Martes, 04 de marzo de 2008

Mensaje del padre Giovanni Salerno, msp,  publicado en Boletín CUARESMA 2008  DE MISIONEROS SIERVOS DE LOS POBRES DEL TERCER MUNDO - OPUS CHRISTI SALVATORIS MUNDI.

LA “IMITACIÓN DE CRISTO”, NUESTRA REGLA

 

Mensaje del Padre Giovanni Salerno, msp

 

 

Muy queridos amigos:

 

Llego hasta vuestros hogares con el saludo oficial de los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo: "Laudetur iesus Christus" (¡alabado sea Jesucristro!).

 

El inicio del período litúrgico de la Cuaresma es para mí una oca­sión propicia para presentaros a todos vosotros la publicación de la traducción preparada por nosotros del libro Imitación de Cristo.

 

Por ahora tal traducción ha sido publicada sólo en lengua espa­ñola y en lengua italiana, pero tengo la viva esperanza de poder verla pronto editada también en otras len­guas.

 

Este libro es nuestra regla espiritual: en ella queremos constan­temente beber en abundancia el agua fresca que nos permita alcanzar con seguridad la meta de la santidad, lo cual es posible sólo cuando uno se pone seriamente en un camino diario de constante conversión.

 

Este libro ha formado, soste­nido e iluminado a enteras generacio­nes de creyentes, indicando a todos sacerdotes, religiosos, personas con-sagradas, padres de familia y laicos en general- un camino seguro de vida cristiana.

 

Cuando presenté al Santo Padre Juan Pablo II el Movimiento de los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo, yo tenía en mis manos precisamente este libro; y las palabras proféticas del Papa que jamás podré olvidar fueron éstas: "Con el libro de la Imitación de Cristo como regla, no sólo vosotros os acer­caréis a Cristo, sino también vuestros colaboradores y todos aquellos a quienes serviréis".

 

No me avergüenzo de decir que he recibido muchos insultos por haber escogido esta regla espiritual: en muchas librerías no han faltado ciertas sonrisitas irónicas a mi pedido de numerosos ejemplares de un libro fuera de catálogo y considerado por muchos prehistórico. Pero ahora estoy de veras feliz al ver realizada abundantemente la profecía de Juan Pablo II.

 

Los jóvenes que son atraí­dos por el carisma que Dios ha puesto en nuestras manos, así como las parejas de esposos que con sus hijos lo dejan todo para venir a ser­vir a los más pobres, reconocen en el camino ofrecido por la Imitación de Cristo una brú­jula segura para un auténtico camino de conversión; todos ellos nos dicen: "También por esto comprendemos que real-mente el Movi­miento es serio, es obra de Dios".

 

A todos los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo, y por ello no sólo a los miembros de nuestras comuni­dades misioneras esparcidas en el

Tercer Mundo, sino también a todos vosotros que desde vuestras casas nos seguís y sostenéis con tanto cariño y con tantos sacrificios, a todos vosotros que desde vuestros lechos de sufrimiento os ofrecéis a Dios por la santidad de la Iglesia y de todos los misioneros, entrego este áureo libro.

 

Siguiéndolo fielmente no entraremos en crisis, no veremos debilitarse el carisma, porque su meditación diaria nos ofrecerá el faro capaz de iluminar cada momento de nuestra vida, transfor­mándolo en una ocasión de humil­de y generoso servicio a Dios, a la Iglesia y a los pobres. Dios quie­re que su Iglesia sea cada día más fresca, más joven, más sedienta de almas: en pocas palabras, mas mi­sionera.

 

Cuando los hijos de la Iglesia son heroicamente fieles a su propia vocación, es de­cir, cuando son auténticos segui­dores e imitadores de Cristo en la forma de vida en que les correspon­de, entonces sí la Iglesia es fresca, joven, atractiva: es una Iglesia que hace que los pobres se enamoren de Cristo y es una Iglesia que sabe reconocer y servir verdaderamente a Cristo en los más pobres.

 

La Imitación de Cristo nos permite realizar este arduo pro-grama, sus citando en los corazo­nes dóciles y obedientes la deci­sión de emprender el viaje más difícil y al mismo tiempo más fasci­nante y constructivo para cada hombre, el de volver dentro de sí mismo. Es el viaje que marca el primer paso de toda sincera con-versión. Se trata de un viaje duran-te el cual se da una gradual, a veces dolorosa pero necesaria, purificación del corazón y de la mente.

 

Tal purificación permite descubrir y eliminar los obstáculos que impiden nuestra "cristianiza­ción", es decir la capacidad de ver, interpretar y juzgar el mundo alre­dedor de nosotros con los ojos mismos de Cristo. El resultado es una creciente capacidad de reco­nocer las pobrezas que Dios pone en nuestro camino y de saber des-cubrir la manera en que Él nos llama a servirLe en esas pobrezas, y además el coraje de abrazar las valientes opciones que son necesarias para hacer de este servicio nuestra vida.

 

El libro de la Imitación de Cristo es entonces el gran don que Dios le ha hecho al Movimiento, un don que nos per­mitirá ser auténticos misioneros, llevar realmente las riquezas de la Iglesia a los pobres y llevar los pobres a la Iglesia.

 

Una de las riquezas que todo Misionero Siervo de los Pobres del Tercer Mundo debe comprometerse en testimoniar en su vida es el pro-fundo amor a la Virgen María; por eso, en este camino de conversión que nos traza el libro de la Imitación de Cristo, nosotros queremos cobi­jarnos bajo el manto maternal de Santa María Madre de los Pobres, haciendo nuestros los sentimientos del autor cuando, en el capítulo 17 del libro IV, dice: "Señor, Dios mío, Creador y Redentor mío, hoy aspiro recibirte con aquel afecto, reverencia, alabanza y honores, con aquella gra­titud decoro y amor, con aquella fe, esperanza y pureza con los que te recibió y deseó tu Santísima Madre la gloriosa Virgen María, cuando al ángel que le anunció el misterio de la Encarnación, respondió humilde y devotamente: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38)".


Os deseo de veras a todos vosotros que ya esta Cuaresma, con la lectura, meditación y vivencia diaria del libro de la Imitación de Cristo, marque un ulterior y decidido com­promiso de conversión.

 

De modo especial quiero invi­taros a todos vosotros, queridos jóve­nes, a emprender, bajo la guía de este libro un camino de radical segui­miento de Cristo, preparándoos así al don total de vosotros mismos.

 

 

P. Gíovanní Salerno, msp


Publicado por verdenaranja @ 22:44  | Misiones
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios