Lunes, 03 de marzo de 2008

Gión litúrgico para el día del Seminario recibido en nuestras parroquias en carpeta de materiales para su celebración.

Este año 2008 la solemnidad de San José, por coincidir con el Miércoles santo se traslada al día libre más cercano, concretamente al sábado 15 de marzo. Debido a que este día no es festivo ni de precepto, el Día del Seminario puede celebrarse el día 9 de marzo, V Domingo de Cuaresma, manteniendo íntegramente la liturgia de ese domingo.

 

 

“Si EScuchaS hoy Su Voz”

 

DÍA DEL SEMINARIO 2008

 

15 de marzo

 

MONICIÓN DE ENTRADA

 

Celebramos hoy la fiesta de San José, el esposo de María, el padre adoptivo de Jesús. Él, de todo discreto, estuvo al frente de la familia de Nazaret, la familia de Jesús. Y es por eso que los cristianos lo invocamos como patrono de la Iglesia, la familia de los hijos de Dios. Y

celebramos también hoy el Día del Seminario: ponemos bajo la protección de san José al Seminario pidiéndole que cuide de los futuros sacerdotes como cuidó de Jesús en su  infancia y juventud.

 

Comencemos esta Eucaristía pidiendo perdón a Dios acogiéndonos a la intercesión de san José: Yo confieso…

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

 

Las lecturas que ahora vamos a escuchar nos ayudarán a comprender el papel que jugó san José en los planes de Dios. Estemos atentos.

 

PRECES

Elevemos nuestras súplicas confiadas al Señor por intercesión de san José, teniendo especialmente presente nuestro Seminario y lasvocaciones sacerdotales.

 

• Por la Iglesia: para que como san José sea fiel a la Buena Noticia que le ha sido confiada. Roguemos al Señor.

 

• Por nuestro seminario: para que Dios aliente a sus formadores y los seminaristas se preparen adecuadamente para ser en el mundo testigos de Cristo. Roguemos al Señor.

 

• Por las vocaciones sacerdotales: para que surjan jóvenes dispuestos a seguir a Cristo y anunciar a la humanidad entera su muerte y su resurrección. Roguemos al Señor.

 

• Por los padres de familia: para que, con la ayuda de Dios, construyan verdaderos hogares cristianos donde se viva la fe. Roguemos al Señor.

• Por quienes tienen su vida marcada por el sufrimiento: para que encuentren la ayuda de sus semejantes y el alivio de Dios para sobrellevar su cruz. Roguemos al Señor.

 

• Por nosotros: para que la Eucaristía haga crecer nuestros lazos comunitarios y lleguemos a ser una verdadera familia cristiana. Roguemos al Señor.

 

Acoge, Señor, nuestras peticiones y concédenos que, a ejemplo de san José, cumplamos siempre tu voluntad para que siga avanzando la Historia de la Salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

V DOMINGO DE CUARESMA

 

9 de marzo

 

MONICIÓN DE ENTRADA

 

Iniciamos el último tramo que nos va a conducir a la semana pascual. Jesús nos dice en el evangelio de hoy: «Yo soy la resurrección y la vida». Muerte y vida es el misterio que aparece siempre en toda celebración como referencia obligada al misterio pascual del Señor.

Jesús ha venido para que tengamos vida. Llamados a la vida los cristianos proclamamos cada vez que celebramos la Eucaristía que Cristo ha muerto por nuestra Salvación y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal.

En este domingo, celebramos también el Día del Seminario: rezaremos por las vocaciones para que haya cada vez más jóvenes que, escuchando la voz del Señor, le entreguen su vida y ayuden a dar sentido a la vida de tantas personas desorientadas y angustiadas

de nuestro mundo.

 

MONICIÓN A LAS LECTURAS

 

«Os infundiré mi Espíritu y viviréis», nos dice el profeta en la primera lectura. San Juan en su evangelio nos ha ido llevando en estos domingos al encuentro de Cristo: agua viva y luz verdadera. Hoy nos acerca al Señor que vence la última de nuestras esclavitudes: la muerte, y nos da la vida en plenitud. San Pablo nos recuerda a los bautizados que, si el Espíritu de Cristo habita en nosotros, vivificará nuestros cuerpos mortales y nuestro actuar, dándonos la vida que Él sólo puede dar: la vida eterna.

Escuchemos con atención.

 

PRECES

Acudamos a Cristo, nuestro Salvador, que nos redimió con su muerte y resurrección.

 

• Por la Iglesia: para que anuncie a todos los pueblos la Salvación que Dios nos regaló por medio de Jesucristo. Roguemos al Señor.

 

• Por nuestro Seminario: para que Dios aliente a sus formadores y los seminaristas se preparen adecuadamente para ser en el mundo testigos de Cristo. Roguemos al Señor.

 

• Por las vocaciones sacerdotales: para que surjan jóvenes dispuestos a seguir a Cristo y anunciar a la humanidad entera su muerte y resurrección. Roguemos al Señor.

 

• Por todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu: para que sientan cercano a Cristo, Señor de la vida y les ayude a sobrellevar sus males, sus enfermedades, sus tribulaciones. Roguemos al Señor.

 

• Por nosotros, que nos preparamos a celebrar la Pascua de Cristo: para que muriendo con Él podamos participar de su resurrección. Roguemos al Señor.

 

Señor, tu, que en nuestra fragilidad nos ayudas con medios abundantes, concédenos recibir con alegría la Salvación que nos otorgas y manifestarla a los hombres con nuestra propia vida.

 

POSIBLES PAUTAS PARA LA HOMILÍA

 

Comentario Vocacional

 

Los textos bíblicos que nos presenta la liturgia de hoy nos dan elementos muy interesantes para reflexionar en torno al lema del Día del Seminario: «Si escuchas hoy Su voz».


Juan nos presenta el séptimo signo de su evangelio, que por ser el último aparece como el culmen de todos ellos, bien porque es el más rico y elaborado, bien porque presenta a Jesús enfrentándose al mayor drama del hombre, la muerte. Sabemos que todo signo en el cuarto evangelio pretende tres finalidades: la liberación del hombre, la provocación de la fe y la clarificación de posturas en torno a la persona de Jesús. Tres aspectos que se dejan fácilmente iluminar desde una perspectiva vocacional.

El punto de partida es la muerte de Lázaro, un amigo de Jesús. Una muerte que aparece repetida una y otra vez y a la que se le deja hacer su trabajo durante cuatro días (v. 39) para asegurarse que, al final, Lázaro está bien muerto (vv. 14, 21, 32, 37, 39).Y todo ello envuelto en un sentimiento de realismo humano: ya es demasiado tarde para intentar hacer algo. Ante la muerte sólo queda llorar.


Este fatalismo ante la muerte, ciega la fe y la esperanza de los presentes en Jesús. ¿Qué esperan ellos de Jesús? Le han visto hacerotros signos (v. 37) y saben que si Él hubiera estado antes, Lázaro no habría muerto (vv. 21, 32). Incluso Marta que hace una confesión de fe pascual (v. 27) se muestra frágil y sin convicciones cuando advierte a Jesús que «ya huele mal» (v. 39). Para ellos la muerte es un punto de no retorno ante el cual Jesús no puede hacer nada.


Nosotros sabemos por experiencia lo que es la muerte. La hemos visto pasar de cerca y… también de lejos, en catástrofes naturales, guerras, atentados. Hemos llorado y mucho. Porque la muerte es una certeza ineludible. Y porque sabemos que un día moriremos, la muerte nos plantea el sentido de la vida: vivir, ¿por qué?, ¿para qué? Sin embargo también hablamos de muerte en un sentido más figurativo desde un punto de vista más psicológico, emotivo o espiritual: depresión, desorientación, angustia, desesperación… Cuando no encontramos sentido a la vida estamos muertos. Y en esta situación personal y social, ¿qué esperamos de Jesús? ¿Es también para nosotros la muerte demasiado fuerte para ser vencida por ella?


El milagro de Jesús consta simplemente de dos versículos (vv. 43-44), sin embargo hasta llegar a ese punto, Juan ha elaborado un relato muy rico. Podemos señalar por ejemplo que ante la muerte de Lázaro Jesús tiene la determinación de ir y de enfrentarse a ella, siendo por ello un anticipo de la actitud hacia su propia muerte.


Además, Jesús se conmueve y llora con los que lloran. Sin embargo, sus lágrimas no son reflejo de una resignación humana, sino de una solidaridad y una empatía total con los que sufren. Él nunca fue ajeno a nuestro dolor.


