Jueves, 22 de mayo de 2008

Mensaje del padre Giovanni Salerno publicado en circular extraordinaria de los MISIONEROS SIERVOS DE LOS POBRES DEL TERCER MUNDO - OPUS CHRISTI SALVATORIS MUNDI

Queridos amigos:

Os escribo esta carta desde la Ciudad de los Muchachos "San Tarcisio", deseando de todo corazón que llegue a vuestros hogares acompañada de las gracias que más necesitáis.

 

Este mes mariano suscita en mi corazón y en el corazón de todos los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo, así como en los corazones de los niños y niñas que acogemos en nuestras casas, una constante oración a Santa María Madre de los Pobres, para que Ella sea la verdadera Reina protectora de vuestras casas, de vuestras familias.

 

Ya pasó un año desde que nos instalamos en la Ciudad de los Muchachos. Podemos decir que Dios, con la inauguración de esta Ciudad, ha demostrado una vez más el inmenso amor que guarda en su corazón para con los más pobres; en ella, en efecto, tantos niños y muchachos pobres encuentran la posibilidad de gozar gratuitamente de una residencia digna, un colegio, talleres profesionales, bibliotecas, campos deportivos, etc.

 

Lo que más me infunde alegría es ver la importancia que en la Ciudad de los

Muchachos se ha reservado a la Santa Eucaristía. ¡Cómo es hermoso ver que, mientras se trabaja en los diferentes talleres o se dictan clases en las aulas del colegio, el Santísimo no se queda solo; los niños, por turnos, le adoran, conscientes del hecho que la construcción de esta Ciudad ha sido y es un don de Dios, un Dios enamorado de los pobres, que ha suscitado en vuestros corazones su mismo amor, haciéndoos partícipes de esta Obra suya.

 

Seguramente muchos de estos muchachos que estudian y trabajan aquí serán un día padres de familia, y otros -aunque pocos- llegarán a ser Sacerdotes o Hermanos Misioneros: nuestra preocupación es la de hacer todo lo posible para asegurar a todos estos muchachos un futuro digno.

Para la mayoría de los niños y muchachos que acogemos, la única dolorosa alternativa sería la de entrar en el mundo del trabajo ilegal, que en el Cuzco adquiere las características de una verdadera esclavitud. Paseando por el Cuzco, podemos fácilmente encontrar avisos como éste: "Se ofrece trabajo a niños menores de diez años, sin instrucción".

 

No se trata en absoluto de una agencia caritativa que quiera ofrecer trabajo a niños pobres, sino de verdaderos explotadores que les proponen trabajos duros, durante 12/15 horas diarias, con un sueldo de 2/3 soles diarios (medio euro). Sólo niños pobres y sin instrucción pueden caer en estas trampas.

 

La Ciudad de los Muchachos quiere ser una respuesta concreta a estas situaciones  vergonzosas          que, lamentablemente, no son casos puntuales, sino que se presentan con mucha frecuencia.

 

Pensemos tan sólo en las numerosas niñas y muchachas que frecuentan nuestro colegio "Santa María Goretti"; ellas nos cuentan cómo durante las vacaciones de verano, para intentar ayudar económicamente a sus familias, intentan conseguir algún trabajo, y lo más común es el de prestar servicio en alguna familia rica de la ciudad de Cuzco: allí, alojadas en pequeños cuartuchos, trabajan durante dos meses, 12 horas al día, limpiando pisos, cocinando, lavando ropa a mano, etc.; y, al final, la dueña de la casa les entrega menos de la mitad del sueldo contratado, justificando esto con el gasto sostenido para las comidas y el alojamiento ofrecidos.

 

Nos pueden parecer situaciones absurdas, pero son los reales dramas vividos por muchos pobres.

 

Frente a todo esto, me pregunto: ¿Qué sería de estos chicos si no hubiese la Ciudad de los Muchachos? ¿Cuál sería el futuro de nuestras niñas y muchachas si, por lo menos durante diez meses al año, no tuviesen el colegio "Santa María Goretti"? ¿Qué sería de las muchachas internas que asistimos día y noche en nuestro Orfanato "Santa Teresa"?

Frente a todas estas situaciones que no sólo gritan justicia ante el trono de Dios, sino que interpelan a todos los cristianos para una entrega total en favor de los hermanos más pobres, ¿cómo no agradecer a Dios por los jóvenes que dejan su país para venir a servir gratuitamente a los pobres? Aún más, ¿cómo no agradecer a Dios por fas familias misioneras que con sus hijos vienen al Perú desde diferentes países, dejan su bienestar y su seguridad y empiezan esta aventura de amor y servicio a los más pobres?

Como todos vosotros sabéis, la Ciudad de los Muchachos, inaugurada el pasado 25 de agosto en la localidad de Andahuaylillas, no es nuestra única presencia en la Cordillera del Perú.

 

Queridos amigos:

Os escribo esta carta desde la Ciudad de los Muchachos "San Tarcisio", deseando de todo corazón que llegue a vuestros hogares acompañada de las gracias que más necesitáis.

 

Este mes mariano suscita en mi corazón y en el corazón de todos los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo, así como en los corazones de los niños y niñas que acogemos en nuestras casas, una constante oración a Santa María Madre de los Pobres, para que Ella sea la verdadera Reina protectora de vuestras casas, de vuestras familias.

 

Ya pasó un año desde que nos instalamos en la Ciudad de los Muchachos. Podemos decir que Dios, con la inauguración de esta Ciudad, ha demostrado una vez más el inmenso amor que guarda en su corazón para con los más pobres; en ella, en efecto, tantos niños y muchachos pobres encuentran la posibilidad de gozar gratuitamente de una residencia digna, un colegio, talleres profesionales, bibliotecas, campos deportivos, etc.

 

Lo que más me infunde alegría es ver la importancia que en la Ciudad de los

Muchachos se ha reservado a la Santa Eucaristía. ¡Cómo es hermoso ver que, mientras se trabaja en los diferentes talleres o se dictan clases en las aulas del colegio, el Santísimo no se queda solo; los niños, por turnos, le adoran, conscientes del hecho que la construcción de esta Ciudad ha sido y es un don de Dios, un Dios enamorado de los pobres, que ha suscitado en vuestros corazones su mismo amor, haciéndoos partícipes de esta Obra suya.

 

Seguramente muchos de estos muchachos que estudian y trabajan aquí serán un día padres de familia, y otros -aunque pocos- llegarán a ser Sacerdotes o Hermanos Misioneros: nuestra preocupación es la de hacer todo lo posible para asegurar a todos estos muchachos un futuro digno.

 

Para la mayoría de los niños y muchachos que acogemos, la única dolorosa alternativa sería la de entrar en el mundo del trabajo ilegal, que en el Cuzco adquiere las características de una verdadera esclavitud. Paseando por el Cuzco, podemos fácilmente encontrar avisos como éste: "Se ofrece trabajo a niños menores de diez años, sin instrucción".

 

 

Podría decir que la Ciudad de los Muchachos llega a ser como una colmena de donde salen volando las abejas para evangelizar en la alta Cordillera a tantos hermanos nuestros indígenas que sufren el mayor abandono.

 

"Si un hermano o una hermana están desnudos -escribe Santiago- y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: `Andad en paz, calentaos y hartaos', pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?" (St 2, 15-16).

 

"Hoy en día nadie puede ya ignorarlo: en continentes enteros son innumerables los hombres y mujeres torturados por el hambre, son innumerables los niños subalimentados, hasta tal punto que un buen número de ellos muere en la tierna edad. El crecimiento físico y el desarrollo mental de muchos otros se ven así condenados al más triste desaliento" (Populorum progressio, 45).

