que se contempla en una doble perspectiva: peregrinación de trascendencia y santidad –caminar hacia la Casa del Padre–, y peregrinación de compromiso apostólico comunitario –caminar hacia la Cristiandad ejemplar– [...]» [1].

            «[...] La gran peregrinación a Santiago de Compostela en 1948 –se lee en la Biografía de Manuel Aparici puesta en la página web:

ttp://www.peregrinosdelaiglesia.org–, fue obra suya, aunque él ya no estuviera al frente de esa Juventud a la que tanto amó y por la que tanto se entregó.

 

            »Recuérdese que, un día, respondiendo a la llamada del Papa, capitaneó a toda una generación juvenil en un largo peregrinar de doce años, que culminó en la gran cita ante el Apóstol Santiago en 1948, meta de perenne peregrinación para impulso y sostén de un renacimiento cristiano, en cumplimiento del voto de peregrinar para llevar almas de joven a Cristo y hacer de España la soñada Vanguardia de una Cristiandad “ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo”, urgida por S.S. Pío XI.

            »Con su ardoroso espíritu apostólico, fue su máximo propulsor. Cuando convocaba a los Jóvenes de Acción Católica a peregrinar les convocaba para que aspirasen al espíritu ardiente de los Hijos del Trueno como estilo de vida [...].

            »Próxima ya la fecha de la magna peregrinación, 4 de junio de 1948, Manuel Aparici, sacerdote y estudiante en Salamanca, escribe en la revista INCUNABLE:

 

            »“Nosotros también a Santiago [...] y unidos en idéntica sed, Episcopado, clero y fieles, sea nuestra Patria pueblo de apóstoles que, semilla y sembrador, sepa sembrarse en los corazones a fin de que, reconocida la Vieja Cristiandad europea e incorporadas a ellas las Cristiandades Nuevas de Ultramar, como un sólo apóstol corran a las órdenes de Pedro a anunciar el gran día que hizo el Señor a los que aún yacen en la noche de la gentilidad y el paganismo” [2].

            »“Fuimos a María –dice– para que nos alcanzara la gracia de ser apóstoles. Ahora vamos a Compostela para que Santiago nos enseñe a serlo” [3].

 

Manuel Aparici, primer peregrino

 

            »Pocos días antes de la gran cita, SIGNO [4] publica estas elogiosas palabras para su persona con motivo de la entrega de la primera tarjeta de inscripción definitiva y de la medalla de la Peregrinación:

 

            »“Una representación del Consejo Superior ha visitado, el pasado domingo, día 8, al Rvdo. D. Manuel Aparici para hacerle entrega, como “Capitán de Peregrinos”, de la primera tarjeta de inscripción definitiva y de la medalla de la peregrinación. Esta tarjeta lleva la banda azul de los sacerdotes.

            »Sólo un nombre podría escribirse en la primera tarjeta definitiva de peregrino emitida por el Consejo: el de Manuel Aparici –por muchos años Manolo Aparici–, “Adelantado y Capitán” de nuestros  anhelos,  que  hizo  viva la inquietud de nuestra Juventud [...]. Ante esta noticia, tan grata para todos, SIGNO felicita al Padre Aparici y a toda la Juventud; no podíamos marchar a Santiago sin él, porque quedaba mucho de su espíritu en nuestro afán de hoy. Ya, al frente de nosotros, Manolo Aparici, sólo falta empezar la marcha, ese caminar en el que nos preceden aquellos hombres que sintieron también en su alma la sed de Santiago, los que pasaron por la jefatura de nuestra Juventud. Cinco nombres que son el prólogo de nuestro peregrinar [5].

            »No se podía marchar hacia Santiago sin él.

 

            ¡Al fin, llegó el gran día!

 

            »Era el 28 de agosto de 1948. (Y un 28 de agosto también, pero de 1964, moría el “Capitán de Peregrinos"). “Era el broche final. Una generación de jóvenes de Acción Católica [...] rendía viaje al final de su travesía; otra [...] guardaba silencio” [6].

            »Era la peregrinación –tan largamente preparada y con tanta vehemencia anhelada– más grande y la más interesante de todos los Años Santos Jacobeos de los siglos pasados.

            »Dieciséis años de anhelo constante marcan el camino de Santiago que va a seguir la Juventud de Acción Católica Española, teniendo como compañeras a las representaciones mejores del mundo católico. Tres lustros cargados de acontecimientos insospechados, que si bien impidieron que la peregrinación ansiada se llevara a cabo en fechas señaladas, han permitido a la juventud española demostrar al mundo,  y  especialmente a Hispanoamérica –esa tierra que tiene su norte en la Península–, que sólo ella puede resistir los embates de la bestia que encarna la materia para hacer que triunfe el Ángel de la Verdad. Y de ahí su aspiración a constituir la Vanguardia de Cristiandad [...]. ¡Dieciséis años de historia! Sí. La Peregrinación tiene historia. No es improvisación o remate de un veraneo. Es el punto en que culmina la ansiedad penitente de tres generaciones viriles y es, al mismo tiempo, el punto de arranque de una nuevo caminar hacia metas grandiosas. Tiene historia la Peregrinación [...]. Y cuando el andante sienta desfallecer sus fuerzas, que vuelva su mirada hacia los que fueron quedando en el camino anhelado de Santiago; que piense en cualquier etapa anterior, y en ese volver la mirada atrás –¡volver la mirada atrás!– encontrará el empuje más fuerte hacia delante. Por ello, cuando va a ser realidad el anhelo acariciado durante años y años, cuando el futuro va a ser ya presente, queremos saturarnos de esa historia que nos ha de dar fuerza y, al hacerlo, rendir homenaje a los que con su tesón diario y sacrificio, que culminó a veces en la muerte, permitieron que hoy, nosotros, demos el primer paso de la mayor empresa perseguida por una juventud: constituir la Vanguardia de la Cristiandad, que sea “sostén y guía del mundo profundamente enfermo” [7].

 

            »“Durante estos años, especialmente para aquellos a quienes Dios concedió la gracia de la muerte heroica, fue el gran motivo para su santificación [...]”, escribe Manuel Aparici [8].

 

            Llegada a Compostela

 

            »“Más de 60.000 jóvenes peregrinos [70/75.000 según algunos medios de comunicación, 100.000, según otros] llegaron a Compostela por diferentes medios y distintos caminos desde todos los rincones de España” [9].

            »Este era el sacerdote todavía joven que en 1948, en Santiago de Compostela, presencia modestamente cómo empieza a realizarse aquella congregación de Juventudes de todas las Españas que doce años atrás le propusiera al Vicario de Cristo. En los detalles, en la realización, en el programa, es posible que el acontecimiento no responda exactamente a lo planeado en 1936. Dos guerras [la de España y la de Europa] [...]. Pero las diferencias colaboran en resaltar más la identidad de propósitos y de fines, la fidelidad al estilo. Los muchachos que se agolpan en la residencia Universitaria de Compostela eran los niños pequeños de 1936. Pero su temple espiritual es el mismo que el de aquella generación [...]; su desprendimiento igual [...]. Había unas 1.200 banderas de la Juventud.

            »Durante todo el mes de agosto [...] se pudo ver por distintos caminos de España grupos de muchachos marchando a pie, cargados con sucintos equipajes. Los hubo que siguieron su camino hasta el final, aunque sus pies se llagaron desde el primer día de caminar. Los hubo que consiguieron realizar sus etapas de tal manera que ningún día se quedaron sin comulgar, aunque para ello tuvieron que andar kilómetros y más kilómetros en ayunas [10]. Los hubo también que se sustentaron de una bolsa común y parca que difícilmente lograron estirar hasta el término de la Peregrinación. Los hubo que caminaron algunos días en completo ayuno y durmieron algunas noches en el santo suelo. Y no sólo anduvieron por su pie el Camino de Santiago peregrinos españoles, pues hubo un francés que se fue desde París a Compostela andando por el viejo camino durante dos meses que duró su peregrinar.

            »En cuanto a los peregrinos “motorizados”, unos 900 camio-nes [11], de carga en su mayor parte, les baquetearon durante varias jornadas, a la ida y a la vuelta, por los caminos que conducían a Santiago. Iban en ellos los jóvenes prensados unos con otros; con estrechas tablas por todo asiento, donde las había. Cuatro accidentes se produjeron, con dos muertos y más de veinte heridos en total. Los muertos fueron el párroco de Manuel (Valencia), D. José María Palomer, y el joven de Villanueva de Castellón, Vicente Ferry, a los que les estaba reservado, para ejemplo de todos, el altísimo destino de morir peregrinando. Y en cuanto a los que fueron en tren y en barco [los de las islas adyacentes y Marruecos] tampoco viajaron menos rudamente que los anteriores. Los de Palma de Mallorca, por ejemplo, en cubierta hasta Barcelona; en tercera, desde Barcelona a Madrid, y en camiones, desde Madrid a Santiago. Y sin paradas ni visitas turísticas. Sin dormir en cama los días que duró el viaje. Como los demás.

            »La mayoría de los peregrinos eran empleados modestos, obreros o trabajadores del campo, que consumieron en la peregrinación parte o la totalidad de sus vacaciones y los ahorros que tenían hechos. Se dieron muchos casos de muchachos que trabajaron horas extraordinarias [...] para poder costearse los gastos del viaje. Se ve, pues, que la peregrinación rebase en tiempo y, desde luego, en espíritu, los días consumidos en la ida a Santiago y el regreso. Y como el volumen de peregrinos era, desde luego, mayor que el de los habitantes de la ciudad compostelana, descansaron en ella de las fatigas del camino durmiendo al aire libre por rúas y plazas o en los bancos de las Iglesias [12].

 

            La Peregrinación fue católica, universal

 

            »No sólo estaban allí las representaciones de las Juventudes de Acción Católica de los países hispanoamericanos. También estaba presente una representación de las Juventudes Católicas de Norteamérica. Y copiosas representaciones de Portugal, Francia e Italia. Muchachos de Bélgica, Inglaterra y exiliados de los países tras el “telón de acero”. Hasta dos jóvenes vietnamitas, que aportaron la representación del catolicismo del Extremo Oriente: 32 países en total [...].

            »El Cardenal Arzobispo de Toledo Mons. Pla y Deniel en funciones de Legado Pontificio, el Nuncio de Su Santidad y más de 20 Obispos de España, Portugal, Cuba, Brasil y hasta de la mártir Letonia. Testificaban el compromiso jacobeo de las Juventudes, anunciado por las pastorales de 34 Prelados españoles y de otros tantos extranjeros, entre ellos los Cardenales de París y de Lovaina, y saludado por mensajes de religiosos y misioneros del mundo entero.

            »Mil cuatrocientas Misas en la noche eucarística. Novecientas setenta y seis blancas banderas con la cruz verde de la Acción Católica juvenil. Pero por mucho que intentemos abrumar con números, aún quedará muy lejos de expresarse la realidad de lo que el Patriarca de las Indias Occidentales y Obispo de Madrid-Alcalá calificó de “pentecostés” compostelano [...] ” [13].

            »“La Misa y la comunión –impresionante, maravillosa–, ¡qué ejército de santos!” [...]. “¡Son tantos los recuerdos maravillosos. Pero quizá más que ninguno cuando en la madrugada del 29, después del rosario, en medio de la Misa comulgamos los 60.000 jóvenes. Era extraordinario pensar que en aquellos momentos toda aquella muchedumbre juvenil estaba en gracia. Con un ejército así podríamos sentirnos optimistas [...]. Los que estuvimos en Santiago en el 48 no lo podremos olvidar nunca!”, escribe Alejandro Fernández Pombo en SIGNO diez años después [14].

 

            Ofrenda de la Juventud peregrina a la

            Iglesia Compostelana

 

            »En el Ofertorio de la Misa de Pontifical oficiada por el Cardenal Primado y Legado Pontificio, Mons. Pla y Deniel, el Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, Enrique Pastor, hizo la ofrenda de la Juventud peregrina.

            »“En prueba de  devoción a  nuestro  glorioso Patrón Santiago –dijo–, y para memoria perpetua de este solemne momento, ofrendamos a la Santa Iglesia Compostelana esta patena y este cáliz con el ruego, señor Cardenal, de que en este Santo Sacrificio que vais a celebrar, ofrezcáis en ellos el pan y el vino, primero; el Cuerpo y la Sangre verdadera de Cristo Nuestro Señor, después, y con éstos nuestra hambre de apostolado y nuestra sed de martirio.

            »En esta patena, Eminentísimo Señor, se conmemoran las numerosas vocaciones sacerdotales que nuestra Juventud ha dado a la Iglesia. En este cáliz, aquellos esforzados jóvenes que el Señor acogió de entre nosotros para que dieran testimonio de su fe.

            »Pedid, señor Cardenal, al que es Señor de la mies, al dador de toda fortaleza, al Dios lleno de misericordia, que por la intercesión del gran apóstol y mártir Santiago sigan produciéndose en nuestras filas vocaciones a su santo sacerdocio, que estemos en todo momento dispuestos para los más difíciles heroísmos y que seamos hallados fieles en el día en que el Señor se siente en el Trono de su juicio”.

