Jueves, 29 de mayo de 2008

Capítulo de DOSSIER FIDES  "LA CRISIS DE LA FAMILIA  EN EUROPA" (segunda parte) publicado el 26 abril 2008.



“Presencia y testimonio de los abuelos en la familia”

 

El Pontificio Consejo para la Familia ha sido instituído por el Papa Juan Pablo II en 1981. Es responsable para la promoción del ministerio pastoral y del apostolado de la familia, en aplicación a las enseñanzas y a las orientaciones del Magisterio de la Iglesia, para que las familias cristianas sean ayudadas a cumplir la misión educativa y apostólica a la cual están llamadas. Al Dicasterio le corresponde la tarea de promover y coordinar los esfuerzos pastorales en orden a la procreación responsable y animar, sostener y coordinar las iniciativas en defensa de la vida humana en todo la amplitud de su existencia, desde la concepción hasta la muerte natural. Relativamente a la Pastoral familiar y a la defensa de la vida humana, los siguiente temas entran en la esfera de competencia del Consejo: la teología y la catequesis de la familia; la espiritualidad conyugal y familiar; los derechos de la familia y del niño; la formación de los laicos comprometidos en la pastoral familiar; los cursos de preparación al matrimonio. El Dicasterio se ocupa además de otras cuestiones tales como la educación sexual, la demografía, la contracepción y el aborto, la esterilización, las cuestiones éticas y pastorales relativas al SIDA y otros problemas de la bioética; la legislación relativa al matrimonio y a la familia, a las políticas familiares y a la tutela de la vida humana.

 

 

El ’8 noviembre de 1990 el Papa Juan Pablo II nombró Presidente del Dicasterio al Obispo colombiano Alfonso López Trujillo, luego creado Cardenal, que lo ha conducido por 18 años, hasta su muerte, el 19 de abril de 2008. El Comité de Presidencia del Dicasterio constituido por 15 Cardenales y 12 Arzobispos y Obispos; 19 parejas de matrimonios, provenientes de todo el mundo, son Miembros del Dicasterio, el cual se sirve también de la colaboración de 43 Consultores y 10 Oficiales. Desde 1994, Año de la Familia, el Dicasterio es responsable de la organización de los Encuentros Mundiales de la Familia desarrollados hasta el momento en: Roma 1994; Rio de Janeiro 1997; Roma 2000 en el contexto del Jubileo de las  Familias; Manila 2003; Valencia (España) 2006. El VI Encuentro Mundial de las Familias se tendrá en Ciudad de México en enero de 2009.

 

A principios del mes de abril de 2008, el Pontificio Consejo para la Familia ha tenido en el Vaticano su XVIII Asamblea Plenaria. “Presencia y testimonio de los abuelos en la familia” ha sido el tema del encuentro. En su audiencia a los participantes en la Asamblea Plenaria, el 5 de abril, el Papa Benedicto XVI ha afirmado también: “Hoy, la evolución económica y social ha producido profundos cambios en la vida de las familias. Los ancianos, entre los cuales figuran muchos abuelos, se han encontrado en una especie de «zona de aparcamiento»:  algunos se sienten como una carga en la familia y prefieren vivir solos o en residencias para ancianos, con todas las consecuencias que se derivan de estas opciones. Además, por desgracia, en muchas partes parece avanzar la «cultura de la muerte», que amenaza también la etapa de la tercera edad. Con creciente insistencia se llega incluso a proponer la eutanasia como solución para resolver ciertas situaciones difíciles. La ancianidad, con sus problemas relacionados también con los nuevos contextos familiares y sociales a causa del desarrollo moderno, ha de valorarse con atención, siempre a la luz de la verdad sobre el hombre, sobre la familia y sobre la comunidad. Es preciso reaccionar siempre con fuerza contra lo que deshumaniza a la sociedad. Estos problemas interpelan fuertemente a las comunidades parroquiales y diocesanas, las cuales se están esforzando por salir al paso de las exigencias modernas con respecto a los ancianos. Hay asociaciones y movimientos eclesiales que han abrazado esta causa importante y urgente. Es necesario unirse para derrotar juntos toda marginación, porque la mentalidad individualista no sólo los atropella a ellos —los abuelos, las abuelas, los ancianos—, sino a todos. Si, como en muchas partes se suele decir a menudo, los abuelos constituyen un valioso recurso, es preciso hacer opciones coherentes que permitan valorar lo mejor posible ese recurso. Ojalá que los abuelos vuelvan a ser una presencia viva en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. Por lo que respecta a la familia, los abuelos deben seguir siendo testigos de unidad, de valores basados en la fidelidad a un único amor que suscita la fe y la alegría de vivir. Los así llamados «nuevos modelos de familia» y el relativismo generalizado han debilitado estos valores fundamentales del núcleo familiar. Como con razón habéis observado durante vuestros trabajos, los males de nuestra sociedad requieren remedios urgentes. Ante la crisis de la familia, ¿no se podría recomenzar precisamente de la presencia y del testimonio de los abuelos, que tienen una solidez mayor en valores y en proyectos”.

 

“Las razones últimas del envejecimiento de la población y la disminución de los índices de natalidad son morales y espirituales y están relacionadas con  una preocupante pérdida de fe, de esperanza y de amor”

(Benedetto XVI, 28 abril 2006)

 

En el mensaje envidado el 28 de abril de 2006 a la Sección de la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales, que tenía como tema “¿Juventud que desaparece? Solidaridad con los niños y los jóvenes en una época turbulenta”, el Papa Benedicto XVI se expresaba así: “Algunos indicadores demográficos han mostrado claramente la urgente necesidad de una reflexión crítica en este área. Mientras las estadísticas del crecimiento demográfico quedan abiertas a diferentes interpretaciones, generalmente se concuerda en que estamos asistiendo a nivel planetario, y particularmente en los países desarrollados, a dos tendencias significativas e interrelacionadas: por un lado, un aumento de la esperanza de vida y por otro, a una disminución de los índices de natalidad. Ante el envejecimiento de la sociedad, muchas naciones o grupos de naciones carecen de un número suficiente de jóvenes para renovar sus poblaciones”.

 

Al parecer del Santo Padre la situación es el producto de múltiples causas, a menudo de carácter económico, social y cultural, pero “las razones últimas son morales y espirituales; están relacionadas con  una preocupante pérdida de fe, de esperanza y de amor”. “Traer niños al mundo – decía el Papa - exige que el 'eros' centrado en uno mismo se llene con un 'ágape' creativo, arraigado en la generosidad y caracterizado por la confianza y la esperanza en el futuro. Por su naturaleza, el amor tiende a la eternidad. Quizá la falta de un amor creativo y abierto a la esperanza es el motivo por el que muchas parejas no se casan, o explica porqué fracasan tantos matrimonios y porqué los índices de natalidad han disminuido notablemente”.

 

El Papa consideraba que “con frecuencia los niños y jóvenes son los primeros en experimentar las consecuencias de este eclipse del amor y de la esperanza. Con frecuencia, en vez de sentir cariño y amor, son simplemente tolerados. En una época de turbulencia, con frecuencia no encuentran guías morales adecuados en el mundo de los adultos, en detrimento serio de su desarrollo intelectual y espiritual. Muchos niños crecen ahora en una sociedad que se olvida de Dios y de la dignidad innata de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. En un mundo caracterizado por acelerados procesos de globalización, están expuestos únicamente a una visión materialista del universo, de la vida y de la realización humana. El Papa Concluía: “Los padres, los educadores y los responsables de la sociedad, si son fieles a su propia vocación, no pueden renunciar a su responsabilidad de inculcar en los niños y en los jóvenes el deber de elegir un proyecto de vida dirigido a la felicidad auténtica, capaz de distinguir entre la verdad y la mentira, el bien y el mal, la justicia y la injusticia, el mundo real y el mundo de la 'realidad virtual' (...). Donde falta esta libertad o es puesta en peligro, los jóvenes experimentan frustración y son incapaces de luchar con generosidad por los ideales que plasman sus vidas como individuos y miembros de la sociedad”.


 

 

http://www.fides.org/spa/documents/crisis_familia__europa_2.doc


Publicado por verdenaranja @ 0:13  | Art?culos de inter?s
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