Lunes, 07 de abril de 2008

 

 Después de tres años concluye la Misión Joven el 30 de mayo con un Acto de Consagración al Corazón de Jesús, agradeciendo a Dios los frutos apostólicos obtenidos.
A continuación colocamos Carta de los obispos de la Provincia eclesiástica de Madrid,
dirigida a los jóvenes con ocasión del fin de la Misión Joven.


«Volvieron llenos de alegría»

(Lc 10,17)

 

 

Queridos jóvenes:

 

 

Los obispos de las diócesis de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe nos dirigimos a vosotros con alegría y esperanza cuando estamos a punto de concluir la Misión Joven que durante tres años hemos realizado en toda la Provincia Eclesiástica de Madrid. El día 30 de Mayo, fiesta del Sagrado Corazón, nos reuniremos en el Santuario del Cerro de los Ángeles, dedicado al Corazón de Cristo, para celebrar solemnemente la Eucaristía y agradecer a Dios los frutos apostólicos de la misión. Queremos invitaros a vosotros, a vuestros amigos y compañeros, a las familias jóvenes y a todos los que quieran acompañarnos, para contarle al Señor lo que hemos hecho, como hicieron sus discípulos después de haber sido enviados a misionar. También nosotros podemos decirle: «Señor, hasta los demonios se nos sometían en tu nombre», y sin duda escucharemos de nuevo las palabras de Cristo: «Veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo» (Lc 10,17-18).

 

1. La misión, obra de Cristo

 

La misión que hemos realizado, queridos jóvenes, ha sido sobre todo una acción de Cristo que se ha servido de todos nosotros para vencer el mal y el pecado que existe en nuestro mundo y, especialmente, entre los jóvenes. A esto se refiere Jesús cuando dice, confirmando la experiencia de los discípulos, que veía caer a Satanás como un rayo. Cristo tiene el poder sobre el Maligno, al que ha vencido con su muerte y resurrección. Y, por ello, lo ve caer desde el cielo hasta lo más profundo del abismo. Al terminar nuestra misión, estamos alegres porque, con nuestras diversas acciones, hemos servido a Cristo en su acción salvadora. Le hemos prestado nuestras manos y nuestros pies, nuestras palabras y acciones, nuestra persona entera para ser sus testigos llevando la buena nueva del evangelio, que es, sobre todo, el evangelio del perdón y de la misericordia. En la misión habéis sido testigos del amor de Dios para con los hombres. En vuestros encuentros con jóvenes habéis experimentado que la Palabra de Dios es poderosa, capaz de penetrar en el corazón de los jóvenes y convertirlos a Cristo; que su amor vence todo obstáculo y que la mayor desgracia que pueden experimentar los jóvenes de hoy es desconocer a Cristo, que les ama, ha dado la vida por ellos y quiere ser su amigo. Estamos seguros que todos los que habéis participado en la misión podéis contar experiencias de cómo Cristo busca a los jóvenes, los encuentra y los llena de profunda alegría. Seguid trabajando con esta convicción y crecerá vuestra alegría.

 

2. Acción de gracias y contemplación de Cristo

 

El Señor nos invita ahora a la acción de gracias porque Él ha sido grande entre nosotros. Y porque nosotros hemos sido los primeros beneficiados de la misión. «No os alegréis, dice Jesús a sus discípulos, de que los espíritus os estén sometidos; alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en los cielos» (Lc 10,20). Jesús quiere decir que, al colaborar con Él como enviados suyos, nuestros nombres están en la presencia de Dios. Dios nos conoce y nos ama como discípulos y seguidores de Cristo; nos fortalece en las pruebas y nos consuela con el único premio que no se marchita: el Reino de los cielos. Podemos decir que el premio es haber anunciado el Reino de Dios y nuestra recompensa el mismo hecho de proclamar el Evangelio, como decía san Pablo. Por ello, queremos reunirnos todos junto a Cristo, en la Eucaristía, y darle gracias. Lo haremos peregrinando, evocando así el retorno de los discípulos cuando, después de la misión, volvieron llenos de alegría a Cristo, que es el origen y la meta de todo lo que hacemos. Iremos al Cerro de los Ángeles (Getafe), lugar venerable de peregrinación, donde se da culto al Corazón de Cristo, es decir, a su perfecta humanidad, fuente inagotable del amor de Dios.

