Jueves, 29 de mayo de 2008


Capítulo de DOSSIER FIDES "LA CRISIS DE LA FAMILIA  EN EUROPA" (segunda parte) publicado el 26 abril 2008.


La Iglesia y la evolución demográfica

 

El 25 de febrero de 1998 el Pontificio Consejo para la Familia difunde una “Declaración sobre la decadencia de la fecundidad en el mundo”.  En la Declaración se denunciaba que “de hecho, desde hace casi treinta años, las conferencias patrocinadas por la Organización de las Naciones Unidas tienen como efecto provocar preocupaciones infundadas respecto a cuestiones demográficas, particularmente en los Países del Sur. Sobre esta base alarmante, distintas agencias de la ONU han invertido, medios financieros considerables con el fin de obligar a un importante número de Países a poner en práctica políticas malthusianas. Es evidente que estos programas, siempre monitoreados desde el exterior, aportan generalmente medidas cohercitivas de control de la natalidad. Igualmente, la ayuda al desarrollo está regularmente condicionada a la actuación de programas de control de la población que incluyen esterilizaciones forzadas o cumplidas sin que las víctimas lo sepan. Estas acciones malthusianas de hecho son retomadas por gobiernos nacionales y reforzadas por el aporte de organizaciones no gubernamentales (ONG), entre las cuales la más notable es la Federación Internacional para el Planning familiar (IPF)”.

 

El Pontificio Consejo para la Familia advertía que “estas políticas desastrosas están en total contradicción con las reales evoluciones demográficas, así como aparecen en las estadísticas y así como resultan en los análisis de los datos. Desde hace treinta años la tasa de crecimiento de la población mundial no cesa de disminuir a un ritmo regular y significativo. Luego de haber registrado una caída impresionante de fecundidad, 51 países del mundo (sobre 185) no logran garantizar más el cambio generacional. Precisamos que estos 51 Países representan el 44% de la población del planeta. En otras palabras, sintéticamente el índice de fecundidad de estos Países, es decir, el número de hijos por mujer, es inferior a 2,1. Se sabe que este es el nivel mínimo indispensable para la renovación generacional en los Países que brindan las mejores condiciones sanitarias. Esta situación se encuentra en casi todos los continentes. De este modo tienen una fecundidad inferior al «límite de la sustitución» en América, Estados Unidos, Canadá, Cuba y la mayor parte de las islas del Caribe; en Asia, Georgia, Tailandia, China, Japón, Corea del Sud; en Oceanía, Australia; y en casi la totalidad de los cuarenta Países de Europa. En este último continente, al agravarse los efectos del envejecimiento ya está llegando a la despoblación, con  un número de decesos superior al de los nacimientos. Este resultado negativo ya es un hecho en trece Países, entre los cuales están Estonia, Letonia, Alemania, Bielorrusia, Bulgaria, Hungría, Rusia, España e Italia”.

 

Las causas de la disminución demográfica indicadas, eran las siguientes: “La nupcias, en un ambiente que no le es absolutamente favorable, disminuye considerablemente; esto significa que las personas que se casan son menos que en el pasado. La edad media neta de la maternidad ha aumentado y continúa a creciendo. Las reglas del trabajo no responden al deseo de las mujeres de conciliar de manera amónica la vida familiar  y las actividades profesionales. La ausencia de una verdadera política familiar, en los Países mayormente afectados por la disminución demográfica, hace que las familias en la práctica no puedan tener el número de hijos que desearían tener: se calcula del 0.6 hijos por mujer, la diferencia entre el número de niños que las mujeres europeas les gustaría tener y aquellos que efectivamente tienen”. El Pontificio Consejo para la Familia, agregaba “Al lado de estas causas relacionadas a las condiciones de vida, y a algunas reorganizaciones socio-culturales en los Países industrializados, otros factores vinculan directamente la disminución demográfica a la voluntad de los hombres y consecuentemente a su responsabilidad. Nos referimos a los medios y a las políticas de limitación voluntaria de los nacimientos. La difusión de los métodos químicos de contracepción y a menudo, la legalización del aborto han sido decisivos en el momento en el cual, contemporáneamente, se debilitaban las políticas favorables a la acogida de la vida”.

 

En la declaración, se subrayaba el “cambio de la pirámide de la edad, con una débil población de adultos jóvenes que tienen que garantizar la producción del País y sostener el peso muerto de una amplia gama de población de personas ancianas e inactivas, que siempre necesitan más curas y material médico. En el interior de la misma población activa se producen desequilibrios entre los jóvenes activos y los activos menos jóvenes, que buscan asegurarse el trabajo a detrimento de las jóvenes generaciones, las cuales como consecuencia, se incorporan en un mercado de trabajo reducido”; asimismo se hacía presente “el impacto ejercido por una población anciana sobre el sistema educativo. De hecho, para afrontar el peso de las personas ancianas, es fuerte la tentación de reducir el budget destinado normalmente a la formación de las nuevas generaciones. Esta debilitación del sistema educativo conlleva a su vez un riesgo importante: la pérdida de la memoria colectiva. La transmisión de datos culturales, científicos, técnicos, artísticos, morales y religiosos resulta gravemente hipotecada. Observamos asimismo que, contrariamente a lo que se divulga, la misma desocupación se agrava por la disminución demográfica”. Se subraya también el cambio psicológico del aumento de la edad media de la población: “la «tristeza», la falta de dinamismo intelectual, económico, científico y social y la ausencia de creatividad, que parecen ya afectar algunas naciones «envejecidas», no harían más que expresar la estructura de su pirámide demográfica”.

 

Entre las consecuencias más evidentes de la disminución de la fecundidad, es necesario mencionar también los desequilibrios violentos, previsibles ya desde entonces, entre los Países cuyas poblaciones presentan estructuras de edad muy diversas. Si, por ejemplo, se compara la pirámide de la edad de Países como Francia, España e Italia a aquellas de Países como Argelia, Marruecos, Turquía, llama la atención su carácter invertido y las dificultades generadas por tal situación de algunos problemas actuales, relacionados a la imposibilidad para los Países ricos de limitar en modo efectivo la inmigración clandestina de los Países más pobres, no son otra cosa que la prefiguración.

 

Concluyendo Documento, el Pontificio Consejo para la Familia invitaba a “todos los hombres de buena voluntad, y en particular las asociaciones cristianas, a hacer conocer la realidad objetiva de las evoluciones demográficas. Las invitaba a condenar con coraje los programas malthusianos totalmente injustificados y, más aún, totalmente contrarios a los derechos del Hombre”.


 

http://www.fides.org/spa/documents/crisis_familia__europa_2.doc


Publicado por verdenaranja @ 0:05  | Art?culos de inter?s
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