Jueves, 03 de abril de 2008

Extracto de trabajo sobre El Carisma  del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. FIDELIDAD Y RENOVACIÓN  por el P. Antonio Diufaín Mora.


¿QUÉ SON LOS MOVIMIENTOS?

Los diferentes movimientos eclesiales ponen de relieve diversos aspectos del gran Movimiento que es la Iglesia.

La Iglesia misma es un movimiento que nace de la iniciativa amorosa del Padre, origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu Santo. La Iglesia es un movimiento que se inscribe en la historia del hombre.

La proclamación dinámica del Evangelio comenzó con la venida del Espíritu Santo en forma de viento y fuego. El mensaje de la muerte y resurrección de Cristo no es un acontecimiento estático. Exige movimiento. Trata de alcanzar a otros. Pide ser esparcido lejos y ampliamente.


Cuando este movimiento de Dios hacia los hombres encuentra eco amoroso en ellos, nace la respuesta de la fe: los hombres se mueven hacia Dios. Este movimiento de los hombres hacia Dios es fruto de la acción de Dios y de la libre decisión del hombre.


Cuando un grupo de personas se une para vivir su vida cristiana en coherencia con este encuentro, para profundizarlo en su existencia diaria y para tratar que otras personas se unan a su experiencia, es cuando surge un movimiento concreto que viene a ser y a expresar un aspecto del múltiple movimiento que es la Iglesia.

Nada más lógico, por tanto, que la presencia simultánea de diversos movimientos en la Iglesia. Aunque todos son para vivir el Evangelio, cada uno pone de relieve alguno de sus aspectos fundamentales.

En el origen de los movimientos hay siempre una gracia especial, concedida por Dios a la Iglesia de un modo directo o indirecto, sirviéndose Dios de ciertas situaciones históricas de la Iglesia o de la sociedad, o de ciertas necesidades de los hombres a las que es urgente responder.

“Manifestando la lozanía de la experiencia cristiana fundada en el encuentro personal con Cristo. A pesar de la diversidad de sus formas, los movimientos se caracterizan por su conciencia común de la «novedad» que la gracia bautismal aporta a la vida, por el singular deseo de profundizar el misterio de la comunión con Cristo y con los hermanos, y por la firme fidelidad al patrimonio de la fe transmitido por la corriente viva de la Tradición. Esto produce un renovado impulso misionero que lleva a encontrarse con los hombres y mujeres de nuestra época, en las situaciones concretas en que se hallan, y a contemplar con una mirada rebosante de amor la dignidad, las necesidades y el destino de cada uno.”

 

Un Movimiento Eclesial es un conjunto de personas libremente unidas, no por lazos jurídicos sino, por compartir, a partir de una experiencia de encuentro con Cristo, un itinerario de fe, unas ideas (criterios, valores, métodos, actitudes y opciones) y una intencionalidad comunes, como respuesta suscitada por el Espíritu a unas circunstancias concretas, y que se organizan para lograr un propósito apostólico común, que pone de relieve algunos aspectos concretos del gran movimiento que es la Iglesia.



1.  cf. OMCC, Ideas Fundamentales del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, Segunda Redacción (1990), tercera edición, Caracas, 1995, (IFMCC), nn 77-85.

2.   “En varias ocasiones he subrayado que no existe contraste o contraposición en la Iglesia entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de la que los movimientos son una expresión significativa. Ambas son igualmente esenciales para la constitución divina de la Iglesia fundada por Jesús, porque contribuyen a hacer presente el misterio de Cristo y su obra salvífica en el mundo. Unidas, también, tienden a renovar, según sus modos propios, la autoconciencia de la Iglesia que, en cierto sentido, puede definirse «movimiento», pues es la realización en el tiempo y en el espacio de la misión del Hijo por obra del Padre con la fuerza del Espíritu Santo” (J. Pablo II, Mensaje al Congreso de Movimientos eclesiales, mayo-1998).

3.  “A pesar de la diversidad de sus formas, los movimientos se caracterizan por su conciencia común de la «novedad» que la gracia bautismal aporta a la vida, por el singular deseo de profundizar el misterio de la comunión con Cristo y con los hermanos, y por la firme fidelidad al patrimonio de la fe transmitido por la corriente viva de la Tradición. Esto produce un renovado impulso misionero que lleva a encontrarse con los hombres y mujeres de nuestra época, en las situaciones concretas en que se hallan, y a contemplar con una mirada rebosante de amor la dignidad, las necesidades y el destino de cada uno” (J. Pablo II, Mensaje al Congreso de Movimientos eclesiales, mayo-1998).

4.  “Los movimientos reconocidos oficialmente por la autoridad eclesiástica se proponen como forma de autorealización y reflejos de la única Iglesia. Su nacimiento y su difusión han traído a la vida de la Iglesia una inesperada novedad, a veces incluso de alguna manera desgarradora. Esto no ha dejado de suscitar interrogantes, sinsabores y tensiones, algunas veces ha comportado presunciones e intemperancias, de un lado; y no pocos prejuicios y reservas, del otro. Ha sido un período de prueba para su fidelidad, una ocasión importante para verificar la genuinidad de sus carismas” (J. Pablo II, Homilía en el Encuentro de Nuevos Movimientos y Comunidades, Pentecostés, Roma, 1998).

5.  “Cada movimiento difiere del otro, pero todos están unidos en la misma comunión y en la misma misión” (J. Pablo II, Homilía en el Encuentro de Nuevos Movimientos y Comunidades, Pentecostés, Roma, 1998).

6.  “Los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales... son una respuesta suscitada por el espíritu Santo a este dramático desafío del fin del milenio. ¡Ellos son, ustedes son, la respuesta providencial! (J. Pablo II, Homilía en el Encuentro de Nuevos Movimientos y Comunidades, Pentecostés, Roma, 1998).

“Observamos un vigoroso y diversificado florecimiento de movimientos eclesiales y nuevas comunidades. Este don del Espíritu Santo es un signo más de que Dios encuentra siempre respuestas adecuadas y prontas a los desafíos planteados a la fe y a la Iglesia en cada época” (J. Pablo II, Mensaje al Congreso Internacional del Laicado Católico, Roma 2000).

7.  J. Pablo II, Mensaje al Congreso de Movimientos eclesiales, mayo-1998


Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Espiritualidad
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