Mi?rcoles, 09 de abril de 2008

Guión litúrgico para la celebración de la Pascua del enmfermo 2008 recibido con los materiales para la jornada.

Ante el duelo,

Abiertos a la esperanza

 

Campaña del enfermo 2008

 

GUIÓN LITÚRGICO

VI Domingo de Pascua - Pascua del Enfermo

 

 Sugerencias pastorales

 

Si en la Jornada Mundial del Enfermo se ha utilizado el lenguaje de los símbolos:

 

Las pequeñas velas eran el inicio de una luz que brillaría el día de Pas­cua. Hoy se puede resaltar la fuerza de la luz Pascual.

El centro de flores y una vela, símbolos que colocamos en recuerdo del ser querido que hemos perdido. Hoy vuelven a ser recuerdo y agradecimiento, pues en las experiencias de duelo se agradece el recuerdo hecho aroma de una FLOR, el cariño hecho rocío de una LGRIMA y el apoyo hecho esperanza en la ORACIÓN.

El recipiente con trigo (si el grano de trigo...) podemos unirlo a las espigas, la esperanza del labrador enterrada en tierra que, después del duro invierno, ha dado su fruto.

 

Monición de entrada

 

"Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere". Con estas palabras se nos invita a celebrar la gran fiesta de la Pascua del Enfermo. Es la fiesta en la que celebramos agradecidos todo lo que hemos ido haciendo para fortalecer nuestra sensibilidad hacia quienes viven los momentos de dolor por las pérdidas.

 

Celebramos nuestra fe en la resurrección y la fuerza del Espíritu que nos mueve a dar testimonio del Evangelio impregnando de salud los procesos de dolor y sufrimiento: "En el duelo, abiertos a la esperanza".

 

Finaliza el tiempo de Pascua con la promesa de Jesús de no dejarnos des-amparados, su Espíritu acompañará para siempre el caminar de la Iglesia en medio del mundo. Su Espíritu nos dará fuerza para trabajar con esperanza re­novada y hacer posible la Luz de la Pascua en las etapas oscuras de la vida.

 

Acto penitencial

 

Cristo Jesús murió por nuestros pecados para llevarnos a Dios, que siem­pre nos ofrece su perdón. Acudimos a El con un corazón sincero:

 

Tú, que nos invitas a dar razón de nuestra esperanza. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Tú, que nos impulsas a vivir guardando tus mandamientos de vida y de plenitud. CRISTO, TEN PIEDAD.

Tú, que prometes el envío del Espíritu para que esté siempre con noso­tros. SEÑOR, TEN PIEDAD.

 

Monición a las lecturas

 

En las lecturas que vamos a escuchar aparece el protagonismo del Espí­ritu. En la primera, el Espíritu de Cristo resucitado mueve a sus discípulos a dar testimonio del Evangelio. Pedro, en la segunda, nos enseña que el cris­tiano debe estar siempre dispuesto a dar razón de su fe y de su esperanza. En el Evangelio Jesús, antes de su Pasión, se despide de sus Apóstoles y les tranquiliza prometiéndoles el Espíritu, su propio Espíritu. Se nos ofrecen la fuerza del Espíritu, la fuerza del testimonio y la fuerza de la Promesa.

 

Notas para la Homilía

 

1. Desde la vida

 

La experiencia de la enfermedad es universal y fuente de sufrimientos en un mundo que idealiza la salud. Perder a un ser querido es una de las expe­riencias humanas que mayor sufrimiento entraña.

El fenómeno del duelo resulta familiar, pues todos pasamos por él, pero la variedad de procesos y las situaciones tan diversas, reclaman una atención especial.

Enfermedad, sufrimiento, deterioro y muerte son realidades ante las que no nos sentimos cómodos. Cuando llegan no somos capaces de reconducirlas y dar un sentido de vida y esperanza.

 

 

2. Escuchamos la Palabra de Dios

 

1 a Lectura: Hch 8, 5-8.14-17. Les imponían las manos y recibían al Espíritu Santo. Los discípulos, movidos por el espíritu de Cristo resucitado, evangeli­zaban con palabras y obras de caridad. Ambas cosas se complementan (cf. NMI 50). Felipe predica en Samaria, lo que supone un progreso en la evan­gelización. Las antiguas fronteras seculares del pueblo de Dios caen bajo la acción del Espíritu. Pedro y Juan «confirman» la obra del diácono, que se limitaba a predicar y bautizar. Es la fuerza del Espíritu.

 

Sal 65 Aclamad al Señor, tierra entera. Canto de acción de gracias para expresar la alabanza y reconocimiento al Señor por todos los beneficios reci­bidos de sus manos. Se canta la bondad de Dios y se celebra al Señor como fuente de vida e inagotable fecundidad.

