Mi?rcoles, 02 de abril de 2008

Publicados en HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO APÓSTOL EN LAS DEHESAS - PUERTO DE LA CRUZ, AÑO 4 - N° 140

 

EJEMPLOS QUE NOS AYUDAN, TRAIDOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ

 

 

El gorrión en el comedor iluminado

 

Cuando el santo Obispo Paulino llegó a la corte del rey pagano Edwin de Northumberland, preguntóle éste si el cristianismo explicaba el origen y el Ultimo destino del hombre, pues le había impresionado cierta comparación que le había hecho uno de sus consejeros. El hombre, decía éste, es como un gorrión que volando en medio de la noche obscura entrase por casualidad por la ventana de un gran comedor iluminado, detiénese unos instantes en el y huye después hacia la oscuridad por la ventana opuesta, sin que ninguno de los convidados pueda decir de dónde vino ni a dónde se dirige, El Obispo contestó que el objeto del cris­tianismo es precisamente enseñar a los hombres la verdad, acerca de su origen y destino; y comenzó por aquí a explicar el símbolo de la fe, haciendo notar que éste empieza enseñándonos que el hombre es una criatura de Dios y termina en cambio recordando que el hombre deberá un día resucitar y entrar en una vida eterna. Tanto gustaron a los oyentes aquellas doctrinas, que muchos de ellos pidieron enseguida el bautismo. La religión es una luz divina para nuestra razón, pues ella da la solución a todos los problemas importantes de la vida.

 

Los seguros de vida

 

Muchas personas, especialmente padres de familia, ingresan en alguna sociedad de seguros sobre la vida; mediante el pago anual de una cantidad determinada a la sociedad aseguradora, ésta paga a los individuos de la familia del asegurado, después de la muerte de éste, una suma anual que suele aventajar considerablemente a la cuota pagada. Se dan también otras clases de seguros, por ejemplo, seguro contra incendios, contra accidentes, contra el granizo, contra roturas, etc. El que ha ingresado en una de estas sociedades y sufre después alguna desgracia debida al fuego, a alguna caída, al granizo, a alguna rotura, etc., es resarcido por la sociedad de las pérdidas sufridas, entregándole al punto la suma de dinero correspondiente. Por eso el que se acoge a alguno de estos seguros se ahorra toda inquietud y desasosiego. Mucho menos tiene éste que temer ante tal desventura que otro que no haya hecho el seguro. Cosa parecida acontece a aquellos hombres que tienen religión y a aquellos que carecen de ella. El que tiene religión está como asegurado en el seguro de Dios; poco o nada tiene que temer ante la muerte. El irre­ligioso, en cambio, tiene todos los motivos para temer a la muerte; pues al negar ésta, pierde toda pers­pectiva y toda esperanza.

 

El fin de una madre que había dejado a su hijo sin instrucción religiosa

 

El párroco de Voiron, cercano a Grenoble, en Francia, dijo un día a una madre: "Mande usted con regularidad a su hijo al Catecismo, pues de otra manera no podré aceptarle a la Primera Comunión». La madre replicó: «Mi hijo no necesita instruc­ción religiosa ni Primera Comunión; las encinas, sin necesidad de religión, crecen perfectamente en el bosque». A esto opuso el párroco: «Ciertamente, pobre mujer, tampoco las terneras en el establo tienen necesidad alguna de ello». Esto acontecía el año 1890. En Septiembre de 1910 o sea veinte años después, esté hijo fue condenado a muerte por la audiencia. Había estrangulado a su propia madre por no haberle querido dar dinero para ir a la taberna. Vese por ahí que el hombre irreligioso se trueca fácilmente en criminal y cómo se cumple aquel adagio: «En tu pecado llevarás la penitencia».

 


Publicado por verdenaranja @ 23:01
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