 

El Papa Benedicto XVI nos decía, cuando nos recibió en Roma con ocasión de la Misión Joven: «No dejéis de cultivar vosotros mismos el encuentro personal con Cristo, de tenerlo siempre en el centro de vuestro corazón, pues así toda vuestra vida se convertirá en misión: dejaréis trasparentar al Cristo que vive en vosotros»1. Somos conscientes de que sólo si vivimos unidos a Cristo tendremos Vida en nosotros y daremos fruto. Sólo así, Él vivirá en nosotros y nos hará sus testigos. La misión es el fruto maduro de nuestro vivir y permanecer en Cristo hasta la muerte. Precisamente en el Cerro de los Ángeles están enterrados los cuerpos de cinco jóvenes que dieron su vida por Cristo en el martirio que padecieron el 23 de Julio de 1936. Su recuerdo inolvidable, como el de tantos otros jóvenes que han dado la vida por Cristo, nos ayudará a ser fieles al Señor ofreciendo nuestras vidas a su servicio.

 

En realidad, el Señor nos invita a mirarle a Él, que es la fuente de donde brota todo amor. Su corazón traspasado, abierto por nuestros pecados, nos ofrece la medida de nuestro amor y entrega. «Dios es amor – nos ha dicho Benedicto XVI – Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esta mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar»2. Como jóvenes que comenzáis a vivir, poned vuestra mirada en el Amor, que es Cristo crucificado, y en Él hallaréis, como han hecho los santos, vuestra verdadera vocación al amor, vuestro camino y plena realización. Es preciso, para ello, estar con Cristo, pasar tiempo con Él y dejarnos transformar por sus propios sentimientos y actitudes, hasta llegar a poseer un corazón como el suyo, humilde y manso (cf. Mt 11,29), lleno de paz y de misericordia, que atraiga a vuestros amigos a compartir la misma experiencia de la fe y de la caridad cristiana.

 

3.  Un futuro lleno de esperanza

 

Eso es misionar: trasformarnos en Cristo para irradiar su propia vida en nuestra pequeña y humilde existencia. «La caridad – nos dice Benedicto XVI – es el alma de la misión... La misión, si no está orientada por la caridad, es decir, si no surge de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a mera actividad filantrópica y social… El amor que Dios tiene por cada persona constituye, de hecho, el corazón de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y cuantos lo acogen se convierten a su vez en testigos»3. Como obispos vuestros os animamos a mirar el futuro con esperanza desde esta perspectiva. Cada uno de nosotros ha sido amado por Dios de manera única y personal, y es la experiencia de este amor la que nos lleva a los hombres de cada generación para que también ellos participen de esta experiencia y amen a Cristo con todas sus energías. Por eso la Iglesia está siempre en misión, porque no puede dejar de anunciar que Dios es amor y quiere ser amado por todos los hombres.

 

Os invitamos a preparar bien este encuentro interdiocesano que se debe caracterizar por la alegría y la esperanza propias de la juventud y de la Iglesia de Cristo. Ya desde ahora pidamos la intercesión de Santa María la Virgen, en cuyo mes de Mayo celebrará este año la Iglesia la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Ella nos enseñará a vivir tan unidos a su Hijo que, como ella, podremos cantar y manifestar a los hombres las maravillas que Dios ha hecho en la pequeñez y humildad de sus siervos. En la Tradición de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús que ha profesado la Iglesia, se encuentran dos cortas y preciosas plegarias: “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”  y “Dulce Corazón de María sed la salvación mía”.

 

Con nuestro profundo afecto y bendición,

 

+ Antonio María Rouco Varela, Cardenal Arzobispo de Madrid

+ Jesús E. Catalá Ibáñez, Obispo de Alcalá de Henares

+ Joaquín María López de Andujar y Cánovas del Castillo, Obispo de Getafe

+ Fidel Herráez Vegas, Obispo auxiliar de Madrid

+ César Franco Martínez, Obispo auxiliar de Madrid

+ Rafael Zornoza Boy, Obispo auxiliar de Getafe

+ Juan Antonio Martínez Camino, Obispo auxiliar de Madrid

 

Madrid, a  16  de Marzo de 2008     

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor



1.  Benedicto XVI, Discurso a los jóvenes peregrinos de la Provincia Eclesiástica de Madrid con motivo de la Misión Joven, Castel Gandolfo, 9 de Agosto de 2007.

2.  Benedicto XVI, Deus Caritas est, 12.

3.  Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, 13 de Octubre de 2006.


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios