Domingo, 06 de abril de 2008


Comentario vocacional al cuarto domingo de pascua sacado de guión litúrgico para la celebaración de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 2008.

 

Comentario vocacional

 

Jesús nos llama a todos a seguirle y ser sus testigos. Así, Benedicto XVI en el Mensaje de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones de este año nos dice que «el don de la fe llama a todos los cristianos a cooperar en la evangelización». Y por la fe, encontramos en Jesús el ejemplo para nuestra vida y para nuestra misión, la misión que Él mismo nos encomienda.


En el marco de esta Jornada escuchamos hoy de nuevo su voz que nos vuelve a decir: «Te necesito». Y nos deberíamos preguntar hoy: «¿Y para qué me necesita el Señor? ¿Qué espera de mi?». Quizá en las lecturas de este cuarto domingo de Pascua encontremos una respuesta personal a estos interrogantes.

Ya sabemos que este domingo es conocido como «el domingo del Buen Pastor» aunque en el evangelio del ciclo A que proclamamos hoy esta idea sólo aparece sugerida. Y es que Juan juega con dos imágenes (la del pastor y la de la puerta) que se acompañan y yuxtaponen. La contemplación de Jesús como pastor y' como puerta nos ayudará a escuchar hoy su llamada y configurarnos con él.


En boca de Jesús, el pastor se caracteriza porque llama a las ovejas por su nombre y porque camina delante de ellas, de tal modo que su voz resulta familiar y conocida por las ovejas (vv. 3 y 4). «Llamar por el nombre» sugiere que las conoce profundamente, porque el nombre en su sentido bíblico refleja tanto la identidad como la misión de la persona. «Caminar delante» no es otra cosa que mostrar el camino con el propio ejemplo. No es señalarlo sentado al borde del mismo, sino asumir el riesgo y la responsabilidad de guiar. Sin él, como nos dice san Pedro en la segunda lectura, anclábamos descarriados como ovejas, pero ahora hemos vuelto al pastor y guardián de nuestras vidas (v.25). Desde esta perspectiva es obvio que las ovejas se sientan seguras porque pertenecen al rebaño de semejante pastor, a quien siguen porque le conocen y no es un extraño.


Nosotros en nuestra debilidad y tibieza no podemos pretender suplantar al Buen Pastor que es Jesús. Pero Él nos llama a colaborar con El. Fijémonos en sus rasgos y examinémonos: ¿cómo me relaciono con los demás? ¿Les conozco profundamente o sólo de manera superficial? Mi vida, lo quiera o no, muestra algo, dice algo, es testigo de algo. De ahí la pregunta: el ejemplo de mi vida, ¿a qué conduce, a qué anima? ¿He tomado la decisión de que mi vida sea para los demás un reflejo de Jesús?


En un segundo momento Jesús dice: «Yo soy la puerta» (v.7). Es una definición un poco rara pero si se mira con cuidado, también muy sugerente. Por la puerta Él permite pasara los pastores que son como Él, que viven como El y que ejercen su pastoreo como El. Jesús se ofrece como la puerta que da acceso a la salvación para que, gracias a El y a través de Él, tengamos una vida en abundancia. Hay que pasar por El, no hay atajos, para gustar y' saborear esa vida rebosante y llena de sentido que nos regala.


Hoy podemos decir que Jesús nos llama a tener vocación de puerta: ser paso y acceso al pasto de la vicia. Todos los días utilizamos puertas. Son muy útiles pero normalmente pasan desapercibidas a nuestras prisas. No somos conscientes de que están ahí. Ser puerta es abrir camino hacia Jesús y' la vida que el ofrece, con discreción y servicio oculto, sin llamar la atención. Pedro en la primera lectura hace de puerta gracias a una predicación que movió el corazón de los oyentes hacia la conversión.


No conviene, sin embargo, olvidar que Jesús utiliza estas imágenes en oposición a los ladrones y bandidos. En sus palabras late una intención acusadora contra los pastores oficiales del pueblo de Israel, siguiendo la tradición profética de Ezequiel en sus capítulos 34 y 36. El pastoreo de Jesús se define también en oposición al ejercido por los fariseos y gobernantes y, de este modo, el mismo Jesús lleva a cumplimiento la promesa realizada por Dios de enviar pastores «según su corazón». De este modo, la mención que hace Jesús de estos malos pastores es una invitación para no dormirse en los laureles y ser conscientes de que la tentación y el peligro de dejar de ser un buen pastor para convertirse en un salteador, estarán siempre presentes. Habrá que estar alerta.


Recemos hoy para que el Señor nos conceda la gracia de escuchar su llamada «Te necesito».


Publicado por verdenaranja @ 22:30  | Pastoral Vocacional
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios