Martes, 29 de abril de 2008

 

 

Entrevista que hace Carlos Pérez a José Carlos Bermejo, religioso camilo, publicada enb la revista de la diócesis de Tenerife "Iglesia Nivariense".  
 

Debemos aprender a esperar lo que deseamos
 
Carlos Pérez


El mucho saber no nos hace más felices. Pero hay una inte­ligencia, la sabiduría del corazón, que es la esencia del bien-estar individual y grupal. Este modo de ser inteligente es distinto de la inteligencia intelectiva, más relacionada con el saber tecnológico, doctrinal, capaz de aspirar al conocimiento de la verdad y de verdades, pero torpe e incluso necia en los entresijos del corazón.

 

P.- ¿En qué consiste la inteligencia emocional?

 

R.- A mí me gusta más hablar de sabi­duría del corazón que de inteligencia emocional. De este tema se empieza a hablar ampliamente en 1996, cuando Daniel Goldman, psicólogo y periodista americano, publicó el libro "Inteligen­cia Emocional". En esta obra se ponía de manifiesto la importancia que ejerce el mundo de los sentimientos y de las relaciones interpersonales, en la efica­cia de nuestras relaciones.

 

Sobre este tema, hablamos con José Carlos Bermejo, reli­gioso camilo, doctor en teología pastoral sanitaria y master en bioética. Actualmente dirige el Centro de Humanización de la Salud y la Escuela de Pastoral de la Salud Nuestra Señora de la Esperanza de la FERS (Federación Española de Religio­sos Sanitarios). Bermejo estuvo recientemente en nuestra isla para impartir una conferencia a miembros de Cáritas.

 

P.- ¿Qué consecuencias puede tener el mal manejo de las emociones?

 

R.- Terribles. Tanto para las personas que atendemos desde la acción social congo para los propios agentes intervi­nientes. Un mal manejo, por ejemplo, de la rabia en un conflicto familiar o en la pérdida de un ser querido, puede hacer que la persona se encuentre, de la noche a la mañana, en la calle. A veces los procesos de exclusión y marginación tienen en su origen no sólo causas tan­gibles, económicas o estructurales, sino que también se deben al mal manejo de los propios sentimientos. Si lo miramos desde el punto de vista de la persona que interviene para promover procesos de integración y de inclusión social, un mal manejo de la desmotivación del ayudado, de la persona que querernos acompañar. puede generar una falta de adherencia a las potencialidades que tiene dentro de sí para salir de las situa­ciones de dificultad y de sufrimiento.

 

P.- Ese mal manejo de las emociones, ¿es el camino a la frustración?

 

R.- Hablamos de inteligencia emocional cuando lograrnos convivir sanamente con una cierta dosis de frustración. Uno de los indicadores de analfabetismo emocional en nuestra sociedad es la dificultad de convivir con el dinamismo de la espera y de posponer la gratificación que comporta ser capaces de con-vivir con la frustración. Querer ya todo sin ser capaces de esperar sanamente a satisfacer los deseos de que se cumpla aquello que esperamos, es un indicador de falta de inteligencia emocional.

 

P.- Tú pones el ejemplo de que, actual-mente, vivimos "domingos anticipados".

 

R.- Es un ejemplo muy gráfico de nues­tra creciente dificultad para manejar la frustración. El domingo está dedicando al descanso, al ocio, excepto para las personas que hacen guardias en tantas profesiones. Se trata de un tiempo para los amigos, para la fiesta, para la cele­bración. Este dinamismo en que nos estamos metiendo cada vez de forma más intensa y progresiva en virtud del cual anticipamos este tiempo para el jueves o el viernes, en los lugares de estudio, sobre todo, nos lleva a consu­mir el significado del domingo antici­padamente. Nada pasaría si supiéramos vivir también sanamente el domingo, lo cierto es que hay cada vez más personas que durante el domingo experimentan ese llamado vacío existencial o neuro-sis dominguera, como la llaman algu­nos autores. La sabiduría emocional nos tendría que llevar a saber esperar lo que deseamos. Todo debe llegar pero en su justo momento.

 

P.- Uno de los lastres actuales en muchos trabajos es la escasa moti­vación. ¿Cuáles son los secretos para motivarnos adecuadamente?

 

R.- Normalmente acudimos a solicitu­des de motivaciones extrínsecas: que nos paguen más, que nos mejoren las condiciones, etc. Por otro lado, algunos autores subrayan el valor de las moti­vaciones intrínsecas. Estas hablan de valores, de convencimientos, de cono-cimiento del sentido de lo que hacemos, de vocación, en definitiva, se trata de identificarnos con el sentido último que tiene aquello que hacemos y no sólo con la recompensa tangible que nos pueda venir desde fuera. En último tér­mino, hay personas que han sido ejem­plares como Víctor Frankl, psiquiatra judío vienés que estuvo en los campos de concentración nazi. En el escenario más adverso e inimaginable le moti­vada la búsqueda del sentido último de las cosas y por mucho que tuviera razo­nes para quitarse la vida, como hicieron otros compañeros, él no sólo fue capaz de sobrevivir sino de salir reforzado de aquella situación absolutamente desmo­tivadota.

 

P.- En este ámbito de la motivación, tú haces referencia a un cuento sobre un hecho ficticio que le sucede a Paganini.

 

R.- Efectivamente. Al violinista Paga­nini se le iban rompiendo las cuerdas a medida que tocaba, motivo suficiente para desmotivarse. Según se le iba rom­piendo una cuerda, otra y otra, sus com­pañeros de orquesta se iban viniendo abajo. En el relato se refleja como él no paraba a pesar de que se les rompieran y sacaba todas las posibilidades y todas las notas con el arte de alguien que no se deja aplastar por la adversidad. Gra­cias a esa motivación interior era capaz de continuar y así también de animar y motivar al entorno.


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Entrevistas
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