Mi?rcoles, 30 de abril de 2008

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h. publicado en EL DÍA el miércoles 30 de Abril de 2008 en la sección CRITERIOS, bajo el epígrafe "Luz en el Camino".

Los ciudadanos católicos y la política


EN LA CONFERENCIA Episcopal española, desde su fundación, como en todas las demás de la Iglesia, no han faltado -y con oportunidad- documentos sobre "los ciudadanos católicos en la vida pública". Del publicado, en l986, por la de España, ofrecemos el siguiente resumen de las reflexiones expresadas en valiosos comentarios editoriales de algunos diarios nacionales. Como observará el lector, siguen siendo muy actuales:


- Hay que destacar la alegría con que los autores de aquel documento contemplaban el desarrollo de algunos valores que, entonces, llamaban muy importantes -y ahora y nunca dejarán de serlos-, como la dignidad, los derechos y deberes de la persona, la libertad como cualidad inalienable del hombre y el reconocimiento de la primacía de la sociedad sobre el Estado: en suma, hay en este documento, y en todos los demás publicados sobre el mismo tema hasta la fecha, un pleno reconocimiento de las libertades públicas y de los derechos y deberes en un Estado de derecho.


- Los obispos reafirmaban -como ahora- su voluntad de respetar la legítima autonomía de la vida política, aunque no pueden menos de alzarse -y más en gobiernos democráticos- contra el propósito de sustituir los valores morales de la religión por otra concepción de vida inspirada en el agnosticismo, el materialismo y el permisivismo moral, especialmente por la puesta al servicio de los medios de comunicación de un proyecto político y cultural que recorta gravemente la libertad de los ciudadanos y amenaza con deslizarse haciendo un funcionamiento de la vida social que no respeta ni la división de poderes ni la misma independencia del poder judicial.


- El peligro de dos alternativas equivocadas: la de quienes desearían imponer, por medio de la coacción de las leyes civiles, sus normas morales relativas a la vida social, o la aspiración de quienes, fundándose en la legítima autonomía de las actividades seculares, exigen eliminar cualquier intervención de la Iglesia sobre los católicos en los diversos campos de la vida pública.


- Aquí está el eje crucial de este documento y el que da sentido a su valor práctico:


Por una parte, se rechaza la posible restauración de formas ya superadas de confesionalismo y se reclama la participación de los católicos en la vida política con asociaciones de inspiración cristiana, con carácter excluyente, a partidos políticos o sindicatos. Los cristianos, en esas asociaciones, actúan con libertad y bajo su propia responsabilidad, sin que su actuación caiga bajo la competencia de la autoridad eclesiástica, ni sean atribuibles, aunque lleven ese nombre a la comunidad cristiana, en cuanto tal. La confesionalidad de una institución secular no implica responsabilidad de la Iglesia, ni de la autoridad eclesiástica, en la realización de su proyecto, ni en los resultados obtenidos. En cambio, aceptan esta confesionalidad en obras y proyectos de carácter predominantemente educativo o asistencial, aun reconociendo sus inevitables limitaciones. Es más, estas instituciones, con ese carácter, son positivamente estimuladas en cuanto se acercan a los pobres y necesitados para liberarles de la marginación y la pobreza. Y especialmente estimulan a los padres de familia y los profesores católicos para que se asocien eficazmente en la promoción y vida de los centros


- Separados estos dos tipos de actividades, hasta donde cabe separarlos, la política y la asistencial, este documento alienta a los cristianos a que ponga su inspiración al servicio de la actividad política. Con prudencia cree que esta difícil acción no puede improvisarse, es necesario fomentar la formación de los católicos capacitándolos para que puedan actuar en los diferentes ámbitos de la vida política con verdadera inspiración espiritual y una adecuada preparación profesional.


- Lo importante e inquietante de este documento estriba en impulsar a los cristianos a asumir las responsabilidades que les conceden los derechos de una sociedad libre para participar bajo su propia responsabilidad en la vida política, evitando hasta la apariencia del intervencionismo de la Iglesia y de las autoridades eclesiásticas más allá de sus competencias estrictamente religiosas y morales.


- Este documento exige mucho a los cristianos y hasta a los mismos eclesiásticos, a los que anima a promover o a acompañar a los seglares comprometidos. Y al comentarlo así, hay que insistir con toda claridad y empeño en la dificultad y en el esfuerzo que se pide a todos, eclesiásticos y seglares, para hacer de ellos los agentes serenos y responsables de una España mejor, más moderna, más próspera, más justa y alegre, en una palabra más cristiana.


¿Estas reflexiones han perdido actualidad o la han aumentado en la sociedad espiritual y política que estamos viviendo? Las instituciones, como los cuerpos, viven y se desarrollan positivamente mientras tienen su propia alma; y mueren cuando la pierden; y sólo reviven cuando la recuperan. Empeñarse en crear instituciones o restaurarlas sin contar con el espíritu que les dio existencia y consistencia es desenterrar cadáveres y recomponer esqueletos. No hay otro camino ni otros resultados. Ahí está la historia.


* Capellán de la clínica

S. Juan de Dios

Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h.*

 


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