Mi?rcoles, 02 de abril de 2008

Catequesis para la preparación del Encuentro Diocesano de Pastoral Juvenil de la ´Diócesis de Tenerife a celebrar el 4 y 5 de Abril de 2008.

Los dos de Emaús recuperan la Esperanza

Aquella tarde dos discípulos van de Jerusalén a Emaús, a pocas horas de camino de la Ciudad Santa, van tristes, bajo el peso de la mayor de las decepciones: el Maestro acaba de ser crucificado como un malhechor, y ahora todas los suyos se dispersaban sin saber donde ir. Si el única que tenía palabras de vida eterna había muerto, ¿qué iba a ser de ellos?

 

Andaban -eran dos, un tal Clenfás y otro- contándose entre sí una y otra vez todo aquel desastre, el fin de la gran esperanza. Sin duda se han equivocado, Jesús debió ser profeta, pera no el Mesías.

 

Las de Emaús son una muestra muy clara del estado de ánimo de la mayoría el día da la resurrección. Han perdido la esperanza y se vuelven a sus casas, porque su fe era insuficiente, Están tristes, coma desencantados. Cuando en aquel terrible Viernes, Jesús en vez de subir al trono de David, fue levantada sobre la cruz, sintieron sus discípulos el derrumbamiento de gran parte de sus esperanzas, Carecían entonces de la fe pare pensar en las promesas de Jesús acerca de su resurrección.

 

Sin embarga, su fe no se desmoronó por completo. Habían vista con claridad meridiana el dado de Dios en la vida y en les obras de Jesús. En el fondo de su alma permanecían unidas a Jesús; su fe, aunque conmocionada, no había sida enteramente destruida,

 

Y esto es lo que, verdaderamente, quedó destruido y aniquilado: la forma terrena y humana impuesta da su testarudez y miras egoístas. La idea de un Mesías poderoso y dominador, que debía subir cuanta antes el trono de David, se desvaneció a la vista de la cruz y del sepulcro sellada, Al mismo tiempo, se esfumaron también les esperanzas, las menos egoístas que habían iluminado su presente y, más todavía, el futuro inmediato que aquel reinado humano les parecía venir,

 

Lo que no consiguió Jesús en vida, la obtuvo agonizante y muerto, curándoles definitivamente de su fe ingenua e infantil en un camino de gloria según la fantasía humana, alejada del camino de la cruz. En su alma se formó un vacía, quedando así espacio libre para la sabiduría divina que es locura para el mundo.

 

Jesús se manifiesta como un desconocido caminante que entabla conversación con aquellos hombres desanimados. No adopta un aspecto deslumbrante can su cuerpo glorioso, sino que

quiere conseguir su recuperación paco a poco. Para ello comienza por hacerles hablar, guiare que manifiesten su versión de los hechos sucedidas."Y les dijo: ¿lié conversación lleváis entre los dos mientras vais caminado? Y se detuvieron entristecidas. Una de ellos, de nombre Cleofás, le respondió: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe la que ha pasado allí estos días? El les dijo: ¿Qué ha pasado?"(Lc). El tono de la conversación es amable. Están tristes, desalentados, pero no son hoscos, ni se encierran en el mutismo.

 

"Y le contestaran: lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y ante todo el pueblo"(lc). No llaman Mesías e Jesús, sino sImplemente profeta, ciertamente poderoso, pera desde luego no le llaman Hijo de David, y menas aún Dios y Hombre verdadero. Están decepcionados de Jesús, luego cuentan "cómo las príncipes de los sacerdotes y nuestras magistrados lo entregaran pare que lo condenaran a muerte y lo crucificaron"(Lc).

 

Hasta que llegan a la raíz de su decepción: "Sin embargo nosotros esperábamos que él sería quien redimiera e lsrael"(Lc). Por eso dicen: "Pero, con todo, es ya el tercer día desde que han pasado estas casas. Bien es verdad que algunas mujeres de las que están con nosotros nos han sobresaltado, porque fueron al sepulcro de madrugada y, al no encontrar el cuerpo, vinieron diciendo que habían tenido una visión de ángeles, los cuales les dijeron que está vivo, Después fueron algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como dijeron las mujeres, pero a él no le vieron"(lc).

 

La reacción del forastero a estas explicaciones es rotunda: "¡0h necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los profetas"(Lc). Cleofás y su compañero se debieron detener al oír estas palabras. Aquel desconocido les llamaba ignorantes y testarudos. Pero no pueden enfadarse con aquel hombre que les increpa sin querer humillarles: lo perciben en su voz: lo ven en su gesto y en aquella mirada llena de cariño.

 

Entonces escuchan las palabras de aquel peregrino "¿Na era precisa que el Cristo padeciera estas cosas y así entrara en su gloria? Y comenzando por todos los Profetas les interpretaba en todas las Escrituras lo que se refería a él"(lc).

 

La exposición debió ser más larga, pero hay algo que no es fácil captar por la letra escrita: es el tono de la conversación. De hecho los de Emaús se dicen entre ellos cuando Jesús desaparece: "¿No es verdad que ardía muestro corazón dentro de nosotros, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?"(Lc). Jesús los entusiasma, poco a poco ha ido elevando la temperatura espiritual, y la luz se va haciendo en sus mentes mientras vuelve el fuego a sus corazones. Jesús empieza por los libros atribuidos a Moisés, después continúa con los salmos que hablaban del Mesías, se detendría en Ezequíel y los demás; pero, sobre todo, el calor de sus palabras se haría más intensa al recordar a Isaías cuyas descripciones del Siervo de Yavé daban la impresión de ser las de un espectador de la Pasión,

Al hilo de la conversación llegaron a Emaús por la bien preparada calzada romana; es entonces cuando Jesús tiene un detalle revelador de cómo Nuestro Dios respeta la libertad del hombre. "Llegaron cerca de la aldea a donde iban, y ál hizo ademán da continuar adelante"(Lc), Jesús no impone ni su compañía ni su doctrina. SI hubiesen estado disconformes o irritados con aquel forastero nada más fácil que una despedida, y nunca más sus vidas volverían a encontrarse; pero las palabras de Jesús han sembrado de luz el alma de aquellos hambres, y la esperanza comenzaba e aflorar de nuevo, Están a gusto can el desconocido, y se lamentan de qua hubiesen llegado tan pronto a la meta de su caminar. Saben estar e la altura de las circunstancies, pues le dicen a Jesús: "Quédate con nosotros, parque ya esté anocheciendo y va a caer el dia"(lc); es una de las súplicas más conmovedoras del Evangelio, oscurece (¿quién ha de tener miedo a la oscuridad, los de Emaús o su compañero misterioso?), y después de aquel coloquio ambulante, ahora que todo son sombras, lo necesitan,


Jesús se queda. Cuando Cristo parta el pan; "Y estando juntos en la mesa tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieran las ajos y le reconocieran, pero él desapareció de su presencia. (,,.) Y al instante se levantaron y regresaron a Jerusalén, y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: El Señor ha resucitado realmente y se ha aparecido a Simón. Y ellos contaban lo que les había pasado por el camino, y cómo le habían reconocido en la fracción del pan"tic).

 

Ya no hay oscuridad, ya no hay tristeza, todo es luz. Por fin ven claro, Jesús ha resucitado y les quiere, les perdona, les explica lo que ha pasado y ellos no podían ver. Y exultan de gozo en la nueva vida de Jesús que ya es vida para ellos en sus almas!


(Meditacidn realizada por el presbítero Dr. Enrique Cases)



Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Catequesis
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