Jueves, 03 de abril de 2008

Extracto de trabajo sobre El Carisma del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, por el P. Antonio Diufaín Mora.


EL CARISMA DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS

 

LA ADJETIVACIÓN DEL CARISMA DEL MCC: ¿FUNDACIONAL? ¿INICIAL? ¿ORIGINAL?

 

CARISMA “FUNDACIONAL”

 

La expresión “carisma fundacional” se entiende comúnmente como el carisma dado al fundador de una familia religiosa en la Iglesia, reconocido por la autoridad eclesiástica, y que pervive de alguna manera en sus miembros.


Así hablamos del carisma de los dominicos, de los jesuitas, o de las clarisas...


Los seguidores tratan de vivir y perpetuar el carisma recibido por sus fundadores y, de alguna manera, participan del mismo carisma.


Lógicamente, cuando se presentan nuevas situaciones (culturales, sociales, históricas, económicas, eclesiales, geográficas...) tratan de adaptar la vivencia y la expresión del carisma fundacional a las cambiantes circunstancias, sin perder la identidad.


Entonces se apela al carisma fundacional, que se encuentra recogido en la vida y escritos del fundador, en las primeras reglas o constituciones –sancionadas por la autoridad eclesiástica– y en las tradiciones legítimas del grupo religioso en cuestión.


Tener un fundador facilita enormemente la identificación del carisma y su vivencia en las distintas circunstancias, sobre todo, como ocurre en la mayoría de los casos, si el fundador vive o se ocupó de expresar por escrito (reglas, constituciones, otros escritos, cartas...) cual era su intención al fundar la congregación.


La autoridad del fundador es determinante en todo lo referente al carisma fundacional.


En el “fundador” se da, normalmente:


Una vida de santidad.

Un carisma especial, puesto al servicio de la Iglesia.

La intención de fundar.

La humilde aceptación de la incomprensión inicial provocada por la novedad del carisma.

La conciencia de que no es obra suya, sino de Dios.

La voluntaria huída de cualquier protagonismo.

Una clara conciencia eclesial.

Un deseo de que su carisma sea discernido y reconocido por los legítimos pastores de la Iglesia.

La aceptación gozosa de indicaciones, matizaciones y correcciones por parte de la Jerarquía.

Unos seguidores que le reconocen como fundador y poseedor del carisma.


CARISMA INICIAL


El movimiento no se funda, se inicia.


La palabra “fundación” tiene connotaciones estáticas de solidez, de asentamiento; la palabra “inicio” tiene resonancias dinámicas, de movimiento.


Algo “fundado” es algo sólidamente establecido; lo “iniciado”, aunque tiene un comienzo en el tiempo y una base donde se apoya para tomar impulso, es algo dinámico, en continuo crecimiento, desarrollo y evolución.


Cursillos no tiene fundador, ni propietario, sino “iniciadores”.


En el Movimiento de Cursillos a nadie se le puede atribuir con propiedad, y sin falsificar los hechos, el carisma de fundador[1][1]. Siempre, en la sana literatura del Movimiento, se habla de "iniciadores"; no de fundadores ni de "madres", sino de "parteras".


“Esta es una especificidad del MCC, un hecho diferencial que le otorga su peculiaridad concreta: ser obra de La Iglesia en su conjunto. Seglares, sacerdotes y el obispo diocesano que, dóciles a la acción del Espíritu Santo, propician una obra de Dios y de la Iglesia.”

El hecho histórico de que el MCC no es algo “fundado” ni, por tanto, tiene un “fundador”, implica necesariamente que en el Movimiento no podemos hablar con propiedad de “carisma fundacional”.


CARISMA ORIGINAL


La palabra “original”  hace referencia a lo inicial, a lo propio y a lo genuino, por eso se puede emplear, y muy adecuadamente, para calificar el carisma del Movimiento.

Es la expresión que usa el Pontificio Consejo para los Laicos en el Decreto de Reconocimiento y en el Estatuto del OMCC.


CONCLUSIÓN

Al no tener un fundador único, sino un grupo de “iniciadores" en el MCC no podemos hablar, con propiedad, de “carisma fundacional”, sino de “carisma inicial”, “carisma original” o “carisma propio”, o simplemente, “carisma de Cursillos”, recibido por los iniciadores y compartido por todos los que formamos el Movimiento.
“Esta gracia del Espíritu –o “carisma”– no es propiedad de nadie más que del Espíritu y la Iglesia en cuanto animada por el Espíritu. Lo derrama el Espíritu sobre cuantos vamos trabajando en Cursillos, empezando por los iniciadores. Es expansiva en las muchas personas que van participando, y en los tiempos en que va desarrollándose el Movimiento”. “Todo lo que ha obtenido el movimiento y está obteniendo en el mundo es debido al hecho de que el Espíritu Santo es su autor. A mi entender, el carisma se ha ido configurando en el tiempo a través de la acogida que se le ha dispensado cada vez; las personas que toman parte, con las debidas disposiciones, en los tres días del cursillo comprenden la sencillez del mensaje y tratan de traducirlo en la vida concreta de cada día.”.

 

 

 

 ESTATUTO OMCC artículos 3 y 21.

El Diccionario recoge los distintos sentidos de la palabra “original”: que da origen o está en el origen de algo, que no es copia ni imitación, que tiene cierto carácter de novedad.

 “El grupo de los iniciadores del Cursillo de Cristiandad empieza con el Dr. Eduardo Bonnín Aguiló así como algunos pastores, entre ellos el entonces Obispo de Mallorca Monseñor Juan Hervás y Benet (1905-1982) acompañando al Movimiento con la solicitud paterna del Reverendo Monseñor Sebastián Gayá Riera”. (PCL Decreto OMCC).

“De este grupo de iniciadores tuvieron parte muy importante sobre todo laicos guiados por Eduardo Bonnín Aguiló, además de varios pastores, entre los que se encontraban el entonces Obispo de Mallorca, Mons. Juan Hervás Benet y Mons. Sebastián Gayá Riera”. (ESTATUTO, Introducción, 3)

 Cf. ChL, 24: “Los carismas se conceden a la persona (o personas) concreta; pero pueden ser participados también por otros y , de este modo, se continúan en el tiempo como viva y preciosa herencia, que genera una particular afinidad espiritual entre las personas”.

 cf Mons. José Capmany, Carisma y Tradición en Cursillos de Cristiandad, MADRID 1991.

 Eduardo Bonnín, entrevista en Signos de Esperanza, de P. J. Cordes, Madrid, 1998.



 

 En IFMCC sólo aparece una vez la expresión “carisma fundacional”, en el número 354, en referencia a la revisión de los rollos, y ésta puede ser sustituida por “carisma inicial” sin afectar al sentido del párrafo: «los Rollos pueden y deben mantenerse en una postura vigilante de revisión, aunque respetando cuidadosamente la fidelidad al carisma fundacional y al cuerpo de doctrina que en cada momento se revela. Esta posible revisión no debe efectuarse arbitraria e independientemente, sino de forma reflexiva, responsable y coordinada, "con temor y temblor"». Esta es una de las varias imprecisiones del texto de IFMCC, posiblemente fruto de las muchas manos que intervinieron en su redacción, y del deseo expreso de no retocar lo escrito (cf. IFMCC “presentación” de la primera redacción).


Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Espiritualidad
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