Lunes, 19 de mayo de 2008

Carta a mi querido Teófilo del Padre Antonio María Herández del Hogar Santa Rita del puerto de la Cruz, publicada en la revista "Como las Abelas", MARZO-ABRIL, número 38.


¡Mi buen Teófilo, mi buen Teófilo! Ahora soy yo el que tengo que decirte iQué grande eres Teófilo, qué grande eres! Qué valiente has sido al contar tu vida, para mí desconocida, y para cuantos conocen personalmente a tu madre. La verdad, que hace unos días los vi a los dos juntos y creí más bien que era hermana tuya. A pesar de los años y de tantos sufrimientos ¡Qué bien se conserva tu madre! ¡Qué guapísima es! Y ahora, conociendo quién está detrás de ese personaje, entiendo que tú la quieras, que adores a tu madre. Y tú, mi amigo Teófilo, has heredado de tu madre, no sólo tu fisonomía, sino más aún, el corazón.

 

Cómo tu madre con medios rudimentarios y como Dios le ha ayudado, ha hecho de ti un hombre responsable, de altísimos principios, y querido por tantísima gente, no sólo por tus cualidades como un buen profesional en la carrera que desempeñas, sino más aún, por la calidad de tu persona.

 

Ha sido bueno, aunque nunca te lo hubiera pedido, el que hayas contado tus vivencias. Ahora empiezo a entender muchas cosas en tu vida, que para mí eran un tanto oscuras, y que ahora alcanzo a comprender. La verdad es que cada persona es un mundo y un mundo un tanto complicado y misterioso. Es evidente el que tú exclames, a cada paso ¡qué grande es mi madre! ¡Qué grande es mi madre! Cómo ha cuidado en todo momento tu prestigio personal y que su pasado no estropee, en modo alguno, tu fama ante la sociedad, que, de ordinaria, es muy cruel y juzga despiadadamente, sin importarle herir sentimientos personales.

 

El drama es para ella, y para ti. Ahora tengo hasta reparo de repetir aquella frase que tantas veces he dicho a lo largo de mi vida, quizá queriendo defender un tanto a mis padres y por eso mismo decía: "Yo soy hijo de tres amores: Dios, mi padre y mi madre". Recuerdo que una vez una niña me dijo con un tanto de tristeza: "Padre Antonio, yo sólo soy hija de dos amores, de Dios y de mi madre, porque yo no sé quien es mi padre, ni le exijo a mi madre que me lo diga". Y yo en aquella ocasión le dije a la tal niña: "Todavía hay quien lo tenga peor que tú, que tenga que decir que sólo es hija de un solo amor, el de Dios, porque su madre la abandonó al nacer en un contenedor de basura, y alguien por suerte, pudo rescatarla y salvar su vida".

 

De todo hay en el mundo, por desgracia, aunque creo que este último caso entre tantos nacimientos a lo largo y ancho de todo el mundo, es una excepción. Y aún peor, si esa niña no se hubiera salvado. Cuántos niños habrán sido comidos por las ratas, o llevados al camión de la basura, sin que nadie se percate de su existencia. Sin embargo, son multitud de grandes hombres y mujeres hijos de "madres solteras", como el mismo San Martín de Porres, conocido también por "Fray Escoba".

 

Yo no tengo más que decir en esta carta, que felicitarte por esa madre y felicitar a tu madre por ese gran hijo que ha sacado adelante, que tanto bien está haciendo como catedrático de ginecología en la universidad y médico titular en el Hospital Universitario. A cuántos seguro que habrás salvado, a cuántas madres les habrás aconsejado, que desistan del aborto y salven a la criatura que no tiene culpa de nada.

Ahora mismo estoy acordándome de un amigo mío, catedrático de obstetricia en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid, cuando le invité a que diera una charla a unos jóvenes. Entre otras cosas decía, que él había hecho un juramento, como todos los médicos, de "Salvar Vidas", no de destruirlas ¿quién me quita a mí de la cabeza, decía, que el científico que Dios tenía disponible para inventar una vacuna contra el cáncer, no haya sido uno de esos abortos provocados? Han pasado ya unos treinta y cuatro años de cuando se impartió esa charla y aún sigue el cáncer haciendo estragos.

Por eso, amigo Teófilo, me congratulo contigo, que, entre tanta diversidad de carreras, hayas elegido esa especialidad y que eres ahora un enemigo encarnizado contra la ley del aborto, y no digamos el aborto libre. No entiendo mi buen Teófilo, que una mujer pueda decir que su cuerpo es de ella y que con su cuerpo puede hacer lo que quiera. Entre otras cosas, que aunque pueda afirmar que su cuerpo es de ella, no puede decir en verdad que el cuerpo del niño que lleva en su vientre es de ella, como si fuera un tumor, o la apéndice.

El niño, en el seno de la madre, es como un huésped que vive dentro de un hotel, "a pensión completa", desayuno, almuerzo, merienda, cena y alojamiento. Es evidente que el huésped o turista no es el hotel, sino que vive dentro del hotel. Recuerdo aquellas frases de la "Madre Teresa de Calcuta" en un discurso en un congreso internacional: "por favor no maten ningún niño, no aborten, denme a mí los niños que yo buscaré quien los adopte". "Los niños son como las estrellas, no sobra ninguno".

Cuanto más, amigo Teófilo, podríamos hablar de las madres, lo más grande que hay en la Tierra y la criatura más parecida a Dios. Las madres jamás mueren, amigo Teófilo, esa es la grandeza de las madres, de todas las madres, que han tenido el coraje y la valentía de decir "Sí a la vida", y respetar el más esencial de los derechos: el derecho a nacer. ¿Para qué queremos los demás derechos humanos reconocidos por la carta de las Naciones Unidas, si se nos niega el derecho, básico y fundamental, que es el derecho de nacer?

Es lógico que cuando hablamos de las madres, no acabemos nunca. Chao. Y vaya todo para felicitar en este año a todas las madres; porque todas son un sol, un encanto, lo más maravilloso del Mundo.

En esta carta, mi amigo Teófilo, he preferido explicarte atentamente porque es sencillamente impresionante y emocionante la historia de tu vida. Lo que has hecho hoy, es engrandecer más aún el alto honor de una madre, capaz de luchar sola y a brazo partido para sacar adelante, con uñas y con dientes su más preciado tesoro: el hijo que un día llevó en sus entrañas y que, si no es por su coraje y valentía, la sociedad se hubiera privado de un maravilloso médico como lo eres tú.

Ahora, mi buen amigo, que tu historia y tu ejemplo sirva para salvar muchas vidas. Chao.

Antonio María        Hernández


Publicado por verdenaranja @ 23:54  | Cartas a Te?filo
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