Martes, 27 de mayo de 2008

Publicados por HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO APÓSTOL EN LAS DEHESAS - PUERTO DE LA CRUZ, AÑO 4 - N° 156  

 

EJEMPLOS QUE NOS AYUDAN, TRAIDOS DE AQUÍ Y DE ALLÁ

 

TROMPLÓNG. Presidente del Senado francés, al re­cibir los últimos sacramentos en su lecho de muerte, (1869) dijo a los que le rodeaban: "Después que uno ha leído, estudiado y vivido mucho, reconoce, al acercarse el momento de la muerte, que la única verdad es el catecismo".

 

LACORDAIRE. Cuenta que en una reunión un alto dignatario exclamaba, enseñando un catecismo: "Señores, esperanza       si Sócrates hubiese conocido este libro, lo habría estudia-do de rodillas".

 

Un astrónomo, muy enamorado de su ciencia, caminaba siempre mirando a las estre­llas. Al pasar un día por un puente sin pretil, no advirtió el peligro, cayó y se ahogó en el río. En los funerales se pronunciaron en honor suyo pomposos discursos, ponderando su cien­cia. Un buen hombre que lo observaba, se retiró murmurando entre si "¿Para qué le valió saber tantas cosas? Mejor le hubiera sido aprender a pasar el puente sin caer al río". Y tenía razón. ¿No podríamos decir lo mismo del tantos y tantos, que saben muchas cosas e igno­ran el catecismo, y cuando les llega la hora de la muerte caen en el infierno? Bien dice aquella copla.

La ciencia más alabada es que el hombre bien acabe; porque al fin de la jornada, aquel que se salva, sabe, y el que no, no sabe nada.

 

En 1898 murieron bien dos ajusticiados por asesinos. Al otro domingo explicaba el P. Creixell, S. J., que había asistido a los reos, el catecismo en la iglesia de la Compañía. Se le acerca una mujer enlutada con dos niños, uno de cinco, otro de siete años, y le dijo al Padre: "Yo soy la madre de los ajusticiados que usted vio. Estos son los hijos del mayor, mis nietos; enséñeles usted la doctrina. Si su padre la hubiera sabido, no hubiera parado donde paró".

 

Al insigne escritor Alejandro Manzoni, un joven le pidió un libro que le guiase en el camino, no del arte, sino de la vida. Manzoni le entregó un catecismo, diciendo: "He aquí el mejor libro para que aprendas a vivir".

 

El párroco de Voirán, cerca de Grenoble, en Francia, dijo un día de 1890 a una madre: "Mande usted con regularidad su hijo al catecismo, pues de los contrario no podrá recibir la Primera Comunión". La madre insensata respondió: "Mi hijo no necesita instrucción religiosa ni Primera Comunión; las encinas, sin necesidad de Primera Comunión, crecen perfecta-mente en el bosque". "Ciertamente, replicó el sacerdote; tampoco la necesitan las terneras del establo". Más tarde en 1910, el tribunal del territorio condenaba a muerte a aquel hijo, porque, exasperado por no darle su madre dinero para ir a la taberna, la había ahogado con sus propias manos.


Publicado por verdenaranja @ 23:58
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