 

2a Lectura: 1P 3, 15-18. Como era hombre, lo mataron, pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. Pedro anima a los cristianos a que no pierdan la mansedumbre y la esperanza, y les invita a que sepan dar razón de esa es­peranza a quien la pidiere, no desde el orgullo o con imposición, sino desde el convencimiento y el respeto, sabiendo que la mejor razón es el buen ejemplo. Es la fuerza del testimonio.

 

Evangelio: In 14, 15-21. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor. A Jesús le resulta difícil la despedida de sus amigos. Se muestra deseoso de aliviar el desgarro de la separación, de llenar el vacío de la ausencia y de fa­cilitarles el futuro. La recomendación se refiere a la palabra y el amor. El que ama guarda la palabra del amigo y la cumple. El que ama será amado, y el que es amado amará más. Es la fuerza de la promesa.

 

3. Celebramos la Pascua del Enfermo

La fe cristiana es consciente de las experiencias de sufrimiento y siempre ha desplegado una particular sensibilidad hacia quienes viven los momentos de dolor por las pérdidas, tanto con ritos específicos como con el compromiso por "dar siempre razones de nuestra esperanza" (1 P3, 15).

 

Contamos con los recursos religiosos y los ritos que nos ayudan a celebrar la presencia de Dios en medio del sufrimiento. Sin embargo, se requiere, como dice Benedicto XVI en la Deus caritas est, 31, una adecuada "forma­ción del corazón" para actualizar la caridad hacia quienes sufren.

 

Nuestra sociedad crece en atenciones ante quien experimenta el duelo, iniciativas encomiables, cuya bondad deseamos reconocer y apoyar desde la comunidad cristiana.

El dolor por la pérdida de un ser querido constituye una experiencia per­sonal, afecta a la persona en su totalidad y reclama una particular atención a la persona, como personas y como creyentes.

 

La fe nos impulsa a cultivar, de forma exquisita, nuestra solidaridad en el consuelo, en un proceso que ha de vivirse con la humildad de quien "pisa tierra sagrada, ante la cual se descalza" (Ex 3, 5). Como Historia de Salvación el destino prometido es la vida en Dios, donde no habrá llanto ni pena (Ap 21, 4), ya que nuestra mirada en Jesús la mañana del domingo (MT 28) nos advierte de que la muerte no mata nuestra esperanza. Nuestra esperanza en la resurrección se hace así fuerza vital que dinamiza nuestra vida, también en el dolor compartido.

 

Oración a los fieles

 

Unidos a Cristo resucitado, oremos al Padre de amor por los enfermos y por todos los que sufren.

 

Por la Iglesia, extendida por todo el mundo, para que fieles al modelo de los primeros cristianos sepamos realizar los signos de esperanza que nuestro mundo necesita.

 

Por quienes rigen los destinos de los pueblos, para que con su trabajo y entrega fomenten la justicia, la paz y el desarrollo de todos.

 

Por todos los cristianos, para que sensibles a los problemas que angus­tian al ser humano, recordemos siempre que la atención y el cuidado forman parte esencial de nuestra misión evangélica.

 

Por los enfermos y quienes les cuidan, en el domicilio, el hospital o cen­tros sociosanitarios. Que tengan con ellos siempre la fuerza de Dios y el amor de los hermanos y muestren así el rostro de la bondad de Dios.

 

Por nuestra comunidad (parroquial), para que seamos un signo vivo y transformador, capaces de irradiar luz y esperanza.

 

Oración: Escucha nuestras súplicas, Señor, derrama tu bondad sobre todos tus hijos y concédenos cuanto te pedimos. Por Jesucristo, nuestro hermano y Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

Bendición solemne

 

Dios nuestro Padre, que por la Resurrección de Cristo nos ha redimido y adoptado como hijos, nos llene de alegría y nos colme de sus bendiciones. Amén.

•Y ya que por la redención de su Hijo hemos recibido el don de la libertad verdadera, por su bondad recibamos también la herencia eterna. Amén.

Y, pues, confesando la fe hemos resucitado con Cristo en el Bautismo, por nuestras buenas obras merezcamos ser admitidos en el cielo. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descien­da sobre vosotros y os acompañe siempre. Amén.

 

Canciones para la celebración

 

Entrada: Alegría de vivir, M. de Terry (1CLN A 3); Cristo nos da la libertad (1CLN n° 727); El que me ama guardará mi palabra (del disco "15 Nuevos cantos para la Misa" de Erdozáin).

Salmo:

Aleluya:

Ofertorio: Este pan y vino, Señor(1CLN H 4); Santo

Comunión: Yo soy el pan de vida, S. Tool (2CLN n° 038); Amaos (Kairoi); Beberemos la copa de Cristo (CLN n° 010) Pequeñas aclaraciones (CLN n° 725)

Final: Regina coeli (gregoriano). Santa María del Camino (J. A. Espinosa; disco Madre Nuestra); Santa María de la Esperanza, otra canción de María, o una popular.


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Liturgia
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