Mi?rcoles, 16 de abril de 2008

Reflexión enviada por Obispado de Tenerife para ser tratada durante una jornada dentro del año dedicado a la parroquia del Plan Pastoral Diocesano.

“ALGUNOS ASPECTOS A TENER EN CUENTA PARA UNA PARROQUIA QUE ANUNCIA EL EVANGELIO”

 

Primero, un concepto a aclarar…

 

         Hay veces que los términos que usamos al hablar de “evangelización” pueden resultar equívocos. En este sentido, habría que decir, que propiamente, evangelizar no es lo mismo que anunciar el Evangelio; si bien, evangelizar supone el anuncio del Evangelio. Evangelizar es el proceso total mediante el cual la Iglesia, Pueblo de Dios, movida por el Espíritu Santo, anuncia al mundo el Evangelio del Reino de Dios; da testimonio entre los hombres de la nueva manera de ser y vivir que él inaugura; educa en la fe a los que se convierten a él; celebra en la comunidad de los que creen en él, mediante los sacramentos, la presencia del Señor Jesús y el don del Espíritu; e impregna y transforma con su fuerza todo el orden temporal (Cf. La catequesis de la Comunidad. Orientaciones pastorales para la catequesis en España, hoy, Conferencia Episcopal Española, 1983).

 

         Esta definición, ha pasado a un esquema más sencillo, que se ha hecho ya clásico en la teología pastoral actual. EVANGELIZAR supondría:

 

- El KERIGMA: esto es, el anuncio de la Palabra de Salvación. Lo cual se hace en las parroquias a través de todas aquellas actividades encaminadas hacia el primer anuncio y la catequesis, respectivamente. Desde la elaboración del belén navideño parroquial por los padres ("que no madres") de los niños que están en catequesis, y que no suelen venir a la parroquia, la participación del grupo de Cáritas parroquial en un ciclo de conferencias que promueve la concejalía de Asuntos Sociales de cualquier Ayuntamiento, o la participación de algún miembro significativo de la parroquia en la Asociación de Vecinos del Barrio, hasta todos los procesos catequéticos y catecumenales que hay en las parroquias, encaminados a hacer crecer la fe de todos sus miembros: niños, jóvenes y adultos.

 

- La LITURGÍA: esto es, las celebraciones del Misterio Cristiano, fundamentalmente los sacramentos (aunque no sólo...), y de ellos, la Eucaristía como fuente y culmen de la vida cristiana y de la Iglesia. En ellos se produce ese “divino intercambio”, nosotros traemos la vida, con sus alegrías y esperanzas, sus tristezas y dificultades, y Dios derrama su Gracia, de modo que nuestra vida terrenal se transforme en vida divina, transida por la acción trascendente del Espíritu Santo de Dios.

 

- La DIACONÍA: esto es, el servicio a los últimos y no atendidos. Así como Cristo anunciaba el evangelio haciendo que los ciegos viesen, los cojos andasen, los leprosos quedasen limpios, los sordos oyesen, los muertos resucitasen y los pobres les fuera anunciado la buena noticia (cf. Mt 11, 5); así también la Iglesia, y por ende, la parroquia ha de anunciar el Evangelio salvador y liberador no sólo con palabras sino también y sobre todo con obras. Es este el termómetro que mide la buena o mala salud evangelizadora de una parroquia. Una parroquia donde existe un grupo consolidado de Cáritas, donde se atiende debidamente la pastoral de enfermos, una parroquia que está atenta a las necesidades de su entorno social, es una parroquia que va por el buen camino. Una parroquia que adolece de esto, es una parroquia con una grave y peligrosa carencia, que puede convertirla en esa “campana hueca” de la que habla San Pablo en su carta a los Corintios, donde hay de todo, pero falta lo más importante, lo básico, lo fundamental: “la Caridad, el Amor” (cf. 1Cor 13, 1-ss).

 

- La KOINONÍA: esto es, todas las actividades encaminadas a potenciar la comunión en la comunidad cristiana. Aunque esta última dimensión algunos la integran en las tres anteriores, no son pocos quienes la ponen aparte. Y es que, además de la importancia que este concepto tiene en la definición de la Iglesia, aspecto éste en el que no vamos a entrar ahora; lo cierto es que hoy en día, en una sociedad individualista e individualizante, es importante subrayar todo aquello que nos recuerde que somos comunidad, hijos del mismo Padre Dios, y por tanto, hermanos unos de otros. Es aquí por tanto, donde entrarían en juego todas las infraestructuras materiales y humanas encaminadas al desarrollo orgánico de la vida de la parroquia: desde tener (o trabajar por llegar a tener) unas buenas instalaciones parroquiales y una economía saneada que permitan una labor pastoral “tranquila y centrada en lo verdaderamente importante”, hasta los consejos de pastoral y economía que velen y garanticen por la buena marcha de la parroquia. En este apartado también estarían incluidas esas actividades encaminadas a potenciar el conocimiento mutuo, la hermandad, la familiaridad; tales como encuentros parroquiales, interparroquiales, arciprestales, diocesanos, etc.

 

…Y algunas líneas de acción al respecto…

 

         Si a esto le añadimos que, como hemos apuntado anteriormente, la realidad social secularista y secularizante que nos circunda nos obliga a poner el acento en el Anuncio explícito de Jesucristo, podemos sacar como líneas de acción de todo lo dicho al respecto lo siguiente:

 

1º El mejor anuncio que pueden hacer nuestras parroquias hoy en día es la de trabajar porque en ellas se logre lo dicho hasta ahora en estos últimos cuatro puntos: una parroquia cuyos miembros, de cara a los alejados, se muestran amables, respetuosos, acogedores. Una parroquia que tiene un proceso continuado de catequesis; desde despertar religioso, hasta la confirmación. Que trata de tener un grupo de jóvenes de post-confirmación y oferta a los adultos grupos de corte catecumenal (catequesis familiar, escuelas de la Palabra, grupos de vida, vida ascendente, etc.). Una parroquia que trata de vivir el Misterio Cristiano según el espíritu y la letra del Concilio Vaticano II. Cuidando la estética de lo sagrado (el templo, la liturgia propiamente dicha, etc) y que, aparte de los sacramentos bien y oportunamente celebrados, proporciona a los fieles instrumentos para el desarrollo de su propia espiritualidad (retiros parroquiales, exposiciones del santísimo, grupos de oración, confesión frecuente, etc). Una parroquia que tiene grupo de Cáritas y que atiende a sus enfermos y los tiene en cuenta, como ya dije antes.  Una parroquia que valora y reconoce la necesidad de los instrumentos de comunión, tales como los consejos de pastoral o economía, que cuida su patrimonio porque precisa de él para su labor cotidiana, que promueve la comunión entre sus miembros a través de encuentros, excursiones, convivencias…  Si logramos esto, o, al menos, trabajamos para que esto algún día sea una realidad en nuestras parroquias ya estamos anunciando, y no precisamente mediocremente, a Jesucristo.

 

2º Sin embargo, no cabe duda que hoy por hoy, hay que subrayar todo aquello que supone un acercamiento a los alejados. Un primer anuncio, para los que no conocen ni han oído hablar de Jesucristo (los cuales, sorprendentemente, son cada día más); y un nuevo anuncio, para los muchos que se han dejado arrastrar por la fuerte corriente secularizadora que nos inunda, y que los ha alejado de Jesucristo y su Iglesia. Cobra fuerza aquí la acción social de la Iglesia y la Piedad Popular. Dos áreas de la pastoral de la Iglesia, quizás las únicas, donde la voz de la Iglesia tiene aún fuerza.

Es por ello importante, que los miembros de las parroquias nos preguntemos seriamente por cómo estamos realizando estas dos actividades-realidades pastorales: si realmente mis obras sociales suscitan la pregunta de “por qué-por quién” lo haces; y si, por otro lado, los actos religiosos-populares de mi parroquia están siendo debidamente cuidados, para que realmente lleven al hombre al Dios verdadero.

 

3º Uniendo los dos puntos anteriores, diría que, para que la parroquia anuncie como es debido a Jesucristo, debe de llegar a ser y a hacer lo que siempre ha debido de ser y hacer, y que ya hemos apuntado en el primer punto: Que en el momento histórico en el que nos encontramos ha de, ciertamente, subrayar el anuncio explícito de Jesucristo, en comunión con el lema de nuestro Plan Pastoral…Y finalmente, ha de “TEÑIR” toda la acción pastoral y evangelizadora de la parroquia de ese talante de primer anuncio, que, en nuestros días, se hace irremediablemente necesario en la pastoral cotidiana de la parroquia: desde la catequesis de los niños, la homilía del evangelio dominical, la bendición de la nueva escuela, la visita a un enfermo, etc.

 

A modo de conclusión:

 

La realidad que nos ha tocado vivir es claro que nos empuja hacia una pastoral más misionera y de propuesta audaz y creativa; aunque estemos en países de antigua tradición cristiana... o quizás por ello mismo.

 

         En este sentido, y sea lo que sea lo que en nuestras parroquias hagamos en esta línea, lo que sí es claro, es que todas las acciones pastorales encaminadas al primer o nuevo anuncio, según lo que hemos comentado a lo largo de estas ponencias, han de estar imbuidos por los siguientes elementos teológicos-pastorales:

 

Dinamicidad (ha de involucrar-afectar a la persona).

Brevedad (frente a un proceso formativo más largo que es la catequesis).

Método inductivo (partir de la realidad humana).

Cristocéntrica (anuncio explícito de Jesucristo).

Respeto a la libertad del otro.

Propuesta del itinerario de RE-iniciación cristiana de adultos.

 

Todo ello, supondrá una auténtica “conversión” en nuestros esquemas pastorales, que implicará un esfuerzo por parte de todos los agentes de pastoral de la parroquia. Un esfuerzo que no podemos eludir, si queremos que el Evangelio siga siendo significativo para la sociedad canaria actual. Un auténtico reto que pone a prueba nuestra fe, puesto que es ella la que posibilitará que el mismo Jesucristo obre el milagro de la nueva evangelización en nuestro mundo de antigua y “desgastada” tradición cristiana.


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