Jueves, 22 de mayo de 2008

Posible homilía para funeral.

Que no tiemble vuestro corazón

El Señor ya sabía que este problema de la muerte nos iba a hacer daño. Que íbamos a vivir pendientes y a veces hasta con miedo a este problema.

Por eso nos dice "que no tiemble vuestro corazón. Creed en mi Padre y creed en mi. En la Casa de mi Padre hay sitio para todos. Quiero que estéis conmigo, donde yo estaré".

 

Los cristianos no temblamos. Es verdad que todos tenemos miedo a la muerte, pero cuando llega ese momento no perdemos la serenidad. Estamos tranquilos. De hecho nos hemos reunido hoy para "celebrar" la muerte de nuestro hermano N.

 

La Iglesia se reúne muchas veces para celebrar el nacimiento a la fe de un ni­ño, para celebrar el proyecto de amor de dos personas y también, para celebrar la muerte de un hermano que ha ido a la Casa del Padre.

Creemos en ese Padre de Jesús y estamos serenos. Creemos que este hom­bre ha llegado a la meta y vive con Dios. El ha sido creyente sincero. El vive con Dios, no es un desaparecido. Esto es lo que celebramos: la llegada al Cielo de este hermano, su entrada en el Cielo. Esto ciertamente es un consuelo para los que te­nemos fe.


Hoy también hay muchas personas que no tienen fe y estás pueden decir: pues nosotros que no tenemos fe estamos hechos polvo. Estamos muy tristes y dolidos. Ciertamente tienen derecho a estar tristes y dolidos. La muerte es separa­ción y ruptura y eso siempre es penoso.


Entonces, los que no tienen fe ¿qué?. Yo os digo, amigos, que la fe es algo maravilloso. La fe es un don que Dios da. No se trata de poner argumentos, razo­nes, pruebas, evidencias.. Porque no es este el camino. Tenemos que tener en cuenta de que lo más esencial no se puede demostrar, como se demuestra un teo­rema o una operación matemática.


Tenemos muchos motivos para creer que Dios recoge nuestra vida, que hay un más allá, que el espíritu no se destruye... No es lógico que un mundo tan bien hecho, tan hermoso, con tantas cosas que son tan curiosas. No sería lógico que una persona que es vida, corazón, sonrisa, ilusión, acabase en el sepulcro de esa forma reduciéndose a unos huesos a un poco de polvo.


En todas las cosas de la tierra hay una lógica. No sería justo, no sería lógico que el hombre que es una máquina perfecta termine como esos coches apilados, unos encima de otros para chatarra.


Ya desde los primeros tiempos el hombre intuyó que tras la muerte sigue viviendo, eso sí, de otra manera que aquí. Es un argumento pero no es el resultado de una comprobación matemática que no tiene vuelta de hoja.

Tenemos la Palabra de Dios, la Vida y Obra de Jesús de Nazaret en quien creemos, que nos dijo todo lo que leemos en el Evangelio, que murió y fue resuci­tado por el poder del Padre, como ese primer grano maduro que anuncia que tras él viene el resto de la cosecha.


Tenemos que apostar por una de las dos cosas: Creo o no creo. No se trata de convencer a nadie. Pero si damos razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. Por eso estamos serenos. Creemos que nuestro hermano N. vive y eso nos llena de alegría y lo celebramos.


Lo malo es que el Evangelio de hoy tiene una segunda parte.
Dice el Señor que se va al Cielo por el Camino que ya conocemos: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre si no es por mí". ¿Cómo es-tamos viviendo? ¿De cara a Dios que es Padre? ¿De espaldas a su amor? El cami­no de Jesús está claro.


Jesús dijo: "Bienaventurados los pobres, bienaventurados los pacíficos. Bienaventurados los que trabajan por una justicia mayor, por un mundo mejor. Bienaventurados los que saben darse a los demás". ¿Lo estamos haciendo así?


La muerte de un familiar es una celebración para tomar conciencia de una certeza. N. vive. Ha llegado a la Casa del padre. Leed el Evangelio de Jesús, veréis cómo os ayuda, cómo os ilumina el camino.


Ojalá tengamos todos la serenidad, la suerte de escoger el Camino que conduce a la Vida.


Publicado por verdenaranja @ 22:43  | Homil?as
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios