Jueves, 22 de mayo de 2008

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado el EL DÍA el miércoles 21 de Mayo de 2008 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe "Luz en el Camino".

La hogaza de pan


RECUERDO con grata emoción aquella gran figura del padre de familia, cómo cogía la hogaza de pan con su mano izquierda, mano grande de campesino castellano. En la mano derecha el cuchillo de puño de madera y hoja gastada de afilarla tantas veces. Toda una familia, sentada alrededor de la mesa, espera el gesto acostumbrado. Sin mediar palabra, el hombre traza con su cuchillo la señal de la cruz sobre el reverso del pan, y empieza a partirlo y repartirlo a su gente. Constituía todo un rito -ya casi perdido totalmente- muy interesante. ¿Por qué? ¿Hemos ido descuidando, quizás, el darle contenido? ¿Es que nos va faltando la fe? ¿Es que va perdiendo cohesión nuestra familia? Todos los años, en la fiesta del Cuerpo de Cristo, es buen momento para ahondar en el sentido cristiano del pan, de este Pan:


Acción de gracias. Bendecir el pan, bendecir la mesa, es bendecir al Señor que nos ha dado, un día más, el alimento para seguir caminando. Es el "pan de cada día", que el cristiano debe siempre pedir y agradecer. Es reconocer que todo lo que tenemos es don generoso del Padre. Melquisedec, sacerdote, sale al encuentro de Abraham, ofrece pan y vino, y bendice a Dios por haberle dado la victoria. El que no es agradecido no es bien nacido.


Compartir. El gesto de partir el pan nos lleva a sentirnos hermanos, a acordarnos de los que no tienen. "Dadles vosotros de comer". "Los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirviesen a la gente".


Hay muchos que no tienen un pedazo de pan que llevarse a la boca. Verse delante de un hogaza y no sentirse llamado a compartirla es no haber entendido una palabra de todo el mensaje de Jesús.


Un cuerpo que se entrega. Lo de Jesús es "el colmo". Su gesto de partir el pan "en la noche en que iba a ser entregado" tiene, sí, el sentido, y el de formar una familia de hermanos que se sientan a la mesa. Pero Él llega mucho más. Él mismo se mete en ese pan que reparte. "Esto es mi cuerpo"; el Cuerpo de Cristo, hecho alimento de caminante. Pero hay todavía más: es un cuerpo que se está entregando a la muerte para dar vida; un grano de trigo que se está enterrando para producir espigas: "Mi cuerpo se entrega por vosotros".


Aquí no se trata de una consideración piadosa, sino de una realidad espiritual.. El último Concilio lo afirma con esta claridad: "La participación del cuerpo y sangre de Cristo hace que pasemos a ser aquello que recibimos". Hay en la comunión del manjar eucarístico una diferencia esencial con los otros alimentos. Y es que, al comer, convertirnos en sustancia propia lo que comemos. Pero, al comulgar el cuerpo y sangre de Jesús, nos convertimos en él. Al comulgar, nos cristificamos. Y todavía más: "Para animar a los católicos a profesar valientemente su fe y a practicar las virtudes cristianas, ningún medio es más eficaz que el que consiste en alimentar y aumentar la piedad del pueblo hacia la admirable prenda de amor, lazo de paz y unidad, que es el sacramento de la eucaristía". (León XII. 1897).


* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 0:32  | Espiritualidad
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