S?bado, 15 de marzo de 2008

 

12 al 23 de Marzo

La Ermita de San Miguel, situada en el marco emblemático de la Plaza del Adelantado de La Laguna, da cabida a la EXPOSICIÓN SEMANA SANTA 2008 que, bajo el lema “Vulneraste cor meum” nos coloca frente a la desolación de la Madre María ante la contemplación de su Hijo muerto colocado en sus brazos.

La exposición surgió por iniciativa de la  Cofradía del Lignum Crucis  en el cincuenta aniversario de su creación. Ha sido organizada por la Junta de Hermandades y Cofradías y el Excmo. Ayuntamiento de San Cristóbal de La Laguna. Presenta un interesante conjunto de obras que manifiestan el arraigo del tema de La Piedad en las islas. Entre las obras destacadas se encuentra, entre otras, Nuestra Señora de la Piedad de la Parroquia de San Marcos de Icod de los Vinos.


Colocamos a continuación  escrito que acompaña hoja divulgativa de la Exposición, realizado por Carmen González Cossío Profesora de la Facultad de Bellas Artes.


Todo ha concluido. La agonía del Hijo ha llegado a su fin y la muerte nos sitúa ahora frente a la desolación inmensa de la Madre. Ella lo sostiene, lo contempla y el torbellino de los recuerdos la sitúa junto al pesebre cuando por primera vez tomó al recién nacido entre sus brazos...

Y no fueron las páginas del evangelio las que registraron la intensidad dramática de ese instante pasajero, porque sólo la gubia, el cincel y los pinceles de los artistas se atrevieron a imaginar, más allá del texto, la situación y los personajes. Sólo con el vuelo de la mente acertaron a mostrarnos la hondura de ese pesar, el desgarro de la angustia y la fuerza, en fin, de esos sentimientos que, por brotar de lo más íntimo, se tornan universales y se perpetúan hasta la eternidad.

Ahí radica la eficacia del icono.

 

• Origen del tema

Al tiempo que las ciudades y el comercio recuperaban su pulso tras el largo paréntesis medieval, una brecha se iba abriendo en cl arte religioso europeo. La nueva sensibilidad burguesa trajo consigo el torrente incontenible de las emociones humanas que acabarían adueñándose de los personajes divinos. Fue así como la fragilidad del Cruc/cado se alzó frente al terrible Pantocrátor románico y como La Piedad, reflejo de la ternura de María, acabó desplazando aquella imagen de una reina celestial ajena a las penalidades terrenales de sus hijos.

Aunque el tema venía ya siendo frecuente al norte de los Alpes, lo cierto es que nadie influiría tanto como Miguel Ángel en la fijación de su iconografía. A lo largo de su vida el artista retomó el motivo en varias ocasiones y nos llevó desde el drama místico-filosófico que desprende su Piedad del Vaticano hasta el drama humano de su Piedad Rondanini que quería destinar a su propia tumba.

En la cumbre del Renacimiento, el hombre se convierte en medida de todas las cosas y es esa seguridad ganada en sí mismo la que le permite mostrar la fragilidad de sus emociones.

 

• Vigencia y actualidad

La particular iniciativa de la Cofradía del Lignum Crucis en el cincuenta aniversario de su creación nos permite admirar hov en esta sala un interesante conjunto de obras que vienen a documentar el arraigo del tema de La Piedad en las islas.

Podemos constatar su temprana presencia a través de la fuerza plástica de los talleres nórdicos, cuando el tráfico comercial con Flandes nos

hizo llegar valiosas imágenes.

Resulta sorprendente esa Virgen de las Angustias [Los Llanos de Aridane] cuyo patetismo expresionista se acentúa por la disposición dramáticamente quebrada del cuerpo de Cristo, describiendo casi un ángulo recto.

Luego, la talla de los pliegues y el oro de los estofados cedieron paso a los tejidos auténticos, vistiendo literalmente a los personajes para atender a las directrices contra reformistas. Se trataba de acercar los grupos escultóricos al pueblo sin escatimar recursos técnicos efectistas: sangre, llagas, postizos... Los pasos procesionales conmocionaban por su realismo y acrecentaban la conexión entre los fieles y las imágenes de su devoción. Gestos teatrales y pasiones desbordadas profundizaron, aun más si cabe, el abismo con el mundo protestante.

Era inevitable que la revisión propuesta por la Ilustración, provocase la contención de las expresiones haciéndolas más acordes al clasicismo. La obra de Fernando Estévez acredita la influencia de estos principios pero lo cierto es que La Piedad, quizás por haber contado siempre con la referencia miguelangelesca, no ha perdido ni un ápice de su fuerza. Sin duda se mantiene hoy corno una de las figuras emblemáticas e insustituibles del viernes santo. Los puntuales pedidos que se han hecho a la Península en la pasada centuria, la rápida reposición de la obra perdida en el incendio de la iglesia de La Concepción de Los Realejos y los encargos realizados a Ezequiel de León nos dan buena prueba de ello.

El recorrido pausado ante las obras expuestas nos reafirma en lo suscrito al comienzo: la validez del icono está intacta. Y lo está porque su contenido sobrepasa credos y culturas. Lo que leemos a través de ella se renueva a diario en las imágenes o fotografías tomadas tras cualquier bombardeo, tras cualquier atentado... Es la heroica presencia de esos supervivientes lo que nos conmueve cuando, consternados, recogen amorosamente entre sus brazos el cuerpo de sus seres queridos llorando su pérdida.

Y vienen entonces a nuestra memoria las palabras que Saramago pone en boca de Jesús en un pasaje de El Evangelio según Jesucristo. [Inevitablemente, todos los seres tienen que morir... morirán muchos en el futuro... Serán recibidos en la vida eterna, sí, pero no debería ser tan dolorosa la condición para entrar allí] 

 

Carmen González Cossío

Profesora de la Facultad de Bellas Artes


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