Lunes, 07 de abril de 2008

Articulo publicado en las páginas amarillas de MISA DOMINICAL, CPL – Barcelona, Año XL, número 6 2008.

 

SOBRE LA FRACCIÓN DEL PAN

 

Un amable lector nos ha enviado una carta sugiriendo algunas consideracio­nes respecto al gesto de la fracción del pan, pues observa que en algunos lugares no se hace adecuadamente. Agradecemos la sugerencia, al tiempo que animamos a todos aquellos que quieran realizar aportaciones.

 

Cierto. El gesto de partir el pan con frecuencia es casi imperceptible para los fieles, pues se hace deprisa y con escasa relevancia, muchas veces mientras la gente se está dando la paz. Es una lástima, porque este gesto lo hizo el mismo Jesús en la última cena, y, además, es uno de los nombres más anti­guos para designar toda la misa, como recuerda el Ordenamiento General del Misal Romano (IGMR, 83): "El gesto realizado por Cristo en la última cena y que en los tiempos apostólicos fue el que sirvió para denominar la íntegra acción eucarística". Además, tiene un simbolismo que va más allá del objetivo práctico: "Significa que los fieles, siendo muchos, en la comunión de un solo pan de vida, que es Cristo muerto y resucitado para la vida del mundo, se hacen un solo cuerpo". El gesto de la fracción del pan se completa con lo que llamamos la "conmixtión": "El sacerdote realiza la fracción del pan y deposita una partícula de la hostia en el cáliz, para significar la unidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor en la obra salvadora, es decir, del Cuerpo de Cristo Jesús viviente y glorioso". Mientras, se canta la invocación del Cordero de Dios.

 

A fin de dar el debido relieve a este gesto, y hacerlo de forma correcta, ofre­cemos algunas pistas:

 

En primer lugar, conviene no empezar la fracción del pan hasta que los fieles hayan acabado de darse la paz. Si hay un canto de paz, esperar a su final e iniciar después la fracción mientras se canta o recita el Cordero de Dios.

 

Hacer la fracción de forma significativa, si puede ser con más de una hostia grande (o todas). Dice en otro lugar la introducción al misal (IGMR, 321): "Conviene... que el sacerdote... pueda realmente partirlo en partes diversas y distribuirlas, al menos, a algunos fieles". Se debe hacer pausadamente, de manera visible (sin quedar escondido tras el cáliz ni a poca altura), incluso hacer audible el ruido por el micrófono.

 

Después de la fracción y la conmixtión, el sacerdote toma uno de los frag­mentos y lo muestra (sobre la patena o sobre el cáliz) a la asamblea: así se ve claramente la fracción realizada. El sacerdote comulga con este mismo fragmento de pan partido, y los otros los repartirá junto con las hostias pequeñas (si las hay) de la patena. Hay que evitar una costumbre que tienen algunos celebrantes de volver a unir las partes de la hostia grande en el momento de mostrarla al pueblo, como si no estuviera partida.

 

Alguna vez incluso algún celebrante comete otro grave error: partir el pan en el momento de decir las palabras del relato de la institución "tomó pan, te dio gracias, lo partió y se lo dio". Esta práctica es absurda, porque tam­poco se reparte el pan al decir "se lo dio".

 

Nuestro interlocutor nos sugería también que hablásemos de la importancia de comulgar con formas consagradas en la misma misa, pero este es otro tema, del cual también hemos hablado recientemente (véase el artículo de Jaume Fontbona, en el número 4 de MD).

 

 XAVIER AYMERICH


Publicado por verdenaranja @ 22:16  | Liturgia
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