Jueves, 29 de mayo de 2008

Entrevista a Mons. Livio Melina, Presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, publicada en DOSSIER FIDES  "LA CRISIS DE LA FAMILIA  EN EUROPA" (segunda parte). 26 abril 2008.

Entrevista a Mons. Livio Melina, Presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia 

 

 

El Pontificio Instituto para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, ha sido fundado en 1981 por el Papa Juan Pablo II, para ofrecer a la Iglesia una contribución de reflexión filosófica, teológica y pastoral, sobre la veracidad respecto a la persona, al matrimonio y la familia, con la ayuda de varias ciencias humanas. El Instituto prepara sacerdotes, religiosos y laicos para desarrollar profesiones en ámbito eclesiástico y civil. Actualmente se proponen los siguientes cursos: Licencia en Teología del Matrimonio y de la Familia; Doctorado en Teología con especialización en Teología del Matrimonio y de la Familia; Máster en Ciencias del Matrimonio y de la Familia: ciclo normal y ciclo especial; Máster en Bioética y Formación; Diploma en Pastoral Familiar. Además de tener sede en Roma , Italia, el Pontificio Instituto Juan Pablo II tiene sedes en México, Brasil, Estados Unidos, España, África, India, Australia. Al presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II, Monseñor Livio Melina, la Agencia Fides le ha hecho algunas preguntas sobre el tema de la crisis de la familia en Europa.

 

          Monseñor Melina, cada veinticinco segundos en Europa hay un aborto, y tiene más víctimas que las enfermedades del corazón, las enfermedades cardiovasculares, los accidentes de la calle y los suicidios. El crecimiento natural de la población es algo más del 1,1%; los divorcios en los últimos 15 años han aumentado del 50% comprometiendo a 21 millones de hijos. Según su parecer, a quién se puede atribuir estos resultados?

 

          Se trata de fenómenos complejos que pertenecen a un mismo contexto socio-cultural, aún  manteniendo dinámicas independientes. Relativamente al aborto, cada vez se hace referencia a la necesidad de introducir una contracepción de masa para evitarlo, pero en realidad la observación comparativa de la situación francesa y de la italiana muestra como esta contracepción no es pertinente. De hecho en Francia, de frente a una contracepción muy difundida, se verifica un crecimiento del aborto. Mientras que en Italia, en donde la contracepción se practica menos, hay una disminución del aborto. Esto significa que la causa profunda ya sea de la contracepción como del aborto es la falta de una cultura de la familia y de una concepción de la sexualidad separada del amor.

Asimismo relativamente al divorcio, éste se difunde cuando falta la capacidad de un compromiso fuerte y fiel con el cónyuge  y lo hijos y cuando falta la capacidad de afrontar las dificultades y los sacrificios que conlleva la vida con otra persona.

 

Respecto a la “Propuesta para una estrategia de la Unión Europea para el sostén de las parejas y del matrimonio” redactada por el secretariado de la Comece (Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea) y presentada el 5 de noviembre de 2007 en Bruxelles, se lee “el documento no  pretende poner en discusión el actual acuerdo en la UE sobre las competencias de los Estados miembros en materia de derecho de la familia y políticas familiares. Por el contrario entiende promover un debate sobre lo que las instituciones comunitarias pueden hacer en el ámbito de sus propias competencias”. Qué pueden hacer concretamente, según Su parecer, las instituciones comunitarias para la familia?.

         

          Creo que la familia, fundada sobre el matrimonio establecido entre un hombre y una mujer, necesita que la reconozcan como elemento básico del bien común de una sociedad y, por lo tanto, jurídicamente tutelada y sostenida por adecuadas políticas en el ámbito de la educación, del trabajo, de la casa, de la salud y de la organización de la vida social.

          De hecho, sólo la familia, que de una manera estable se dedica al crecimiento de los hijos y al bien de sus miembros, contribuye a asegurar a la sociedad aquel “capital social” que le es indispensable: es decir, aquella reserva de comportamientos, actitudes y valores compartidos sobre los cuales se basan las relaciones sociales más cotidianas y necesarias.

          Las instituciones comunitarias tendrían que reconocer este rol esencial de la familia, fundada en el matrimonio estable entre un hombre y una mujer y que es conforme al sentir de nuestros pueblos y de nuestras tradiciones, y por consiguiente, favorecido.   

         

 No es urgente, según Su parecer, que se promueva una gran campaña para la natalidad en Europa?

 

          Ciertamente el invierno demográfico en el cual se encuentran involucradas muchas naciones europeas es un tema de gran preocupación para el bienestar de la sociedad. Sin embargo, no creo que el problema se pueda resolver con simples exhortaciones, sino más bien por una recuperación cultural de la esperanza en el futuro, que naturalmente tiene que estar sostenida también por adecuadas medidas sociales en favor de la maternidad y de la familia. En este sentido, las políticas, iniciadas en algunas naciones europeas en el último decenio, muestran que es posible invertir una tendencia y superar las consecuencias de una actitud pesimista y replegada sobre sí en la cual se encuentran viviendo frecuentemente algunas poblaciones europeas.

          Se trata de salir de una situación en la cual los jóvenes están desalentados para asumir el compromiso de formar una familia, por la precariedad esencial en la cual se encuentra y en la cual, también están las jóvenes familias, que aunque desearan y quisieran abrirse a la vida, están solas y obstaculizadas de mil modos en su deseo generoso y espontáneo.

 

          Cuáles son, para la familia, los efectos del envejecimiento de la población?

 

           Yo no soy un sociólogo,  pero me parece que un envejecimiento general de la población, más allá de los aspectos de carácter económico, como la dificultad para asegurar las pensiones y un adecuado sostén a las personas ancianas y enfermas, comporta sobre todo una falta de esperanza y de ímpetu para el futuro.

          Ha sido justamente el tema de la esperanza que el Papa Juan Pablo II ha desarrollado en su documento post-sinodal sobre la Iglesia en Europa y que en particular el Papa Benedicto XBI ha tocado en su reciente encíclica “Spe salvi”.

         

          Bien común e identidad cristiana de Europa. Cuáles son sus observaciones al respecto?

 

          La posibilidad de mirar con esperanza el futuro depende de la certeza que se nutre sobre el valor de la propia identidad histórica y de la propia memoria, una esperanza fundada puede radicarse sólo en la memoria. Se nota a menudo en Europa una tendencia a negar las propias raíces cristianas, que, junto con otros factores culturales, constituyen el ADN que puede permitir dirigirse al futuro con una actitud de fe y de diálogo con los otros pueblos.

          Un pueblo sin identidad es más fácilmente manipulado por el poder: no sabiendo que es, no sabe donde ir y no encuentra motivaciones suficientes para edificar una vida común orgullosa de la propia historia y abierta al diálogo con los otros. 

          En un contexto cultural en el cual se pierde una identidad común prevalece la deriva hacia la inmediata satisfacción de los deseos y hacia el individualismo, así como no se encuentran más las razones del vivir común, y desaparece la idea misma que exista un bien común para el cual hay que trabajar y sacrificarse. Para esto creo que sólo la recuperación de una memoria serena y fuerte de la propia identidad cristiana pueda permitir encontrar las razones de la vida social y del ímpetu hacia el futuro.


Publicado por verdenaranja @ 23:47  | Entrevistas
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