 

            Contestación del Legado Pontificio

 

            »“Y Nos, en nombre de la Santa Iglesia Compostelana y con los más ardientes votos para que el Señor os dé cumplidas las gracias suplicadas, aceptamos esta Ofrenda para honra del Glorioso Apóstol Santiago y perenne recuerdo de este día venturoso” [15].

 

            Radiomensaje de S.S. Pío XII a los

            Jóvenes de Acción Católica en Santiago

 

            »“[...] Las ondas de la radio trajeron ante la enfervorizada muchedumbre juvenil la palabra del Papa, que habló en un dulce español, recordando el esplendoroso pasado de Santiago y pregun-tándose si toda esa gloria católica iba a quedar en un recuerdo añejo, y añadiendo él mismo que los jóvenes católicos de España, con su deseo de forjar una Cristiandad ejemplo, están respondiendo que no. Los añejos recuerdo son renovada realidad” [16].

 

            »Y ahora las palabras del Papa.

            »“Amadísimos jóvenes, peregrinos de Compostela:

            »Es propio de la juventud evocar las hazañas de sus mayores para repetirlas luego, mejorándolas, si posible fuera. Vuestra presencia de hoy en Santiago –entusiasta, numerosa, ferviente– lo está demostrando de una manera admirable.

            »Efectivamente, Compostela había sido durante siglos como la resonancia viva de una historia, desde los días oscuros y heroicos de un Alfonso II hasta los esplendorosos de un Carlos V, y sede de Prelados insignes, como un Diego Gelmírez y un Pedro Muñiz, que dejaron escritas sus crónicas con las piedras graníticas de esa Catedral incomparable; pero había sido, sobre todo, el rincón escogido por la Providencia entre las dulces y verdes colinas de esa “terriña meiga” para hacer de ella uno de los más potentes centros de atracción para la fe, para la piedad y para el espíritu generoso de aquella Cristiandad en pleno fervor de vida. Reyes y plebeyos, Obispos y monjes, santos y pecadores, caballeros y pecheros, artistas y sabios, juglares y trovadores, fluyendo y refluyendo como aluvión incontenible y constante a lo largo del “Camino de Santiago”, no sólo aceleraron y profundizaron el ritmo de la historia, sirviendo de crisol a la elaboración de las ciencias y de las artes, sino que desparramaron por el mundo un anhelo de purificación y esparcieron por todas partes aquellas ansias de pacificación y de fraternal unión de los espíritus que han sido siempre la única y segura base de la paz.

            »Desde el Monte del Gozo a la Puerta de los Perdones era la coronación de un anhelo, que acaso había tenido antes sus fases íntimamente dolorosas; bajo las bóvedas severas y en la mística penumbra, alumbrada día y noche por centenares de blandones, el ritmo arcaico de las chirimías y el balanceo grave del “botafumeiro”, abrían las puertas al estupor: el abrazo a la pétrea y hierética imagen ascendía a la categoría de gesto de reconciliación y purificación, simbolizada acaso en la venera, que el peregrino no dejaba de prenderse al pecho; las últimas hilachas del pardo sayal, abandonadas sobre la “Cruz dos farrapos”, venían luego a ser el símbolo de una vida que quedaba cada vez más lejana, y, finalmente, la estética contemplación del Pórtico de la Gloria representaría como un anticipo de aquel paraíso, cuyas puertas se iban a abrir para él gracias a las magnánimas indulgencias de Compostela, ampliamente otorgadas por los Sumos Pontífices, Nuestros Predecesores.

            »Pero ¿habría de quedarse todo en recuerdos añejos o en memorias muertas?

            »Y he aquí que vosotros, hijos amadísimos, jóvenes españoles de Acción Católica [...], juntamente con vuestros hermanos de las Congregaciones Marianas y con toda la juventud española, a la que se han querido unir, con edificante y fraternal concordia, los representantes de casi todas las naciones de Europa y de América; he aquí que vosotros, para mostrar vuestra juventud intacta, para proclamar la sublima locura de un Dios crucificado y para forjar en vosotros mismos una Cristiandad ejemplar, habéis respondido rotundamente que no. Los añejos recuerdos y las vetustas memorias, al conjuro de vuestro vibrante entusiasmo juvenil, se han convertido de nuevo en realidad.

            »Y así tenía que ser: Porque si el peregrino fue pieza indispensable en el tablero del mundo medieval, si el peregrinar tuvo entonces la noble función de consolidar la fe del pueblo, de acercar entre sí a las más diversas naciones, de aliviar a los desgraciados y consolar a todos, hoy, entre las enormes dificultades y dolores de la hora presente, sigue siendo una bendición para el mundo.

            »El peregrino vive de la fe y por esta fe lo deja todo, arrastrado por aquella luz que atrae su alma para purificarla: “Credidit Abraham Deo”. Creyó Abraham a Dios, lo cual le fue imputado a justicia; el peregrino es una llama viva de piedad, cuyo ardor ha de consumir la escoria de sus pecados; el peregrino es generosidad y arranque, que quiere ir siempre delante y figurar en vanguardia; el peregrino es amor, respeto y adhesión a la Iglesia, a cuyas penitencias se somete y cuyas gracias busca. Es amplia y cristiana universalidad, que no resiste estrecheces de estirpes, de patrias o de fronteras, sino que se lanza resueltamente al ancho cauce de la catolicidad.

            »Espíritu de fe y de sacrificio, vida de piedad y de continuo progreso en vanguardia, adhesión, respeto y amor a la Iglesia, corazón ancho como el mundo: Eso sois en estos momentos, jóvenes peregrinos de Compostela, y eso habéis de ser mañana y siempre, jóvenes católicos de todo el mundo; y si en otros tiempos, el grito irresistible de “¡Santiago, y cierra España!” se rompió con los enemigos de la fe, si ayer todavía el Apóstol no abandonó a quienes le invocaban, estad ciertos de que hoy y siempre su espíritu y su protección os conducirán de nuevo a la victoria en las espirituales batallas y os harán superar los lazos que por todas partes se os tienden, especialmente a vosotros, a la juventud, porque saben que sois una potencia poderosa y gallarda del presente y una promesa radiante y segura del porvenir.

            »“Igitur via peregrinalis est res optima sed angusta”. La vía peregrinal es cosa óptima, pero estrecha, dice el conocido sermón del Códice Calixtino; mas sería la primera vez que la dificultad habría espantado, desarmado y hecho retroceder a la juventud, y más todavía a una juventud como la vuestra, nutrida en la fe sólida y crecida en el ardiente clima del sacrificio.

            »¡Adelante, pues, juventud brillante, creyente y peregrina! ¡Adelante con vuestra venera y vuestro bordón, que hay mucho que peregrinar hasta dar todo el corazón a Dios y todas las almas a Jesucristo, hasta el cielo, que es vuestra meta!

            »O Beate Jacobe! –Cantaban vuestros antepasados peregrinos–. O Beate  Jacobe Virtus nostra vere, –Nobis hostes remove– tuos ac tuere, –Ac devotos adhibe nos– tibe placere. ¡Oh, sí, apóstol santo, predilecto del Señor, alma de fuego, capitán invencible: aparta de nuestro camino a los enemigos nuestros y tuyos, haz que te sirvamos siempre, y sigue protegiendo a España y al mundo entero, concediéndole el beneficio de una paz sólida y duradera, fundada en la justicia [...]”.

 

Tu obra, Manolo

 

            »Como “uno es el que siembra y otro el que recoge”, de los que proyectaron el magno Congreso juvenil y jacobeo [...] casi no había presentes en 1948 en Santiago más que unos cuantos, y más bien como espectadores o invitados –escribe en SIGNO  Manuel Vigil [17]–. Uno de ellos es un presbítero, todavía joven, que camina apoyándose en un bastón. Se ha quedado junto con otros sacerdotes y seminaristas contemplando cómo se puebla de peregrinos el parque de la Residencia Universitaria. Permanece apartado y discreto fuera del alcance de los puestos de honor y de mando de la gran concentración. Terminados los actos, cuando los peregrinos se disponen a partir a sus puntos de origen, otro veterano de la Juventud de Acción Católica se cruza con el sacerdote y, al verle, se va hacia él, y mientras le abraza de corazón, exclama:

            »–Tu obra, Manolo; tú eres el papá–.

            »Y así era. Aquel sacerdote que había asistido silencioso y recogido a la magna y soñada peregrinación era D. Manuel Aparici [...]. A él se debe, efectivamente, en gran parte el estilo jacobeo que distingue a las Juventudes Católicas. Él fue el que en aquel día de enero de 1936 expuso a Su Santidad Pío XI el ambicioso proyecto de reunir en Compostela a los jóvenes que hablan y rezan en español a uno y otro lado del Atlántico Pero él, en su humildad, les decía: «No fue vuestro Presidente quien convocó a peregrinar; fue Cristo quien llamó».

            »Manuel Aparici había recogido de sus antecesores en la Presidencia Nacional de la Juventud de Acción Católica, José María Valiente y Alfredo López, una obra en período de formación, en batalla contra los respetos humanos, aprendiendo que el catecismo no se debe cerrar después del día de la primera comunión; que la vida interior no es sólo “de curas y frailes”; entrenándose en cantar y sentir lo de “ser apóstoles o mártires acaso” frente a una ambiente callejero donde se presuma de hombría a base de anticlericalismo y prostitutas.

            »En los moldes preparados por sus antecesores iba Manuel Aparici a vaciar el fuego apostólico encendido por los Hijos del Trueno [...]. Se entrega absolutamente a infundir en los jóvenes españoles la ambición de hacer de su Patria “una Cristiandad ejemplo y guía”. Hombre de oración, organizador tenaz, estudioso incansable, orador fogoso y estremecedor, él no vive para otra cosa que no sea la Juventud de Acción Católica. Escribe para SIGNO, prepara guiones de estudio para los Cursillos de Formación de Dirigentes, profesa en los mismos, pone en pie una interpretación providencialista de la misión de España, frontera de los últimos y luminosos escritos de García Morente sobre la Hispanidad y el caballero cristiano; recorre todos los caminos de España, que él ha hecho antes que nadie un nuevo camino de Santiago; pide a los que puedan dar ayuda a los que lo necesitan, pone brasas donde no hay fuego y lo extiende allí donde lo hay. Lleva durante la guerra la Acción Católica hasta las trincheras, creando en ellas los Centros de Vanguardia, que suman varios centenares, y convierte las horas del frente [...] en horas de lucha ascética y de avances espirituales. Y en la paz reorganiza la Asociación, y como ya hemos dicho, la conduce triunfalmente al Pilar para ofrendar a la Iglesia y a España la sangre de los mártires y aceptar el legado de sacrificio que ellos legaron. Recogió una Organización con menos de 20.000 muchachos y cuando se despidió en el año 1941 en las Jornadas Nacionales en Valladolid, la obra ha dado siete mil muertos por Dios y por la Patria y está entregando a centenares de jóvenes para poblar la semidesplomadas aulas y celdas de los Seminarios y Noviciados y, pese a estas sangrías, el número de asociados ha rebasado ya los 100.000. Su sucesor, Antonio García-Pablos, recoge unos cuadros parroquiales compactos, veteranos y rezumantes de ideal de Vanguardia de Cristiandad. Y Manuel Aparici se adentra por el Seminario”.


            Manuel Aparici es el auténtico símbolo del peregrinar

            juvenil audaz, generoso, apostólico y esperanzador

 

            »Al día siguiente de la gran cita en Compostela, el 29 de agosto de 1948, EL IDEAL GALLEGO, de La Coruña, escribe lo siguiente, bajo el título “Aparici, primer peregrino”:

 

            »No hace muchos días aún el Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica otorgó el número uno de las tarjetas de peregrino a Compostela, en la marcha juvenil jacobea organizada con motivo del año jubilar, a D. Manuel Aparici Navarro, antiguo Presidente Nacional de los Jóvenes Católicos españoles y hoy ministro del Señor. Nadie mejor que Manuel Aparici podría ostentar esta preferencia entre millares de adelantados [...]; el “Capitán” por excelencia de un ejército animoso organizado para ganar reñidas batallas espirituales en defensa de una juventud ejemplo y guía que hiciera de España la Vanguardia de Cristiandad.

            »Apóstol infatigable, lleno de vida y de vocación, a él se debe, sin duda alguna, la feliz circunstancia de que los viejos caminos jacobeos se vean hoy llenos otra vez de entusiasmos juveniles y esperanzadores afanes de santidad, remozando los clásicos motivos de una mística andariega, olvidada o dormida bajo la losa de un pecado de generaciones tibias e indiferentes. Y es que Manolo Aparici, por cuyo nombre le conocieron tantos jóvenes en España que frisan hoy la madurez, supo dar contenido doctrinal a lo que allá por 1932, en el Congreso de Santander, no pasó de ser una oportuna sugerencia del representante de  las  juventudes gallegas –Taboada Lago– al proponer la celebración de la siguiente Asamblea Nacional de los Jóvenes Católicos españoles en Santiago de Compostela, con motivo del Año Santo. Contenido doctrinal lleno de sugestiones universalistas que empezó con la idea de una comunidad hispánica fuertemente unida, y acabó, más tarde, cuanto más intenso era el peregrinar de Manuel Aparici, en una santa ambición por la reconquista sobrenatural del mundo concebida bajo la fórmula esplendorosa de una Cristiandad de la que España podía ser, si se lo proponía, el ejemplo y el norte según lo reclamaba el Papa Pío XI, de feliz memoria, en su inolvidable encíclica “Mit brennender sorge”.

            »Era entonces la hora crítica de España y también del mundo entero. La atmósfera enrarecida que respiraba la humanidad se hacía insoportable. Por España corrían vientos de persecución, y no tardó mucho en estallar la tormenta. En los campos de batalla y en las checas, la juventud peregrinante, dejó siete mil mártires, ofrendados en testimonio de la verdad, como si Dios quisiera que los que habían de venir detrás, aprendieran el estilo heroico, el sentido de la vida dolorosa que encierra el auténtico peregrinar a Compostela. Fue aquí donde Manuel Aparici supo dar la tónica [...] que exigía el momento, a la gran marcha juvenil jacobea, dura, difícil e interminable. Su tesis ganó fervores entre la juventud española que se vio convertida en instrumento providencial para cooperar en la obra redentora del mundo.

            »Terminada la Cruzada, la contienda mundial alargó aún más la últimas etapas de la peregrinación. No era, sin duda, llegada la hora. Pero la ocasión conmemorativa del centenario mariano en Zaragoza podía servir ya de encrucijada histórica para convocar al mundo a la gran marcha jacobea. Y desde las españolísimas orillas del Ebro, Manuel Aparici lanzó el mensaje de caridad y de comunión de fe, a todo el orbe abatido por la guerra y hambriento de paz. Ante 20.000 jóvenes, entre los que figuraban hermanos de América, quedó juramentada la juventud hispánica para llevar otros 100.000 a Santiago. Era una última consigna que daría el “Capitán” a sus peregrinos desde su puesto seglar de mando. Porque él, primer peregrino siempre, cabeza y guía de este caminar juvenil, había alcanzado ya la etapa de la entrega total, ofreciéndose al servicio íntegro, exclusivo, del Señor, en este peregrinar a Compostela. Era el lógico paso del adelantado que se ofrenda por los compañeros de viaje, para completar la maravillosa página de honor de la juventud española abierta con los nombres de millares de mártires y cerrada con los de otras tantas vocaciones. Por eso desde entonces, en la economía mística de la peregrinación, nadie como Manuel Aparici enriqueció sobre el altar de los sacrificios el tesoro sobrenatural de esos peregrinos. Hasta llevarlos a la vista de Compostela para entonar con ellos el Ultreya gozoso de la santidad conquistada después de un largo caminar por la noche triste del alma.

            »Hoy, como nunca, D. Manuel Aparici, sacerdote ungido del Señor, no sólo tiene el derecho de ser el número uno de los peregrinos jacobeos, en este Año Santo compostelano, sino que es el auténtico símbolo del peregrinar juvenil audaz, generoso, apostólico y esperanzador, para un mundo que aún puede salvarse, si sabe encontrar a tiempo los caminos del sacrificio, de la oración y de la penitencia”».

            «En Santiago de Compostela, Año Santo de 1948, los Jóvenes de la Acción Católica Española quedaron ungidos peregrinos como el Apóstol, por Dios y por España, pues Santiago se hizo peregrino de España para cristianizarla por amor a Dios. Peregrinos, por tanto, por Dios y por España, trabajando sin tregua por hacer de ellos mismos, de sus Centros Parroquiales o especializados, de su Patria, de todo lo hispano, Vanguardia de la Cristiandad» [18].

            Y «desde aquel año de 1948 está vivo en Santiago el recuerdo de Manolo y su obra» [19]. Que el «Capitán de Peregrinos» nos siga señalando el camino que lleva a las alegres moradas del Señor.

            Y de nuevo, a la eterna peregrinación espiritual de todos los días. Porque «hay mucho que peregrinar hasta dar todo el corazón a Dios y todas las almas a Jesucristo, hasta el Cielo» [20]. Que el «Capitán de Peregrinos» nos siga señalando el camino que lleva a las alegres moradas del Señor» [21].

            Podría parecer que aquella peregrinación de los Jóvenes de Acción Católica de entonces (1948) era algo del pasado. La gran nueva peregrinación de Juan Pablo II ha sido una convocatoria para misionar en el mundo entero, y lo ha sido tras marchas peregrinas por el Camino de Santiago, que sigue abierto para todos los que como en el pasado se reafirman en el deber de contribuir al lado de sus Pastores a la evangelización del mundo.

