Viernes, 07 de marzo de 2008

Lectio divina para el Día del Seminario 2008, publicada en los materiales recibidos para la celebración dela jornada.

VENID Y LO VEREIS

Jn 1, 35-42

 

Ambientación

 

Los Apóstoles son los primeros eslabones de una cadena de testigos que han ido mostrando a los cristianos de todos los tiem­pos el camino para el encuentro con Jesús. Hoy, dos mil años después, esta cadena sigue necesitando de nuevos testigos de Cristo que continúen señalando en la dirección del Señor. Como discípulos del único Maestro, nos ponemos a la escucha de su Palabra.

 

Lectura atenta del texto (Lectio)

 

El pasaje que vamos a leer forma parte del «prólogo narrati­vo» del evangelio de Juan Un 1, 19-2, 11) en el que se describe el proceso hacia la fe de los primeros discípulos. Es un proceso que comienza con el testimonio de Juan Bautista y termina con una frase que señala el final hacia el que tiende todo el relato: «Manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él».

 

Proclamación de In 1, 35-42.

 

En un momento de silencio volvemos a leer el pasaje. Des­pués, juntos, leemos las siguientes orientaciones que pueden ayudarnos a comprender mejor algunos aspectos del texto.

 

Lo primero que salta a la vista es que se trata de un pasaje de vocación muy distinto a los que encontramos en los evangelios sinópticos. Es un relato de vocación-testimonio que se desarrolla en sucesivas escenas. Los verbos «oír» y «ver» aparecen con fre­cuencia en este pasaje. El Bautista había oído cómo reconocería a Jesús Un 1, 33), lo vio y lo señaló a otros. Para los discípulos también el oír precede al ver: tras escuchar la confesión de fe de Juan Bautista, Andrés y otro discípulo siguen a Jesús y ven dón­de vivía. A través de estos dos verbos el evangelista expresa dos requisitos importantes para seguir a Jesús: escuchar el testimonio de otros y llegar a encontrarse personalmente con Él. A Jesús sólo se le conoce siguiéndolo y, en el seguimiento, se le da a conocer a los demás.

 

En segundo lugar, nos fijamos en la forma en la que el pasaje orienta a los lectores hacia Jesús. El Bautista dice que Jesús es «el Cordero de Dios», en alusión al cordero pascual, recono­ciendo en Él a Aquel que va a derramar su propia sangre para el perdón de los pecados, para que los hombres tengan vida en plenitud. También los discípulos se refieren a Jesús mediante dos títulos que tienen un profundo significado: Jesús es el Maestro y el Cristo. El Señor es el único maestro digno de ser seguido y es el Mesías esperado desde antiguo por Israel.

 

Finalmente vamos a prestar atención a la figura de Simón Pe­dro. En el pasaje que estamos leyendo se subraya cómo Pedro inicia su relación con el Maestro a través del testimonio de su hermano Andrés, que ya ha tenido una experiencia de encuentro con Jesús. Andrés ejerce de mediador. Jesús se muestra como el Buen Pastor que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre. En los inicios de su camino vocacional el apóstol tuvo una ex­periencia clave: fue llamado por su nombre, lo que significa, en lenguaje bíblico, tener la experiencia de saberse conocido en profundidad por Jesús. Y esto no lo dejó indiferente. Además, Simón es rebautizado por Jesús con el sobrenombre de Pedro. En la mentalidad antigua, dar un nombre es hacer existir. De alguna manera, con el cambio de nombre Jesús regenera la vida de Pe­dro y le abre a una existencia nueva. Las primeras comunidades cristianas conocerán a Simón como Pedro, nombre que alude a la firmeza de su carácter y a su autoridad en la Iglesia.

 

Jesús es seguido por unos israelitas. El evangelista nos ha re­latado aquel encuentro y nos deja ante el Cordero de Dios, el Maestro y el Mesías para que, conducidos por Él, veamos dónde vive y pasemos a ser sus discípulos.

 

Nos dejamos interpelar por la Palabra (Meditatio)

 

En nuestro itinerario de fe hemos ido encontrando testigos que nos han llevado de la mano hasta Jesús, que nos han ayu­dado a caminar con Él y a conocer su auténtico rostro. Ahora, como discípulos del Maestro, podemos manifestar quién es Je­sús en nuestra vida, entrando a formar parte de esa cadena casi infinita de testigos. Nos fijamos en estas escenas del Evangelio y reflexionamos:

 

«Y lo llevó a Jesús». Siguiendo el ejemplo de Juan y de An­drés, ¿cómo puedo mostrar a los que me rodean el camino que conduce hasta Jesús? ¿Qué personas me han ayudado en la vida a acercarme y encontrar al Señor?

 

Jesús nos hace hoy la misma pregunta que a los discípulos del Bautista: «¿Qué buscáis?». ¿Qué respuesta puedo dar al Se-ñor? ¿Qué está dando sentido a mi vida? ¿Qué busco con mis estudios, trabajo, vida familiar y de amigos, tiempo libre...?

«Jesús les respondió: –Venid y lo veréis». Las palabras de Jesús son una «vocación», una llamada al seguimiento que lleva a establecer con Él una comunión de vida y de misión. ¿Cómo facilito en mi vida este encuentro personal con Jesús? ¿Qué hago para llegar a conocerlo de verdad?

 

La Palabra nos pide una respuesta (Oratio)

 

Sólo a través del seguimiento y la intimidad con Jesús pode-mos llegar a conocerlo de verdad. Sólo conociéndolo en pro­fundidad podemos señalar a otros el camino que conduce hasta ÉI. Presentamos al Señor, en forma de oración, lo que nos ha sugerido la reflexión de este texto.

 

Proclamarnos de nuevo Jn 1, 35-42.

 

Compartimos lo que la Palabra de Dios nos ha sugerido en nuestra oración.

 

Terminarnos con un canto, alusivo a la llamada y al testimo­nio: la «Canción del testigo».


Publicado por verdenaranja @ 23:29  | Espiritualidad
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