 

Humanamente hablando, el trabajo apostólico de evangelización de la Cordillera es no sólo inmenso, sino imposible: por eso, desde el inicio del Movimiento, Dios me ha inspirado la fundación de una Fraternidad Monástica que, viviendo en silencio y en adoración, sepa sostener, como Moisés en el monte, las duras batallas para la difusión del Evangelio.

 

¡Cuánto dolor causa en el corazón de nuestros hermanos y hermanas misioneros el comprobar la difusión cada vez más amplia de las sectas que con sus errores doctrinales provocan desorden y confusión en el corazón de los pobres indígenas! ¿Y por qué todo esto? Por la falta de misioneros católicos.

 

Desde su fundación, estos hermanos nuestros contemplativos están viviendo en Urubamba, a unos sesenta kilómetros de Cuzco, en un pequeño monasterio, donde lamentablemente el silencio de su vida monástica es constantemente violentado por el ruido que causan los vecinos cada vez más numerosos y bulliciosos que se han ido instalando alrededor.

 

Gracias a Dios, los Padres Jesuitas de Cuzco, que nos han apoyado desde el inicio de nuestra fundación, nos han transferido un terreno de 15 hectáreas (distante sólo 4 Km. de la Ciudad de los Muchachos).

 

¡Qué bueno es Dios! Ahora contamos con un terreno hermoso, lejos de cualquier ruido, para que nuestros hermanos contemplativos puedan seguir su vida de silencio y de Adoración Eucarística y a la vez puedan cultivar frutas y verduras para todos los niños que asistimos.

 

El 22 de agosto del año pasado, con ocasión de la inauguración de la Ciudad de los Muchachos, Monseñor Michele Pennisi, Obispo de Piazza Armerina, -diócesis a la cual pertenezco, no solamente por haber nacido en Gela (Caltanissetta, Italia), sino también por estar incardinado en ella- puso la primera piedra para la construcción del pequeño Monasterio para nuestros hermanos contemplativos del que he hablado líneas arriba.

 

Aquel mismo día, en un terreno poco distante de la Ciudad de los Muchachos, Monseñor Pennisi puso también la primera piedra de la futura Villa Nazaret, proyecto de una pequeña aldea de modestas construcciones, capaz de acoger parejas de esposos misioneros del Movimiento, que en la actualidad son siete.

 

Como podéis ver, el Señor Jesús se hace presente en la historia, y es conmovedor ver cómo cada uno de estos matrimonios con sus hijos deja todo para servir a los pobres y ser entre ellos una estrella de luz y de fidelidad al Sacramento del Matrimonio y un ejemplo para tantas familias que, a causa del liberalismo y el materialismo, dejan de lado este sacramento o lo mancillan o desintegran con gravísimas consecuencias para todos.

 

Para seguir a Jesús que nos guía, necesitamos una gran fe y una gran confianza en la Divina Providencia, y por eso necesitamos rezar asiduamente, no sólo para que Dios siga alentando la generosidad de los que nos han seguido durante estos años de vida misionera, sino también para que El inspire generosidad en los corazones de muchas otras personas.

 

Estoy convencido de que Dios no dejará de escuchar a tantos y tantos niños pobres, enfermos y abandonados que rezan, no sólo para que pronto se hagan realidad las construcciones de Villa Nazaret -destinada a hospedar la Fraternidad de parejas de esposos misioneros- y del Monasterio -destinado a hospedar la Comunidad contemplativa de nuestro Movimiento-, sino también para que nunca falte el apoyo necesario para la manutención ordinaria (alimentación, educación, pago a los maestros de los colegios y de los talleres, mantenimiento de la infraestructura, etc. etc.) de la Ciudad de los Muchachos.

 

Con gran afecto os saludo y pido a Santa María, Madre de los Pobres del Tercer Mundo -que el 8 de septiembre del año pasado hemos coronado con el título de Reina de los Pobres y de los Misioneros Siervos de los Pobres- os dé sus gracias a manos llenas.

 

P. Giovanni Salerno, msp


Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios