Jueves, 10 de abril de 2008


HOMILIA DE MONS. AGUSTIN RADRIZZANI
PEREGRINACION AL SANTUARIO DE LUJAN - 9 DE ABRIL 2008. (
CEA)


Queridos hermanos:
Hoy hemos venido en peregrinación a la casa de nuestra Madre, nuestra casa: a este querido Santuario de Luján porque tenemos hambre y sed; hambre y sed de justicia, de verdad, de convivencia fraterna, de paz.
En el Evangelio de hoy Jesús nos dice: “El que viene a mí jamás tendrá hambre, el que cree en mí jamás tendrá sed”. Por eso estamos aquí en humilde oración y representando a nuestro querido pueblo, porque en Jesús podemos saciar nuestro hambre y nuestra sed.
Y ahora permítanme queridos hermanos que dirija mis palabras a la Santísima Virgen como una manifestación de confianza en Ella, para que Ella venga en nuestra ayuda.
Virgencita de Luján, madre nuestra muy querida, venimos hoy a tu casa para pedirte por nuestro pueblo, especialmente por los más pobres, débiles y sufrientes.
Tu hijo Jesús prometió que estaría con nosotros siempre que nos reunamos en su nombre. Y aquí estamos tus hijos de Argentina, reunidos en el nombre de Jesús. Con una total confianza en su presencia te pedimos por nuestra Patria.
Ante todo te pedimos que nos ayudes para saber valorar y construir la amistad social. Enséñanos a amarnos como hermanos, a desterrar enfrentamientos, desencuentros, agresión y resentimientos, y que sepamos promover la justicia para todos. Que encontremos la manera, venciendo el egoísmo, de superar toda inequidad. Que no suceda entre nosotros como sucedía en la comunidad de Corinto, que unos tienen demasiado y otros pasan hambre, sino que todos puedan sentarse a la mesa de la creación, nadie se vea excluido y todos puedan llevar una vida digna.
Además queremos pedirte que aprendamos a favorecer y cultivar la disposición al diálogo genuino en la verdad y el respeto entre las personas y los distintos sectores, como camino indispensable en la búsqueda del bien común.
Que cultivemos en nuestro espíritu la convicción de que sentarse a dialogar no es reunirse para prevalecer o imponer, o convencer al otro, sino que el diálogo es fecundo cuando cada uno se pone en el lugar del otro y llegan a un acuerdo, a un punto común, aunque no se logre todo lo que cada uno quiere, pero todos salen enriquecidos por haber buscado, con sinceridad y desprendimiento, la verdad.
Finalmente queremos pedirte Madre que nos ayudes a defender los derechos de cada provincia y de cada pueblo del interior, que seamos uno en la diversidad. Que logremos afianzar las instituciones democráticas de la República, según nuestra Constitución. Esta es nuestra Carta Magna como argentinos y es la mejor garantía para que todos se vean respetados e incluídos en nuestro querido suelo patrio.
Anhelamos un proyecto de nación en el que cada argentino se sienta valorado y respetado en su dignidad, y nuestra comunidad nacional goce de una auténtica y pacífica convivencia donde logremos superar toda mezquindad y con corazón magnánimo, veamos siempre en el otro a un hermano.

A ti, como buena madre que eres, te pedimos que nos hagas buenos unos con otros y nos queramos de verdad.
Dile a tu Hijo Jesús que tenemos hambre y sed por eso hemos venido aquí en nombre de todos.
Y pídele a El que nos dé las gracias que necesitamos para que estas intenciones por las cuales hoy hemos peregrinado, se hagan realidad.
                                                                  Así sea.


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Hablan los obispos
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