Domingo, 18 de mayo de 2008

Reflexión al texto  1Juan 4, 7-16, publicado en Boletín Bimestral - MAYO-JUNIO 2008 de  Misioneros de la Tercera Edad. Corazón de la Misión.

AMAR PARA CONOCER


El próximo viernes 30 de mayo la Iglesia celebra la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. La espiritualidad del Sagrado Corazón es uno de los caris­mas fundamentales que los combonianos hemos heredado de nuestro fundador San Daniel Comboni. Como todo en la Iglesia, también la espiritualidad del Sagrado Corazón está inspirada en la Palabra de Dios. He aquí algún texto para reflexionar.


"Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.

En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo único para que vivamos por medio de él. (1 Juan 4,7-16).


En este texto la afirmación fundamental es que "todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios". Y también: "Quien no ama no ha conocido a Dios". El Dios a quien "nadie ha visto nunca" lo podemos conocer si amamos. Para San Juan, el conocimiento es un proceso lento y personal. El conocimiento no es un saber, no es una ciencia, es un fruto del amor incondicional: "si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros". Por eso, el que no ama no conoce a Dios, es ciego. En cambio, el que ama, aunque no haya visto nunca a Dios, quizá sin saberlo, lo conocerá.


En esta descripción de la vida cristiana, ni el conocimiento sin amor tiene sentido ni el amor sin conocimiento. El conocimiento no lleva necesariamente al amor, en cambio el amor sí que llevará al conocimiento. La primacía la tiene el amor. Y el amor, o mejor aún la capacidad de amar, según nuestra concep­ción occidental, reside en el corazón del hombre. Por eso relacionamos el amor con el corazón hasta el punto de decir de una persona que tiene "buen" o "mal corazón", según sea su comportamiento.


Y en esto de amar a los otros, nadie como Jesús, que derramó su sangre "por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados". El de Jesús es un corazón traspasado, en coherencia con lo que él mismo había en­señado en vida: "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus ami­gos" (Jn 15,13).


Publicado por verdenaranja @ 23:44  | Espiritualidad
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