La palabra de Jesús es una palabra liberadora ("¡ven fuera!") que vence la muerte y todas sus manifestaciones. Es una palabra que hace libre al hombre y le permite caminar ("Desatadlo y dejadlo andar"). Nadie se esperaba este poder de Jesús, de tal modo que este signo se convierte también en una manifestación de su propia identidad: «Yo soy la resurrección y la vida». Jesús expresa de este modo el sentido profundo de su misión que no es otra cosa que comunicar a los hombres la Vida plena de Dios. Esa vida no es sólo la vida eterna después de la muerte. Gracias a Jesús la Vida se hace una realidad presente para todos los creyentes, una realidad cotidiana. «El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre». La Vida que Él nos promete es salvación para el que experimenta la muerte en el presente, y también una esperanza ante una amenaza futura de la misma.

Convendría atreverse a preguntarse: ¿Qué le pasaría hoy a mi vida si escucho hoy su voz que me dice «¡ven fuera!»? ¿Qué me pasaría si hoy me dejara desatar por Él? ¿Qué  cambiaría si hoy lo aceptara como la fuente de mi vida?


Pero las palabras y los gestos de Jesús siempre interpelan. Él realiza el signo con una intención clara de provocar la fe (vv. 15, 42) por eso plantea directamente la pregunta a Marta: ¿Crees esto? Es una pregunta fundamental y radical que va dirigida al núcleo central

de nuestra fe. Y su respuesta es una preciosa confesión de fe: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Y nosotros que somos hoy invitados a escuchar su voz, ¿también le creemos? Hay que subrayar que a pesar de esta confesión Marta expresa también la duda en el signo (v. 39), ¿pero no hace esto sino reflejar nuestra propia experiencia de fe que tiene momentos pendulares de luz y de obscuridad?


Al final, como una consecuencia, todos los que están presentes toman una postura. Es la respuesta ante la invitación, la llamada y la apelación de Jesús. El último versículo de hoy dice que muchos judíos «al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él». Sin embargo en la perícopa que sigue, el Sanedrín toma la decisión de matarlo (v. 53). En definitiva, un singo de vida conducirá a Jesús a la muerte.

Pero si contemplamos a Lázaro, el muerto bien muerto que no dice nada en todo el relato, veremos que él es imagen de todo aquel que se adhiere al proyecto de Jesús.


No tengamos miedo a escuchar su voz, porque nos va la Vida en ello.

 

Puntos claves para la homilía

• Tomar conciencia de la realidad de la muerte y la actitud de resignación que a veces tenemos frente a ella. No olvidar las «situaciones de muerte» en nosotros mismos y en la sociedad.


• Si escuchas hoy su voz… (¡ven fuera!) descubrirás el sentido de la vida, dejarás atrás la muerte y quedarás liberado.


• No se puede escuchar su voz y quedar indiferente, requiere una respuesta.


• Es preciso pedir a Dios el don de la fe que nos haga descubrir a Jesús como «la Resurrección y la vida». ¿Qué significa para mí creer en Jesús? Llegar a consecuencias concretas y cotidianas.

Para profundizar: Nuevas Vocaciones para una Nueva Europa n.16 «La existencia de cada uno es fruto del amor creador del Padre, de su voluntad eficiente, de su Palabra creadora. El acto creador del Padre tiene la dinámica de una invitación, de una llamada a la vida.


El hombre viene a la vida porque es amado, pensado y querido por una Voluntad buena que lo ha preferido a la no existencia, que lo ha amado antes de que fuese, conocido antes de formarlo en el seno materno, consagrado antes de que saliese a la luz (cf. Jer 1, 5; Is 49, 1-5; Gál 1, 15). La vocación, por tanto, es lo que explica, en la raíz, el misterio de la vida del hombre, y ella misma es misterio de predilección y gratuidad absoluta. (...)

Reconocer al Padre significa que nosotros existimos a su manera, habiéndonos creado a su imagen (Sab 2, 23). En esto, pues, se contiene la fundamental vocación del hombre: la vocación a la vida y a una vida concebida al instante a semejanza de la divina. Si el Padre

es el eterno manantial, la total gratuidad, la fuente perenne de la existencia y del amor, el hombre está llamado, en la medida corta y limitada de su existir, a ser como Él; y, por tanto, a «dar vida», a hacerse cargo de la vida de otro.


El acto creador del Padre, pues, es lo que provoca el conocimiento de que la vida es una entrega a la libertad del hombre, llamado a dar una respuesta personalísima y original, responsable y llena de gratitud».

“Si Escuchas Hoy Su Voz

DÍA DEL SEMINARIO 2008

 


Publicado por verdenaranja @ 23:16  | Liturgia
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios