Martes, 01 de abril de 2008

Mons. Miguel Cabrejos Vidarte, Arzobispo de Trujillo y Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana, ha emitido un comunicado ante la aprobación de la llamada “Ley sobre el Divorcio Rápido”,



COMUNICADO DEL PRESIDENTE DE LA

CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA

SOBRE EL DIVORCIO RÁPIDO

 

 

Es de aceptación universal que la familia es la célula de la sociedad y ésta se basa en el matrimonio que es de derecho natural.

 

El Artículo 234º del Código Civil peruano define al matrimonio como la unión voluntariamente concertada por un varón y una mujer legalmente aptos para ella, a fin de hacer vida común y sujetos a las disposiciones del Código.

 

Esa vida en común es la conformación de una familia a la que tenemos que consolidar y fortalecer, en armonía con las normas y principios proclamados en la Constitución Política del Perú.

 

La misma Constitución en su artículo 4ª establece que la sociedad y el Estado tienen como uno de sus lineamientos básicos la protección de la familia y la promoción del matrimonio, reconociendo que estas dos instituciones naturales son fundamentales en la sociedad.

 

No podemos olvidar que nuestra Carta Magna consagra la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad como el fin supremo de la sociedad y del Estado; pero el ámbito natural para el desarrollo de la persona y su dignidad será siempre la familia a la cual el Estado se ha comprometido a fortalecer.

 

La expedición de normas como la que ha sido aprobada en primera votación en el Congreso, llamada Divorcio Rápido, para nada consolida o fortalece la familia, sino que por el contrario la debilita y propicia su ruptura o separación.

 

El matrimonio civil en el Perú es un acto contractual, cuya finalidad no es sólo el nacimiento de derechos patrimoniales que pasan a un segundo plano ante la importancia del nacimiento de una familia.  El matrimonio civil antes que disolverlo hay que fortalecerlo, y es por ello que el Ministerio Publico forma parte de los procesos judiciales de separación convencional, porque su finalidad es defender el matrimonio como institución estable y por ello que se opone en estos procesos.  La norma propuesta, pues, va contra la Constitución del Estado porque no fortalece el matrimonio y la familia sino que la debilita y no se piensa en el daño psicológico y afectivo a los hijos.

 

El verdadero matrimonio se basa, no sobre normas humanas que son cambiantes sino sobre algo trascendente que es: “el amor conyugal”.  ¿Qué es este amor conyugal?  No es sólo emoción, ni sólo sentimiento, sino que es una relación personal específica entre un hombre y una mujer que requiere entrega y donación recíproca durante toda la vida.

 

Las personas deben ser concientes de que ir al matrimonio y fundar una familia es un acto muy serio y de gran responsabilidad, para el cual deben estar debidamente preparados teniendo en cuenta que ese matrimonio debe ser estable y duradero. 

 

En este sentido la estabilidad del matrimonio está basada en la madurez y capacidad del ser humano para amar y ser amado.  En esto mismo se basa también la estabilidad de la familia la cual es la base de la sociedad y de la cual depende la estabilidad social tan buscada por el ser humano.

 

Las autoridades que buscan el bienestar, el desarrollo económico, emocional y psicológico de sus miembros han de garantizar la estabilidad de la familia y del matrimonio.

 

 

Lima, 31 de marzo de 2008

 

 

 

+ Miguel Cabrejos Vidarte, OFM.

Arzobispo de Trujillo

Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana


Publicado por verdenaranja @ 22:33  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios