Martes, 13 de mayo de 2008

Artículo publicado en la revista "Iglesia Nivariense", número 82  MARZO 2008, en la sección "La calle opina".

LA IMPORTANCIA DEL
ACOMPAÑAMIENTO

 

Corría el año 1965 a la caída de la tarde, en la Plaza de la Catedral en La Laguna, cuando se me acercó Juan Antonio Osuna —entrañable amigo— que me presentó un papel, al tiempo que, con su habitual sentido del humor, me decía ¿te importa firmarme estas letras?

 

La realidad era que me presentaba una solicitud para hacer un Cursillo de Cristiandad, solicitud que firmé por com­promiso, pasando de tener el mínimo interés por hacer ese cursillo.

 

Pero, puntualmente, Juan Antonio, cada vez que iba a realizarse un cursillo, pasaba a recordármelo, y una y otra vez yo le decía que sí, que iba y otras tantas veces, cuando era inmediata la celebra­ción del mismo, le ponía una disculpa para no ir.

 

Pero había topado con Juan Antonio Osuna, constante y sin desaliento.

Hasta que por su constancia y por consejo de mi esposa que me dijo "vete, que te puede hacer bien", y el 17 de Junio de 1967 dos años más tarde de la primera invitación participé en el cursi­llo número 70 de esta diócesis.

 

El cursillo marcó un hito importante en la vida de mi esposa --que hizo su cur­sillo un mes más tarde— y en la mía, en las cuales el acompañamiento ha sido —y es— fundamental.

 

Fruto de ese acompañamiento, parti­cipamos activamente en el Movimiento de Cursillos, en actos y charlas parroquia-les, en obras sociales corno Aspronte, y actualmente en el Movimiento de Familias Cristianas. Actividades todas ellas en que nos sentirnos acompañados con nuestro grupo de amistad, con nuestros consiliarios, al igual que actualmente con nuestro grupo de matrimonios, y por la relación fraternal con los miembros de nuestra Iglesia.

 

En nuestra rica andadura por los sen­deros de nuestra Iglesia, hemos tenido

oportunidad de conocer y fraguar sólidas amistades, que seguimos manteniendo y recordando. Amistades que se han vin­culado y trabajan activamente en la Dió­cesis y también recordando a quienes —tal vez por no encontrar el "acompaña-miento" adecuado— han tirado la toalla y los propósitos ilusionados con que salían de un Cursillo de Cristiandad o de un Encuentro de Matrimonios, se han que-dado en eso, en propósitos y nada más.

 

Hoy nuestra Iglesia ofrece numero­sos campos donde los cristianos pode-mos aportar nuestro granito de arena, tan necesario y más en esta época, para lo que necesitamos ser compañeros de camino, sintiéndonos acompañados o sabiendo acompañar.

 

Un buen acompañamiento, dado o recibido, hará que nuestro cristianismo esté solidamente asentado, capaz de hacerle frente a las más duras tormentas, ya que sabemos de quién nos hemos fiado.

 

Quién pretenda intentar vivir en cris­tiano por libre, en solitario, difícilmente evitará que el ambiente lo arrastre.

 

Desde aquí, un fraternal abrazo a Juan Antonio Osuna, constante y tenaz, buen compañero, así como a todos aquellos y aquellas que tuvimos la oportunidad de conocer y querer, que, con su testimonio, han dejado profunda huella en nuestras vidas.


Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios