Domingo, 18 de mayo de 2008

Introducción a la Jornada "Pro Orántibus" de Monseñor Jesús Sanz Montes,  Obispo de Huesca y de Jaca, Presidente de la C.E. para la Vida Consagrada, que se celebra en la solemnidad de la Santísima Trinidad, 18 de Mayo de 2008.


La Palabra en el silencio
Escuchar a Dios en la vida contemplativa

 

El Evangelio, como Palabra de Buena Nueva que Dios nos ha pronunciado para siempre en su Hijo, se hace fuego que ilumina y verbo que nos habla. Mientras que el silencio posibilita la escucha de una palabra, el mutismo acorrala en el rechazo que censura cualquier hablar. Así como la noche es un tiempo de espera al alba que cada día se nos da, la tiniebla es la imposición oscurecida que nos hurta siempre un deseado clarear. De este modo entendemos el bello relato de la Sabiduría cuando se nos dice: «Cuando un silencio lo envolvía todo, y la noche se encontraba en la mitad de su carrera, tu Palabra todopoderosa, Señor, saltó de tu trono real de los cielos a una tierra al exterminio» (Sab 18, 14-15). Toda la Historia de la Salvación pende de esta verdad expresada por el autor sapiencial: un silencio y una noche que han sido vencidos, ganados por una palabra acampada que nos ha traído la luz que no conoce ocaso. Dios ha puesto su tienda en medio de todas nuestras contiendas, salvando cualquiera de nuestros exterminios.

 

Dios nos acompaña hablándonos. Dios diluye nuestra soledad poniendo discreto su Palabra entre nosotros y en nosotros mismos, como si fuera un fuego hermano que ilumina y caldea los pasos de nuestra aventura humana y creyente. La Palabra de Dios es un fuego que se hace elocuente y luminoso a la vez, un fuego que alumbra sin deslumbrar, que purifica sin destruir.

 

Siempre estaremos en vilo en el trance de esperar y reconocer la Palabra para la que nacimos, una Palabra que por venir del mismo Dios quiso Él acallarla desde siempre para decírmela a mí y para decirla conmigo.

 

No en vano, la Palabra es el tema del próximo Sínodo de los Obispos en su XII Asamblea General Ordinaria, «la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia». Hay una continuidad con el tema eucarístico del Sínodo anterior, por el estrecho nexo entre Palabra de Dios y Eucaristía.

 

Cada uno de nosotros somos una palabra del Señor dentro de esa gran conversación que es la Historia, aunque no pocas veces nos empeñemos en quedar mudos por decirnos demasiado a nosotros mismos y por no escuchar otras palabras hermanas, ni escuchar juntos los hablares del Señor. No obstante, hemos nacido para esa Palabra por antonomasia que es palabra de fuego, llama encendida. Esta es la novedad antigua y siempre por estrenar:

 

que Dios ha hablado, que no ha dejado de hablar y de tantos modos me ha dirigido su Palabra. Dios nos lo dijo todo en su Hijo bienamado como de modo misterioso se testifica a la orilla del Jordán (Mc 1, 11) y sobre el monte Tabor (Mc 9, 7). Era la Palabra por antonomasia en la que todo fue hecho (Col 1, 16) y en quien todo fue dicho (Jn 1, 1-3). Aquella Palabra aparentemente enmudeció en una muerte no fingida, en una muerte de cruz (Filp 2, 8). Pero esa Palabra vive y habla para siempre tras la resurrección.

 

Jesús mismo nos pidió que guardásemos sus palabras (Jn 14, 23), aunque la pequeñez frágil y vulnerable de nuestra vida hace que no siempre las entendamos o que fácilmente lleguemos a olvidar lo que a duras penas hemos entendido alguna vez. Y esta es la hermosa vocación de tantos hermanos nuestros que en la vida contemplativa claustral hacen de su silencio un espacio donde escuchar la Palabra de Dios. Precisamente en un mundo de tanto ruido y tanta prisa, estos hermanos y hermanas nos recuerdan eso único necesario que es preciso no olvidar jamás, cuando a los pies del Maestro divino escuchan su hablar llenando de sentido un silencio que se hace elocuente para ellos y para toda la Iglesia. Demos gracias al Señor por tan preciosa vocación consagrada.

 

† Jesús Sanz Montes, OFM

Obispo de Huesca y de Jaca

Presidente de la C.E. para la Vida Consagrada


Publicado por verdenaranja @ 0:14  | Hablan los obispos
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