Martes, 20 de mayo de 2008

Artículo publicado en Boletín "Xtantos" MAYO 2008 recibio en la parroquia para su difusión en la Campaña para poner la "X" en la casilla para la Iglesia. en la declaración de la renta.

La autofinanciación

y los nuevos retos de la Iglesia

 

La mayoría de los ciudadanos desconoce por completo la labor de la Iglesia

 

MARÍA S. VARGAS

 

Una colaboración de 30 años. España firmó en 1979 un acuerdo con la Santa Sede por el que se comprometía a ga­rantizar el sostenimiento eco­nómico de la Iglesia. Cuando se hizo efectivo en 1988, la Iglesia comenzó a recibir de los contribuyentes que así lo expresaran al hacer la Decla­ración de la Renta el 0,5% de sus impuestos, junto con un complemento anual a cargo de los Presupuestos Gene-rales del Estado y una serie de ventajas fiscales. Desde 2000, los contribuyentes tie-nen la opción de seleccionar a la vez en su declaración del IRPF la asignación a la Igle­sia y la destinada a otros fines sociales, sin que disminuya la cantidad de las diferentes par­tidas. Una ley posterior, la de Mecenazgo de 2002, pasaba a equiparar a efectos fiscales a la Iglesia con las entidades no lucrativas.


A finales de 2006, Gobierno y Nunciatura Apostólica firma
ron una reforma del sistema de asignación tributaria de la Igle­sia que supuso un paso adelante hacia su autofinanciación. Sur­gió entonces una polémica que atacó cada punto del acuerdo, hasta que finalmente vio la luz una nueva etapa de la Igle­sia que confirma el papel pri­mordial desempeñado por los fieles. Ellos han sido históri­camente su principal sustento. Pero esta nueva fase también requiere una apertura hacia el total de la sociedad, por lo que el reto que se le plantea ahora a la Iglesia es el de dar a cono­cer su extensa labor social, de forma que todos los ciudadanos participen en ella.

 

Reforma del sistema de asignación tributaría


Ese año, el Gobierno español y la Nunciatura Apostólica, la institución que representa a la Santa Sede en nuestro país, se­llaron la reforma del sistema de asignación tributaria de la Iglesia, un acuerdo que estuvo rodeado de controversia y dis­cusiones de todo tipo desde el
principio, ya que preveía que el Estado dejaría de apoyar directamente a la Iglesia. Fi­nalmente, ésta ha sido una las principales modificaciones, de tal forma que el Estado no vol-verá a complementar la asig­nación de la Iglesia a través de sus Presupuestos Generales.


El otro cambio sustancial afecta al IVA. Desde la en­trada en vigor de este acuerdo a principios de 2007, la Iglesia debe abonar su parte corres­pondiente de IVA al adqui­rir inmuebles y material para el culto, algo de lo que estaba exenta hasta el momento. Ade-más, la campaña de la Renta de 2008 será el punto de partida para la última de las cuestiones revisadas, ya que será enton­ces cuando la Iglesia comience a recibir el 0,7% de la contri­bución de cada ciudadano que marque su casilla en la decla­ración del IRPF. Antes, el por­centaje apenas superaba 0,5%.

En esta relación recién estre­nada entre Gobierno e Iglesia, el primero actúa como un sim­ple gestor que recauda de cada contribuyente lo que le corres­ponde, para luego repartirlo en­tre las entidades seleccionadas, Iglesia católica o fines de inte­rés social, con la famosa "X" en la Declaración de la Renta. Este sistema, que respeta la li­bertad religiosa, encamina de­finitivamente a la Iglesia hacia su autofinanciación.

 

En el fondo, los fieles sostienen a la Iglesia

¿Cómo se mantiene la Igle­sia a partir de ahora? En rea­lidad, la reforma no supone un gran cambio cuantitativo en la financiación de la Igle­sia, ya que la partida que des-aparece, el complemento por parte de los Presupuestos Ge­nerales del Estado, significaba una pequeña porción del soste­nimiento total de la Iglesia. El grueso, en torno al 75%, pro-viene de la aportación directa de los fieles en forma de co­laboraciones periódicas fijas, colectas, donativos, legados, herencias, etc.


El rendimiento del patrimo­nio eclesiástico, la realización
de algunas actividades eco­nómicas subvencionadas por convocatorias públicas... son algunas de las contribuciones que la Iglesia recibe y luego distribuye para que el enorme engranaje humano y material siga funcionando correcta-mente y desarrollar así la in-gente tarea humanitaria que la Iglesia presta a la sociedad.

 

La Iglesia debe dar a conocer su labor


Es aquí cuando nos topamos con el nuevo y gran reto de la Iglesia: dar a conocer los pormenores de un trabajo fa­raónico que alcanza todos los rincones del mundo y todas las esquinas de la sociedad. De esta forma, los ciudadanos querrán contribuir, con su ce­sión fiscal anual o cualquier otra forma de colaboración, y apoyar a una institución que siempre ha vigilado el bienes-tar de la sociedad. El pilar que sustente la autofinanciación de la Iglesia estará entonces res­paldado por la aportación de creyentes y no creyentes.


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