            No deja de ser gratificante y esperanzador también que sigue siendo el norte propuesto a la juventud de hoy para la recristianización del mundo. Aquella peregrinación no es algo del pasado, algo olvidado, sino que ha tenido un insospechado florecimiento con los jóvenes de hoy convocados por Juan Pablo II para trabajar en la viña del Señor.



[1]  De la ponencia impartida por el Rvdo. D. José Manuel de Lapuerta y Quintero: «Ideal Peregrinante y Vanguardia de Cristiandad: Unidad en la fe de los Pueblos Hispanos» en el Congreso Nacional celebrado con motivo del Centenario del Nacimiento del Siervo de Dios Manuel Aparici Navarro. Madrid, Noviembre 2003 (Libro de Actas).

[2]  Informe de los Peritos Teólogos (C.P. pp. 9639-9784).

[3]  Informe de los Peritos Teólogos (C.P. pp. 9639-9784).

[4]  De fecha 14 de agosto de 1948.

[5]  José María Valiente, Alfredo López, Manuel Aparici, Antonio García-Pablos y Enrique Pastor. Todos ellos Presidentes Nacionales de la Juventud de Acción Católica, por este orden.

[6]  Rvdo. D. José Manuel de Córdoba (SIGNO de fecha 5 de enero de 1965).

[7]  SIGNO de fecha 24 de julio de 1948.

[8]  Boletín de Dirigentes agosto–septiembre de 1951.

[9]  Manuel Vigil y Vázquez (SIGNO de fecha 5 de enero de 1965).

De ellos, «unos setecientos jóvenes mallorquines», según Bibiloni (HCC p. 78).

[10]  «Recuerdo muchas cosas, pero por encima de todo el esfuerzo físico para cumplir mi promesa de comulgar los ocho días que duró nuestra Peregrinación de más de 3.000 kilómetros. En Valladolid un capellán amigo me dio la comunión antes de amanecer. No podía resistir más la sed. Entonces no había los privilegios de hoy. Recuerdo [...] el tintineo de la campanilla durante la elevación en la noche maravillosa de la explanada de la Universitaria. Y el escalofrío que sentí cuando Dios Hostia venía a mí entre los mil pasillos de muchachos, en la procesión de los 200 copones [...]. Recuerdo [...] los rosarios en el coche, al atardecer, contemplando los campanarios en sombras» (Álvaro Capella. Cf. SIGNO de fecha 6 de septiembre de 1958).

[11]  « [...] Aventura que duró ocho jornadas a la intemperie, metidos en un camión descubierto (creo que puedo afirmar que el más averiado vehículo que participó en toda la Peregrinación, que nos llevó, ida y vuelta, de Zaragoza a Santiago. Yo, por fin, volví a casa –¡andando!– con dos días de retraso [...]. ¡Qué buen recuerdo [...]!» (José Luis Pérez Cebrián. Cf. SIGNO de fecha 6 de septiembre de 1958).

«Aparte de estos recuerdos gratísimos [el abrazo al Apóstol, siempre inolvidable, el mensaje del Santo Padre, etc.] no puedo olvidar los percances por los que atravesé. Quedé con otro fuera de la caravana automovilística por falta de espacio. Aguardamos a los últimos camiones que pasaban por Madrid procedentes de Alicante, y apenas salimos de aquí se prendió fuego uno de ellos [...]. Una peregrinación con obstáculos» (Venancio Redondo Díez. Cf. SIGNO de fecha 6 de septiembre de 1958).

[12]  Manuel Vigil y Vázquez (SIGNO de fecha 4 de marzo de 1950).

[13]  Manuel Vigil y Vázquez. (SIGNO de fecha 4 de marzo de 1950).

[14]  De fecha 6 de septiembre de 1958.

[15]  EL IDEAL GALLEGO, La Coruña, de fecha 29 de agosto de 1948.

[16]  Manuel Vigil y Vázquez (SIGNO de fecha 4 de marzo de 1950).

[17]  (Cf.) De fecha 4 de marzo de 1950.

[18]  Manuel Vigil y Vázquez (SIGNO de fecha 4 de marzo de 1950).

[19] Cardenal Arzobispo de Madrid cuando era Arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Rouco Varela

[20]  Pío XII, radiomensaje a los jóvenes peregrinos en 1948 en Compostela.

[21]  Informe de los Peritos Archivistas C.P. pp. 9504-9638.


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