Domingo, 25 de mayo de 2008

Comentario a las lecturas  de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo publicado en Diario de Avisos el domingo 25 de Mayo de 2008 bajo el epígrafe "el domingo, fiesta de los cristianos".

Dios está aquí

DANIEL PADILLA

Tres palabras, tres. Tres palabras para reafirmar nuestra fe en ese Dios doblemente encarnado. Tres palabras para saborearlas cada día cuando entramos en una iglesia, bien sea para participar comunitariamente en el misterio de esa "presencia" y en la presencia de ese "misterio", bien sea para alimentar individualmente nuestra radical soledad con esa total compañía: "Dios está aquí".

Pero esto ya lo sabíamos. Desde aquel primer Jueves Santo en que Cristo, tomando el pan y el vino dijo: "Yo estoy aquí: ESTO ES MI CUERPO; ESTA ES MI SANGRE", nosotros ya lo sabíamos. Todos los niños cristianos, desde el umbral del uso de razón, se han acercado a nuestros templos para recibir su primera comunión y para iniciar la costumbre de visitar a Jesús, su mejor amigo. Y todos los cristianos adultos han escuchado con gozo la llamada de la pequeña espadaña o de la gran torre para la cita eucarística. "Dios está aquí".

Pero he aquí que, en la Edad Media, surgieron vientos de error, que pretendían reducir la presencia de Cristo a "mero símbolo, más o menos dinámico". Se encendió, como contrapeso, el fervor popular. Había, por tanto, necesidad de encauzar esa piedad popular y exaltar públicamente la eucaristía.

Así es como nació el Corpus Christi. No "las fiestas de las flores", como ahora se le quiere llamar. Y ha sido hermoso, que, durante siglos, los cristianos en ese día hayan renovado su fe y hayan purificado sus rutinas pensando: "Él se ha quedado con nosotros todos los días hasta la consumación de los siglos".

Y la fe se hizo canción y plegaria: "Adoro te devote". Y el fervor se hizo arte y maravilla. ¿Han mirado con detenimiento esas custodias en forma de sol que irradia rayos de luz en todas direcciones desde la blanca forma? Y la maravilla salió a las calles, a las plazas, a los campos. Como queriendo dar a entender que ese Dios anonadado, escondido en el pan, no es sólo un foco de adoración, sino, sobre todo "un vínculo de caridad". Alguien que quiere llegar, con su vida a todos los hombres. Alguien que busca darse a todos en comunión, en común unión. Alguien que, por otra parte, al entregarse a nosotros, no se convierte en nosotros, sino que nos convierte en Él: "Ya no soy yo; es Cristo quien vive en mí". Alguien, por tanto, que nos incorpora y nos transforma en El.

Pienso en el gran Cristo cósmico que soñaba Teilhard de Chardin: "Desde las manos que amasan la pasta hasta las que la consagran, la gran Hostia universal sólo debería ser preparada y manipulada con adoración". Él se refería a ese "gran Cristo" que debe resultar de la unión de todas las tareas humanas y de todos los movimientos del mundo.

Me gusta pensar en este día en esa incorporación total a Cristo.

El trigo se hace harina. Y la harina masa. Y la masa, pan. Y el pan se convierte en Cristo. Y yo, al comulgar, me convierto en Cristo. Y así, convertido en Cristo por maravilloso milagro y en unión con mis hermanos, ir transformando el mundo en una Hostia total y única: "Instaurar todas las cosas en Cristo: las del cielo y las de la tierra", como soñaba Pablo. En fin, trabajar cada día, sabiendo, como también él decía, que "todas las cosas son de ustedes, ustedes de Cristo y Cristo es de Dios".

Y luego, ante este mundo así transfigurado, ponernos de rodillas y cantar: "DIOS ESTÁ AQUI".


Publicado por verdenaranja @ 12:12  | Espiritualidad
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