S?bado, 10 de mayo de 2008
VATICANO - La Encíclica "Humanae Vitae" del Papa Pablo VI continua siendo después de cuarenta años

Roma (Agencia Fides) - "La Universidad del Papa no podía dejar pasar en el silencio la celebración de los cuarenta años de la Humanae vitae". Con estas palabras introdujo Su Exc. Mons. Rino Fisichella, Rector Magnífico de la Pontificia Universidad Lateranense, la primera sesión del Congreso internacional, que llevaba por título “Custodios e intérpretes de la vida", del 8 al 10 de mayo, y que concluirá con el encuentro con el Santo Padre Benedicto XVI. El centro del Congreso era la encíclica promulgada por el Papa Pablo VI, en aquel 1968 tan lleno de vicisitudes y cambios. El contenido de la Humanae vitae continua siendo muy actual, y a 40 años de distancia consigue todavía ofrecer enseñanzas y reflexiones esenciales al hombre moderno. Además, la distancia cronológica con que se mira esta iniciativa y todo el contexto en el que se desarrolla, ofrece una vez más, razón de la justicia y de la competencia de las elecciones realizadas en aquel momento.

La primera sesión del Congreso ha estado centrada en el papel del Concilio Vaticano II, del que la encíclica fue, de algún modo hija, en relación a los cambios culturales de los años 70. Una encíclica que fue muy combatida y poco comprendida incluso en entornos católicos - que evidentemente esperaban de la Iglesia algunas facilidades -, pero que, diez años más tarde, el Papa Montini reconoció como uno de los momentos que más marcaron su Pontificado. Desde la Casti Connubii de Pío XI (1930), los Pontífices se habían interesado en el problema de la familia y de la relación entre hombre y mujer. En el 1968 la planificación familiar era reconocida como un derecho humano por la ONU y el debate sobre la contracepción estaba en el centro del interés social por la aparición en el mercado de la primera forma de control, que hacía a las mujeres libres y sin vínculos como los hombres: la píldora, creación del biólogo estadounidense Pincus.

El Papa Juan XXIII, después de inaugurar, el 11 de octubre de 1962 el Concilio Vaticano II, en la primavera del 63, instituyó una Comisión Pontificia para un estudio sobre población, familia y natalidad, cuyos trabajos se entrelazaban, inevitablemente, con los del Concilio. En 1966 la Comisión llegó, con algunos contrastes, a la aceptación de la contracepción en el ámbito de una paternidad responsable. El Papa Montini no aceptó estas conclusiones y elaboró el texto de la encíclica. Una decisión casi solitaria, valiente y audaz en aquel entonces, que tuvo en cambio, también algunos apoyos, entre ellos, el de los futuros Pontífices Wojtyla y Ratzinger. Estos son algunos datos históricos, importantes ejemplificados por el prof. Giovanni Maria Vian, Director de "Osservatore Romano", que permitieron comprender la época y el espíritu en que fue pensada y redactada la encíclica.

Lucetta Scaraffia, docente de Historia contemporánea en la universidad ‘La Sapienza’ de Roma, citó el prefacio que el cardenal Ratzinger hizo a la reedición de la Humanae vitae, en el que afirmaba que la única culpa de Pablo VI fue haber tenido "una idea demasiado grande del ser humano". La Prof. Scaraffia introdujo el escenario cultural de los años de la Encíclica, en el que la libertad sexual, la emancipación de la mujer y los progresos científicos (ante todo la píldora) llevaron a aquella revolución sexual sin la cual, según los teóricos, no podía haber ninguna transformación social ni hipótesis de felicidad humana. Los principios en los que se fundaba la ideología de aquellos años viven, ya, una fase menguante. He aquí porque la relectura de la Encíclica de Pablo VI puede llevar hoy a una novedad en la concepción de la familia, del matrimonio, de la relación de amor entre hombre y mujer. (P.C) (Agencia Fides 9/5/2008; Líneas: 43 Palabras: 632)


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