Jueves, 29 de mayo de 2008

Artículo publicado en el Boletín "Misioneros Javerianos", número 442 - mayo 2008.


ENTRE NOSOTROS

 

JUAN DIDONE - LA ALEGRIA DE VIVIR

1930-1964

 

El P. Juan Didoné nació el 18 de marzo de 1930, en Vicenza-Italia. Nace en una familia muy religiosa, tuvo cuatro hermanas religiosas, y otros dos hermanos sacerdotes-religiosos, uno de ellos —como él— javeriano. Es la suya una fami­lia de labradores donde nada abundaba, pero donde no faltaba lo necesario. 

 

En la casa de los Didoné se rezaba con fe y se participaba a las celebraciones li­túrgicas con frecuencia y asiduidad, el hablar de Dios, de la religión, de las mi­siones... era una cosa normal.

 

Misionero

 

Juan expresó su deseo de ser misione-ro, su padre no se oponía a que su hijo fuera sacerdote, pero misionero ya era otro cantar. No teniendo el consentimien­to del padre, Juan ingresa en el semina­rio diocesano de Padua, tendrá que espe­rar a los 20 años para obtener el permi­so de su padre. Dicho permiso lo obtiene en una conversación con su padre al cual le dice: «Mira papá, ya sé que te cau­so un disgusto, pero he decidido hacer-me misionero. Si tú te opones retrasa­rás el realizar mi deseo unos cuantos meses, los que tardaré en cumplir 21 años, en todo caso, y aunque sé que te cuesta mucho, me gustaría contar con tu bendición». El padre le contesta: «me había ilusionado con la idea de que hubieras desistido de ese propósito, de no ser así sigue tu camino», y aceptó.

 

Javeriano

 

Juan ingresa con los javerianos y emi­te su profesión religiosa en octubre de 1951, posteriormente realiza el bachille­rato en Desio y la teología en Piacenza. El 20 de septiembre de 1958 es ordena-do diácono y en diciembre, del mismo año, sacerdote. Unos días después de su ordenación escribe a una de sus herma­nas: «Lo que experimento por las ma­ñanas, al acercarme al altar, no lo puedo describir. Reza para que no me «acostumbre» nunca a celebrar la Eu­caristía, a ser sacerdote; nunca he es­tado tan convencido, como en estos días, que es gracias a la misericordia de Dios que hoy soy lo que soy: sacer­dote misionero».

 

La misión

 

El P. Juan parte para misiones, para la actual R. D. del Congo, el 3 de diciembre de 1959. Desde su llegada a su muerte transcurren cinco años en los que trabaja en la diócesis de Uvira, en varias misiones. Todas estas misiones contaban con un buen número de capillas o sucursales, con lo cual, el P. Juan, dedicada muchos días del mes visitándolas para encontrarse con los catequistas, con los fieles, para celebrar la Eucaristía y los demás sacramentos.

 

En sus cartas, el P. Juan, habla fre­cuentemente del inmenso trabajo que siempre hay que hacer: catecúmenos, confesiones, enfermos, Legión de María, Juventud javeriana... a todo se dedica con celo y energía juvenil.

 

La situación

 

En el número anterior, escribiendo sobre el P. Luis Carrara, se ha descrito brevemente la situación del Congo en aquellos años, que son los mismos que vive el P. Juan. Escribiendo, desde Fizi, a una de sus hermanas religiosa dice: «A pesar de todo, no todo va mal. Políticamente todo está a ras de tierra, no hay mida que funcione; podemos decir que no hay ninguna autoridad y, por otra parte, también se constata que hay muchas. Todos quieren mandar e imponer su voluntad e intereses. Los soldados ;gracias a Dios! comienzan a ser más disciplinados y a estar en su sitio, lo que hace que todos podamos estar más tranquilos. La comunidad cristiana, después de las últimas dis­persiones, se está rehaciendo y la par­ticipación en la vida parroquial y en los sacramentos está aumentando...».

 

Hasta la muerte

 

Después de asesinar, como decíamos en el número anterior, al P. Luis Carrara y al hermano Faccin en Baraka, el jefe guerri­llero Masanga se encamina a la Misión de Fizi. Antes de llegar pasa por el cuartel ge­neral del general Shabani, el cual, una vez informado, se muestra contrario al asesina-to de los misioneros de Baraka y pregunta a Masanga qué ventajas se obtienen matan-do misioneros. Masanga responde que «si han muerto los de Baraka ¿por qué deben seguir vivos los de Fizi?» Se impone la ló­gica de la violencia sin sentido.

Son la seis de la tarde, el jeep de Ma­sanga se para a la puerta de la misión de Fizi, Masanga llama a gritos al P. Juan al cual no le da tiempo de salir de la casa, en la puerta una bala le atraviesa la cabe­za. Era el 8 de noviembre de 1964.


Después de su muerte se encontró una carta que acababa de escribir. Era una respuesta a un maestro que le había escri­to lamentándose de que hacía mucho que el P. Juan no visitaba su zona y sospe­chando que los misioneros hubieran de­jado el País. En ella el P. Juan decía: «No­sotros, los misioneros, seguimos aquí en Fizi, muy lejos de nuestro país, pero Dios está en todas partes y nos ve. No penséis que regresaremos a nuestra caja, sabed que antes de abandonaras preferimos morir. No creed las mentiras que os cuentan, nosotros nos que-damos. No he ido a visitaros porque, por ahora, no puedo...».
n


P. Luis Pérez Hernández s.x.


Publicado por verdenaranja @ 23:29  | Misiones
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