Jueves, 24 de abril de 2008

Sugerencias para la homilía de la Jornada de las Vocaciones Nativas 2008 que viene en el guión litúrgico de su celebración.

Desde la Palabra de Dios:


Tenemos todos los elementos básicos que configuran la misión:

a) el diácono Felipe es el misionero enviado por la Iglesia apostólica, que predica a Jesucristo con signos y el poder del Espíritu;
b) los oyentes se hacen cristianos por la fe en la Palabra anunciada y por la acción interior del mismo Espíritu, que corrobora con el gozo la predicación de Felipe; y
c) los apóstoles Pedro y Juan confirman con su presencia y con el sacramento del Espíritu la acción misionera.


La comunidad cristiana está ya fundada en Samaría. Pero tienen que venir las vocaciones nativas, los dones y carismas del Espíritu para estructurar a la Iglesia de Dios. Una Iglesia llega a ser adulta cuando cuenta con vocaciones propias, suficientes para atender sus necesidades y generosas incluso para dar a las Iglesias hermanas.


San Pedro escribe a comunidades cristianas que están, si no perseguidas, sí bajo sospecha. Las estimula a saber vivir entre paganos, sin miedos ni complejos. No han de ser agresivos ni contrarios por sistema. Antes bien, han de ofrecer su testimonio con verdad y mansedumbre. Las obras, por delante. Y con ellas, la palabra que da razón de la esperanza que las anima: Cristo muerto y resucitado. El misterio pascual ha de ser la clave de nuestra vida cristiana, lo que dé sentido a nuestra vida hacia dentro y hacia fuera. No hemos sido enviados a condenar al mundo, sino a salvarlo.


Jesús mismo nos recuerda cuáles son las condiciones para que se sigan cumpliendo sus promesas:

a) permanecer en su amor, en comunión de vida con Él y con su Padre;
b) guardar sus mandamientos (que no son “leyes”, sino palabras vivas);
c) recibir con fe y gratitud el Espíritu de Dios (desmarcándonos del “espíritu del mundo”).
En fidelidad a estas condiciones dadas por el Señor, la Iglesia se tiene que presentar ante los hombres como testigo y sacramento de Jesucristo; no como una institución religiosa con sus ideologías y sus poderes.

 

Desde la Palabra de Dios:


“Responsabilidad de todos”... Las vocaciones las da Dios, es verdad. Pero a nosotros nos toca valorarlas, suscitarlas, orar por ellas, formarlas adecuadamente en los seminarios, casas religiosas, monasterios... La Iglesia es una en sus múltiples Iglesias locales. Estamos unidos por “los vasos comunicantes” del Espíritu. Nos necesitamos mutuamente.


Nuestras viejas Iglesias occidentales han sido fundadoras de Iglesias en tierras de misión. A ellas han destinado generosamente a sus mejores miembros, los misioneros y misioneras. Su mejor trabajo y su más legítimo orgullo son las vocaciones nativas. No solamente aseguran el relevo, sino que son el instrumento del Espíritu que “hace nuevas todas las cosas”. El futuro de la Iglesia pasa por estas vocaciones, que no se limitarán a repetir los modelos heredados de los viejos misioneros, sino que seguirán profundizando en el tesoro del Evangelio y ofreciéndolo a sus conciudadanos de manera renovada y atrayente.


Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Misiones
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