Martes, 20 de mayo de 2008

Artículo del Padre Antonio María Hernández publicado en la HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO APÓSTOL DE LAS DEHESAS - PUERTO DE LA CRUZ, número 156.


EL RESPETO


Ayer murieron en el mundo más de trescientas mil personas. Aproximadamente, dos millones de personas se marchan de este planeta Tierra cada semana. Más de cien millo­nes de personas mueren cada año y el buen Dios, sólo porque El ha querido, nos conserva aún vivos. Hoy comienza un nuevo día. Otro día en el planeta Tierra. Gracias Padre Dios.


Todos, desde que hemos llegado al vientre de nuestras madres, llevamos el cuño de Dios "MADE IN DIOS" Somos todos de origen divino y de esta procedencia nace nuestra especial dignidad. De aquí nace el derecho que tenemos todos, tú y yo, al respeto a la vida, que es sin duda, el más fundamental de todos los derechos, pues, si no se respeta el derecho a la vida, ¿Para qué queremos los demás derechos? Todos queremos que nos respeten, que no se burlen de uno, que no se rían de uno, aunque a alguien pueda pa­recerle tontería lo que yo o tú podamos decir, y por supuesto, para yo exigir el respeto a los demás, tengo que empezar yo respetando.


El mundo entero es la casa donde vive la gran familia de Dios en la Tierra. Dios es el Padre común de todos los que vivimos en este Planeta Tierra. Todos hemos venido a este planeta a cumplir una misión y así, a través del trabajo, del cumplimiento del propio deber, del sufrimiento, de los achaques de la vejez, de las mil contrariedades, desengaños, des-ilusiones, tristezas y alegrías y todas las pruebas de la vida iremos un día a la casa del Padre Dios en el cielo, de donde un día salimos.


Sé que es algo que repito de una manera machacona: descubrir que tú, quien quiera que tú seas, eres mi hermano. Descubrir que todos, sin excluir a nadie, somos en verdad hermanos. Por eso tenemos que sobreponernos, por encima de las simpatías o antipatías, por encima de cualquier experiencia desagradable en la familia, por encima de nuestras preferencias, de nuestro genio, por encima de la cultura o incultura que cada uno tenga.


Del amor y de la amistad, nace el respeto a la persona humana. No solamente saber, teóricamente, que tú y yo y todos somos realmente hermanos, sino que nos sintamos realmente hermanos y nos duela de verdad lo que le pasa a los demás. Que nos importe el problema que tienen los otros. Sólo el egoísta, piensa en si mismo y es verdad que si yo tengo un problema hay otros que tienen problemas mucho más fuertes que los míos y que, además, los aceptan y siguen adelante.


De ahí que nadie tiene derecho a burlarse de nadie, ni reírse de nadie. Todos tenemos el derecho al respeto. Qué hermoso sería vivir donde todos francamente nos respetáramos, donde todos buscáramos el bien general de todos antes que el bien propio. Que apren­damos de verdad a ver en cada persona el sello de Dios, lo divino que cada uno lleva en sí mismo, empezando por respetarnos a nosotros mismos, darnos el justo valor. Somos lo que somos ante Dios, ni más, ni menos. iQué hermoso es vivir en la Tierra cuando te sientes querido! iQué hermosa sería la convivencia, cuando sea el amor y la auténtica amistad lo que sobresale por encima de todo!


Pienso que, con muy buena voluntad, podemos conseguir que el lugar donde viva-mos cada uno sea un pequeño paraíso, ayudándonos los unos a los otros, tratando de comprendernos, siendo personas consideradas, sabiendo escuchar. No se trata de huir, de taparte los oídos, de hacer risas y fiestas, y tomaduras de pelos de lo que otros dicen. ¿Verdad que cuando tú estás hablando quieres que te escuchen y que te respeten? ¿Ver-dad que no te agrada de que nadie se ría de ti? ¿Verdad que te gusta que los demás te valoren y te tengan en cuenta? ¿Verdad que no te gusta que nadie te desprecie o te haga un desaire? ¿Verdad que te gusta que te ayuden que te echen una mano, que no te dejen solo? Pues, haz tú lo mismo con los demás. Trata a los demás como te gustaría que te traten a ti, y no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti. Adelante, amigos, siempre podemos comenzar, siempre podemos rectificar. Piensa que vale la pena hacer
el esfuerzo por ser de verdad amigos, soportándonos nuestros defectos, pasando por alto muchas cosas por bien de la paz y de la comunidad, evitando las discusiones que no llevan a ninguna parte, las peleas que no conducen a nada bueno.


