Domingo, 02 de marzo de 2008


 El Santo Padre Benedicto XVI recibió en audiencia el 21 de febrero a Su Excelencia el señor Vladeta Jankovi, nuevo embajador de Serbia ante la Santa Sede, quien presentó sus Cartas credenciales.


Excelencia,

 

Me alegra de recibirle al comienzo de su misión y de aceptar las Cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Serbia en la Santa Sede. Le doy las gracias por sus amables palabras y por los saludos que trae del Presidente Boris Tadic. Transmítale por favor mis respetuosos buenos deseos con ocasión de la reciente reelección, y la seguridad de mis oraciones por  todo el pueblo de su nación.

 

La Santa Sede valora mucho sus lazos diplomáticos con Serbia, y espera de ese modo ofrecer  estímulo a los continuos esfuerzos para construir un futuro de paz, prosperidad, reconciliación y coexistencia pacífica por toda la región que, como Serbia y sus vecinos, buscan tener su propio lugar dentro de Europa. Pocos países en el continente de Europa se escaparon de los estragos de la guerra en la pasada centuria, y todos pueden aprender desde las lecciones del reciente pasado. Al trabajar hacia un futuro más seguro, es vital recordar que la identidad y la rica tradición cultural de su nación, como de todas las naciones europeas, está profundamente enraizada en el patrimonio de la fe cristiana y en el Evangelio del amor. “No hay ningún orden del Estado tan justo que pueda eliminar la necesidad de un servicio de amor” (Deus Caritas Est, 28). Los seguidores de Cristo están llamados a ofrecer  ese servicio de amor a todos sus hermanos y hermanas sin distinción: sólo en este camino pueden las tensiones largas finalmente ser enterradas.

 

Eso es así, si nosotros elegimos vivir  por medio de los valores traídos desde nuestras raíces cristianas, descubrimos el valor para olvidar y aceptar el perdón, para ser reconciliados con nuestros vecinos y para construir juntamente una civilización de amor en la que todos son aceptados y respetados. Conozco cómo el pueblo Serbio ha sufrido en el curso de conflictos recientes y deseo expresar mi preocupación sincera para él y para las otras naciones de los Balcanes afectadas por los tristes sucesos de la última década. La Santa Sede participa de su serio deseo que la paz que ha sido conseguida traiga estabilidad permanente a la región. En particular, con mirada a la crisis actual en Kosovo, invito a las partes interesadas a actuar con prudencia y moderación, y a buscar soluciones que favorezcan el respeto y la reconciliación mutuas.

 

También entre las diversas divisiones entre los pueblos de Europa están aquellas que resultan de la pérdida trágica de la unidad cristiana en los pasados miles de años. Me alegro del progreso que se ha hecho en las relaciones entre Ortodoxos y cristianos católicos, y estoy especialmente agradecido a la Iglesia Ortodoxa Serbia por la gentil presentación de la reunión de 2006 de la comisión mixta para el diálogo teológico entre Católicos y Ortodoxos, con la ayuda activa de los miembros principales de su gobierno.  En verdad  ha habido muchos desarrollos en esta área, animados por el Consejo Pontificio para Promover la Unidad Cristiana, incluyendo las recientes iniciativas conjuntas entre la Universidad Pontificia Lateranense y la Facultad Ortodoxa de Teología del Patriarcado de Serbia en Belgrado, al que su Excelencia ha hecho referencia. Espero encarecidamente que estos desarrollos positivos continúen dando frutos, en particular a través de la exploración conjunta de la Doctrina Social de la Iglesia, y en este aspecto con gratitud recuerdo  la acogida concedida al Cardenal Renato Martino, Presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y Paz, en su reciente visita a la Facultad Ortodoxa de Teología.

 

La localización geográfica de Serbia en el límite entre el Cristianismo  de Oriente y el Occidente le da una oportunidad única para fomentar el diálogo ecuménico, su familiaridad con el Islán, a través de su encuentro con el Imperio Otomano y a través de la presencia de muchos musulmanes en la región al día de hoy, abre ricas posibilidades para  el progreso en el diálogo inter-religioso. Ambos de estos procesos son de suma importancia para establecer  un mayor entendimiento mutuo y respeto entre pueblos y naciones en el mundo  moderno. Esté seguro que la Iglesia Católica en Serbia  está ansiosa de continuar sobre sus  buenas relaciones con el Sínodo Santo y para jugar su parte en iniciativas conjuntas  diseñadas a favorecer la unidad cristiana y a un genuino acercamiento entre los adeptos de religiones diversas, contribuyendo en este camino a la construcción de la paz y la armonía dentro y entre naciones.

La libertad de religión es un elemento indispensable en la construcción de la clase de sociedad en la que tal armonía puede desarrollarse, y los pasos dados por Serbia en años recientes para garantizar este derecho fundamental son muy apreciados. El plan para devolver a las Iglesias y comunidades religiosas la propiedad que ha sido nacionalizada por la Federación Yugoslava y la introducción de la enseñanza religiosa en las escuelas han contribuido a una renovación espiritual de su país, y en este aspecto se ha dado un ejemplo importante del que otros gobiernos pueden aprender. Ruego que esta apertura a los valores religiosos en la sociedad continúe creciendo, de manera que el debate público pueda ser verdaderamente alimentado por los principios derivados de la fe. Como indiqué en la conferencia que preparé recientemente para la Universidad de “La Sapienza” en Roma (17 de Enero de 2008), si la razón “llega a estar sorda al gran mensaje que le llega desde la fe y sabiduría cristianas, entonces se marchita como un árbol cuyas raíces ya no pueden alcanzar el agua que le da vida”. Sin el alimento que viene de la fe viviente, la cultura es profundamente empobrecida y las posibilidades para una civilización verdaderamente humana se desvanecen rápidamente.

 

Excelencia, ruego que la misión diplomática que usted empieza hoy fortalezca más las buenas relaciones que existen entre la Santa Sede y su país. Le aseguro que diversos departamentos de la Curia Romana están todavía preparados a ofrecer ayuda y respaldo en el cumplimiento de sus deberes. Con mis sinceros buenos deseos, invoco sobre Usted, su familia, y todo el pueblo de Serbia, abundantes bendiciones de Dios.


(Traducción particular no oficial desde el Inglés) 

 

 


Publicado por verdenaranja @ 23:09  | Habla el Papa
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