Sigamos empeñados y sin desanimarnos nunca por crear un encantador Planeta, donde todos, hombres y mujeres, ancianos y niños estemos empeñados realmente en que reine la amistad por encima de los intereses y problemas personales que tenga cada uno.


Amigo, quien quiera que tú seas, adelante, a sonreír, a respetarnos, a luchar codo con codo, emprendiendo de nuevo la cuesta de la vida, a pesar de los problemas, de las contrariedades, de los sufrimientos de cada uno, de las incomprensiones. A pesar de todo, es hermoso estar vivos, vivos porque Dios ha querido.


Utilicemos pues la vida haciendo buenas obras, poniendo todo el amor en lo que hagamos. íQué importa lo que se haga! Lo que realmente importa es el amor que se ponga en lo que se haga, como dice la Madre Teresa de Calcuta.

Adelante, amigo, adelante hermanos, con ilusión, con buen amor y entusiasmo a recomenzar esta nueva semana. No hagas nada que estropee este mutuo respeto con críticas y chismes. No inventes nada que perjudique el buen nombre de los demás. No seas envidioso, ni celoso, ní actúes nunca con represalias por venganza, por "reajustes de cuentas", para hacer daño. "Agua que no has de beber, déjala correr" Intenta siempre ser respetuoso. No desacredites a nadie aunque no te caiga bien. No guardes nunca rencor. No hagas, ni digas nunca nada que pueda dañar la imagen o buena fama de los demás. Aplica siempre la famosa regla de oro: "No hagas, ni digas nunca de nadie, lo que no te gusta que te hagan o digan de ti". Aprende del mismo Dios que es profundamente respe­tuoso con el hombre a quien un día creó.


El ser humano, es un ser delicadísimo, muy frágil, como figura de la mejor porcelana, y de un altísimo valor, y hemos de tener un exigente cuidado, para que no se rompa, sabiendo que puede ser irreparable la rotura. El respeto a cada persona se funda radicalmente en su condición de hijo de Dios. Es el mismo maravilloso Dios, el que es profundamente respetuoso con los hijos que El mismo creó. Por eso, en consecuencia, respeta la libertad de todos los hombres, porque es precisamente lo que le distingue de los otros seres creados también por El. De ahí, lo delicado de juzgar a nadie, descalificar a alguien.


Siempre se presume, que el hombre es bueno, es honrado, tiene derecho a gozar de un buen nombre, de su prestigio personal. Podríamos decir que es un ser blindado y protegido por su Creador. Para decir que una persona es mala, o ladrona, o asesina, o que ha cometido cualquier infracción hay que demostrarlo. Uno tiene que tener un especial cuidado con las palabras que suelta por la boca, por lo que escribe, por lo que hace, eliminando totalmente cualquier cosa que pueda dañar en lo más mínimo, el buen nombre, la fama, la reputación, el prestigio de cualquier persona, aún de nuestro mayor enemigo. Uno puede defenderse limpiamente, sin herir a nadie, sin perjudicar a nadie, sin rebajar a nadie en su categoría profesional, en el buen concepto que los demás tengan de ella.


Pienso que es muy práctico el tener como propósito, jamás hablar mal de nadie, ni en comentarios entre amigos, con la ausencia del perjudicado. Que tengas fama de que siempre hablas bien de todo el mundo y, cuando no lo puedas hacer, porque no tienes argumentos a favor, entonces, cállate. Que nadie oiga de ti ni una sola critica, aunque tengas muchos motivos para hacerlo. Si tú quieres que respeten tus ideas, tus acciones y aún tu modo de vivir, es lógico que seas tú el primero en respetar a todo el mundo, como es, con su parte buena y su parte mala y no pretender que todo el mundo piense como tu.


Si quieres convencer, hazlo con tu propia vida, con tu propia conducta y, como siem­pre, una imagen vale más que mil palabras, y siempre será verdad que "los hechos gritan mucho más fuertes que las mejores palabras.

Respeta, pues, si quieres que te respeten.

Antonio María Hernández y Hernández


Publicado por verdenaranja @ 23:46  | Espiritualidad
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